Haití: La Tragedia de Vivir en un Estado Fallido

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“La vida no vale nada si escucho un grito mortal y no es capaz de tocar mi corazón que se apaga”                                                                                                                                                        Canción La Vida No Vale Nada. Pablo Milanés

El 12 de enero, un fuerte sismo de 7.3 grados magnitud en la escala de Richter sacudió la isla Hispaniola o de Santo Domingo, que comparten los países de Haití y República Dominicana, el epicentro tuvo lugar a solo 16 kilómetros de Puerto Príncipe la capital de Haití. Desde el primer momento, la comunidad internacional supo los alcances destructivos del terremoto puesto que se combinaron la debilidad del aparato gubernamental, la nula planeación urbana, la falta de cultura de protección civil, la fragilidad de las construcciones urbanas y de vivienda, la degradación del medio ambiente y sobre todo, la pobreza endémica.

El sismo destruyó el palacio de gobierno, las oficinas de diversos ministerios de gobierno, el edificio de la delegación de cascos azules de la ONU, diversas escuelas, hospitales, la catedral, la poca infraestructura urbana y el centro de la capital Puerto Príncipe. De acuerdo con el Instituto Geológico de Estados Unidos, las réplicas del sismo sumaron 44 con una intensidad promedio de entre los 4.4 y 5.9 grados, apenas el miércoles pasado se incremento el pánico con una nueva réplica de 6 grados. Las cifras preliminares hablan de 110 mil fallecidos y tres millones de afectados, pero sobran las palabras y los datos estadísticos que describan las proporciones de esta tragedia, puesto que las escenas que han mostrado los medios de comunicación escritos y electrónicos de todo el mundo nos hablan de un panorama profundamente conmovedor y de caos total.

Por eso, más que referirnos la tragedia, en este artículo intentaremos condensar la historia de Haití, pues conocer su pasado es fundamental para no caer en los mismos errores de antes. ¿Porqué sus efectos fueron tan devastadores en Haití, pero no en la República Dominicana? y ¿Cuáles fueron las razones del vació de poder que existe en esta ex colonia francesa?

Lo primero es tener en cuenta que los geólogos y expertos en sismología pronosticaban un sismo de gran magnitud en la Hispaniola, debido a que la isla se encuentra asentada entre las placas tectónicas del Caribe y la de Norteamérica y la recorren dos grandes fallas geológicas, la Septentrional en el norte y la de Enriquillo en el sur, esta última fue la que provocó el desastre, adicionalmente a ello; no existe en Haití una cultura preventiva ante este tipo de eventos porque no hay una memoria histórica, el último sismo fue en 1842 y hoy nadie está vivo para recordarlo, más aún; los anteriores eventos registrados sucedieron en 1701, 1751 y 1770. Estas placas no liberan energía continuamente como si lo hacen placas en otras partes del mundo (por ejemplo, el Servicio Sismológico Nacional reportó que el año pasado hubo en nuestro país 2,190 sismos; seis por día sin ningún daño estructural en la infraestructura), por lo que se dice que la esta energía se multiplicó exponencialmente por más de un siglo de presión contenida y falta de actividad sísmica.

Lo que explica los menores daños en la infraestructura de la vecina República Dominicana es la solidez de sus construcciones en comparación con el país vecino; la información disponible plantea que los habitantes de Haití debido a la precariedad de su situación económica, carecían de acceso a materiales adecuados para la construcción, por lo que la combinación arena, cemento y agua para edificar una vivienda contenían poco cemento y arena, esto magnificó la tragedia. En realidad en todos los países del mundo suceden desastres naturales, nada ni nadie está exento de sufrirlos, sin embargo; estos solamente dejan su estela de muerte, desamparo y destrucción entre los habitantes de los países pobres. En Estados Unidos existe un promedio anual de 17 desastres naturales, entre huracanes, incendios forestales, tornados y sismos; se desaloja a la población y también hay damnificados, pero no se ve la cantidad de víctimas mortales que existen en los países pobres, China tiene diez desastres en promedio, la India doce, en Japón; la segunda economía mundial los terremotos son un fenómeno cotidiano, a pesar de tener una gran densidad demográfica, los saldos mortales no son grandes. La diferencia estriba en el grado de desarrollo económico y la cultura de prevención y de reacción inmediata. Dos elementos de los que desafortunadamente carece Haití. Para entender porqué esto es así es necesario conocer su historia.

Esta comienza con la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, en su primer viaje desembarca el cinco de diciembre y nombra esta isla como La Hispaniola y con los restos de la Nao Santa María construye el 25 de diciembre el Fuerte Navidad en la costa noroccidental de Haití. Pronto los españoles, a consecuencia de los Tratados de Rijswijk primero y de Basilea después, abandonan la isla. Perdiendo así España, una posición geográfica privilegiada para el comercio internacional. Situación que fue aprovechada por otras naciones emergentes como Inglaterra, Holanda y Francia.

Hasta que como consecuencia de los ecos de la Revolución Francesa en La Hispaniola y de la mano de François Dominique Toussaint-Louverture, Haití consigue independizarse de su metrópoli (1804), con la correspondiente cuota de sangre y revuelta, siendo el segundo país del continente americano en lograrlo, solo detrás de los Estados Unidos de América (1776), además abolieron la esclavitud, hecho que tuvo numerosas repercusiones mundiales.

Sin embargo, este hecho histórico a pesar del ejemplo mundial que significó, también marcó para siempre el destino de esta naciente nación, Francia y las demás naciones colonialistas aíslan internacionalmente al gobierno libre y soberano. Finalmente, la metrópoli reconoce la independencia de este país hasta 1838, a cambio de 90 millones de francos en indemnizaciones a los dueños de plantaciones franceses afectados por la abolición de la esclavitud y la guerra de independencia, cifra que los haitianos pagaron puntualmente hasta 1897, a pesar de experimentar muchos periodos políticos compulsivos y llenos de revueltas civiles por el poder.

Es en los albores del siglo XX que la presencia Norteamérica comienza a sentirse para comenzar el cultivo de plátano y de azúcar, culminando la aventura americana en una invasión de marines, dejando de nueva cuenta devastado el país al retiro de las tropas en 1934. Pero los norteamericanos pronto impulsan la llegada al poder en 1957 del médico descendiente de inmigrantes de la isla de Martinica, François Duvalier (Papa Doc), quien rápidamente busca afianzarse en el poder tejiendo una alianza de protección mutua contra futuras rebeliones con el dictador de la vecina República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo. Inaugurando con ello una autonombrada presidencia vitalicia pero sobre todo, una época de dominación política caracterizada por la aparición de un grupo policíaco de represión denominado Tonton Macoutes, a cuyo accionar se le achacan la desaparición de casi 150,000 personas opositoras al régimen de Papa Doc y posteriormente de su hijo y heredero de la presidencia vitalicia JeanClaude Duvalier (Baby Doc), quien es ungido como máxima autoridad contando con solo 19 años.

A la muerte en 1971 de Papa Doc, su heredero inaugura una nueva era compulsiva, las luchas internas entre los miembros de su familia por el poder, la influencia de su madre, los excesos de su esposa, la corrupción endémica y la brutal represión a la disidencia, hicieron colapsar la precaria estabilidad económica muy pronto. Es hasta la aparición en la escena política del sacerdote simpatizante de la teología de la liberación Jean-Bertrand Aristide, que en Haití se experimentó por primera vez una presidencia elegida democráticamente, pero fue al final de cuentas derrocado por los militares. A la salida de Aristide del poder se refugia en Sudáfrica, pero deja un país en revueltas constantes, lo que generó una petición a las Naciones Unidas de intervenir en el país con una fuerza multinacional de paz, esta lleva por nombre Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah).

Hasta antes del sismo, Haití era un país de poco más de 10 millones de habitantes cuya lengua oficial es el francés, El 95% de los haitianos son principalmente de ascendencia africana y el restante 5% está compuesto por blancos y mestizos, con una esperanza de vida de solo 57 años, tiene el 98% de sus bosques destruidos y deforestados. Además, Haití se encuentra en la posición 150 de 177 países en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Esto porque el 70% de la población vive en la pobreza. Mismo porcentaje de la población que depende de la agricultura, que consiste principalmente en la producción para la subsistencia.

En fin, la historia del Haití independiente no tiene tranquilidad ni le ha traído beneficios sociales y económicos a su población, las potencias mundiales la han saqueado, sus gobernantes también y la comunidad internacional entera la han olvidado, pronto se relegó la transformación social que significó la abolición de la esclavitud, pronto se olvidó también que Francisco Miranda el precursor de la emancipación de los pueblos de América, concibió sus ideas de libertad precisamente desde Haití. Pero también la lucha por la libertad del pueblo Haitiano inspiró y apoyó al latinoamericano más universal, Simón Bolívar, con la única condición de que al ganar la guerra de emancipación aboliera la esclavitud en los territorios liberados. Por estas y muchas más razones de índole moral y de solidaridad con nuestros semejantes, es necesario solidarizarnos en la medida de nuestras posibilidades con las víctimas de esta catástrofe natural, es la oportunidad de devolverle a este país y sus habitantes la esperanza de comenzar de nuevo sobre bases sólidas de desarrollo, y esto solo puede hacerlo la comunidad internacional unida.

Tal vez esa sea la única buena lección de estos lamentables hechos. No permitamos que ocurra lo que expresó un funcionario del gobierno de Haití, “no vayamos a sumar al enorme desastre del terremoto uno más, el del fracaso de la ayuda internacional”. Hoy como nunca cobran sentido las palabras del más universal de los cubanos, José Martí: “Únanse los hombres para socorrer a los hombres”. Esperemos que la comunidad internacional no le falle a este país. No se merecen lo que les pasó, nadie en este mundo merece sufrir tanto, mientras otros puedan remediarlo.

 Tomado de: Fernando Álvarez Simán*

*Profesor-Investigador.  Universidad Autónoma de Chiapas

http://mx.geocities.com/feralvarezsiman/

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Politics

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