HAITÍ Y SUS ÉLITES: EL INTERMINABLE DIÁLOGO DE SORDOS

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Si desde hace dos años la ocupación extranjera encontró a la élite dividida y fragmentada, volteada contra sí misma, al punto que es imposible llevarla a una acción de conjunto sobre el terreno legal, siquiera a una resistencia moral en contra del invasor, es que la élite ha fallado a su vocación de mando, es que ha fallado a su vocación social, es en fin que la élite se ha vuelto indigna de su misión de representación y de liderazgo.

Jean Price-Mars2[1]La vocation de l’élite, Puerto Príncipe, Éditions des Presses Nationales, 2001, p. 108.

La Reflexion sobre la Historia de un pueblo, con vista a entender loscambios que origina y eventualmente promueve, se elabora con base en sucultura. Los postulados que guían a los conquistadores ayudan a entender lahistoria de los mismos y no la que, día a día, construyen los conquistados. No existe una vía universal por la que todos los pueblos tienen que deambular yla humanidad, ayer, hoy y en toda su diversidad, explora nuevos caminos dedesarrollo. Por ello, la actitud de superioridad, tanto de pensadores haitianoscomo extranjeros, respetuosa de la manera en que se producen ciencia yconocimientos desde aquel memorable encuentro de dos mundos en 1492,imposibilita la aprehensión del pasado de los oprimidos, sin permitir la másmodesta intuición de los derroteros a su alcance.

La historiografía tradicional observa en La Hispaniola o en Saint-Domingue indios, negros y blancos. Elabora sendos tratados sobre el comportamiento de estos personajes con la mayor indiferencia por la manera en que se identifican a sí mismos. Si los conquistadores de ayer se hubieran comportado de otra manera, no habría habido conquista. Pero hoy por hoy, se entiende difícilmente que esta epistemología siga dictando la producción de conocimientos entre quienes no se proponen conquistar nuevos mundos. Si sabemos que los “negros” o los “indios” son tan humanos como los “blancos”, encontrémonos otra epistemología, una que respete a las
culturas vigentes. La que se usa corrientemente reproduce de forma más perniciosa el etnocidio de los siglos pasados y nos empobrece a todos. Hay que dar las espaldas a la historiografía y a la epistemología tradicionales e investigar países como Haití con los postulados de los haitianos y no con los del Occidente cristiano.

En una colonia de explotación, la dominación externa crea el lugar de la práctica política. El estado haitiano brota en el campo de batalla de varios imperios coloniales, luchando para incrementar la riqueza de sus nacionales. En Saint-Domingue, solamente una minoría los libertos se subleva con el objetivo de defender y mejorar su posición social. El conflicto entre esa minoría que evoluciona al son de las ideas “mundialmente” aceptadas y la mayoría que reclama sus más elementales derechos surge desde el nacimiento del Estado y de la sociedad haitiana en 1804.

Pero, en el siglo xix, los estados occidentales encuentran nuevas fuentes de riqueza fuera del Caribe y dejan de presionar con exceso el quehacer cotidiano de la región. Durante el nuevo reparto del mundo, la isla y el resto del archipiélago son testigos de la transformación de su importancia económica en un papel relevante en la geopolítica de Occidente. El resultado es una marginalidad de la nación haitiana que le facilita la construcción de sus instituciones sociales con relativa independencia, y la estructuración de un tipo de estado que corresponde a sus características propias. Con todo, a partir de la segunda mitad del siglo, las presiones externas sobre la
estructura política y social del país van en aumento, conforme se afianza el imperialismo, hasta su ocupación en 1915 por Estados Unidos de América. Dicha ocupación responde a la necesidad estadounidense de controlar la ruta comercial de la costa pacífica a la atlántica. Pertenece a la época del Big Stick y no tiene relación alguna con la dinámica interna de la republica agredida.
De 1804 hasta nuestros días, las relaciones de Haití con la comunidad internacional han sido dramáticas. Las que la unen con América Latina se dan dentro de este marco inhóspito. La subregión sin duda no tiene conflictos mayores con Haití. Sin embargo, no se observa y no se espera observar un acercamiento paulatino que devengaría resultados cumulativos apreciables. América Latina se concibe como un segmento específico de Occidente, al que trata con empecinamiento de emular. Los postulados que la guían no son compatibles con la negociación de un intercambio recíproco dentro del marco de respeto mutuo en que el pueblo haitiano está fundado y espera.

El trabajador colonial y la perla de las Antillas

Durante el siglo xvii, la presencia de Francia en Saint-Domingue se manifiesta con la organización de una diminuta colonia poblada por protestantes hugonotes que sustituyen brevemente a los piratas y otros marginales de la época establecidos en su costa noroeste. Para los fines del siglo xvii y principios del xviii, la estancada colonia de poblamiento retrocede ante el establecimiento de plantaciones de géneros tropicales por las compañías comerciales. Dicha transformación exige esclavizar a una población de cautivos extranjeros3[2]La esclavitud supone la extranjería de la clase servil. Véanse Claude Meillasoux, “Parents et étrangers”, en su libro Anthropologie de l’esclavage, París, Quadrige / Presses Universitaires … Continue reading que pasan a constituir una mano de obra desechable renovada esencialmente mediante la trata de negros.
Por más francesa que sea la colonia de Saint-Domingue, se sitúa en un sistema político más amplio que busca la fuerza de trabajo que necesitan sus empresas entre un conjunto de seres que concibe como salvajes e idólatras, inferiores y sin derechos. Esta inferioridad es un descubrimiento del Occidente cristiano. En Haití o en cualquier otro lugar de América, el “negro” y el “indio” son una invención del Occidente. El primero se fabrica sistemáticamente como el trabajador colonial por excelencia.4[3]El “blanco” es contraparte del trabajador colonial; el “mulato” o “mestizo”, corolarios de la polarización entre “blanco” y “negros”.
La peculiaridad de la historia de Saint-Domingue y de Haití comparada con las islas circunvecinas, estriba en el hecho de que Francia no tiene tiempo de crear al negro, a su negro. No posee los recursos para conseguir la criollización de los bozales5[4]Se llama bozal al cautivo nacido en África que ignora los usos y costumbres de la colonia. y menos para fomentar un rápido crecimiento de la población de cautivos criollos. Maneja la colonia sin cancelar la eficacia de las culturas vigentes; es decir, la visión peculiar del mundo que caracteriza a los recién llegados. En efecto, inaugura la agricultura de plantación en la isla un siglo después de desarrollarla en Guadalupe y en Martinica, y después de que Inglaterra la iniciara en las islas que ocupa. Para compensar la falta de cohesión social en la economía y en la sociedad de Saint-Domingue, la metrópoli incrementa la dosis de coacción extraeconómica que utiliza en su gestión.

Por ello, la institucionalización de la distinción colonial entre “blancos”, “mulatos” y “negros” estandardiza la conducta de los occidentales y de sus discípulos occidentalizados, no necesariamente la de sus subordinados. El mantenimiento y la difusión de la cultura colonial es un requisito imprescindible para que existan el colonizador y sus asociados. El oprimido, en cambio, sueña apenas con sobrevivir a toda costa y la cultura colonial esclavista no es forzosamente la opción más eficaz para alcanzar dicha meta.
Dos factores sin relación inmediata con la economía de plantación tienen un impacto significativo sobre la historia que comparte Saint-Domingue con las demás islas con plantaciones del Caribe. En primer lugar, la suya es la última economía de plantación organizada en tiempos del capitalismo mercantilista. En segundo lugar, su tamaño es mayor que el de las economías de plantación juntas y su orografía accidentada dificulta la gestión de la sociedad esclavista que se implanta.
En Saint-Domingue, la economía de plantación toma raíces sólidas en la segunda década del siglo xviii. La emancipación general de los esclavos data de 1793. Por consiguiente, la población trabajadora está sometida al régimen esclavista durante un lapso de tiempo relativamente corto. Además, el contacto entre los cautivos y el Occidente cristiano no pasa de ser superficial, debido al periodo reducido de vida útil de estos, su alta mortalidad, la ausencia de núcleos familiares, el ritmo de rotación de la fuerza de trabajo y el cociente, en constante crecimiento, de cautivos por amos.
El grueso de la población servil desembarca después de 1740. Los ritmos de llegada alcanzan 40 mil al año en la década que antecede a 1793. Se cuentan en promedio hasta 20 cautivos por un blanco. Al final del periodo colonial, las dos terceras partes de los cautivos, aproximadamente medio millón, nacieron fuera del territorio. Por lo tanto, la masa de trabajadores no se orienta exclusivamente por los valores que sustentan el sistema productivo y que circulan sobre todo entre las capas privilegiadas. La coacción extraeconómica alcanza entonces una magnitud que imposibilita la normalización de la vida privada de los esclavizados. Luego, la mano de obra, desechable, se multiplica predominantemente por la trata negrera. La perla de las Antillas es el fruto de un nivel de salvajismo inaudito.
Por esta razón, quienes hablan de Haití como de un Estado fallido, no se percatan de que Saint-Domingue es también una colonia fallida. La ingobernabilidad que parece caracterizar al Estado haitiano es exactamente la misma que tipifica a la colonia francesa y que explica por qué la metrópoli la pierde lamentablemente.
Compárese brevemente Saint-Domingue con Barbados. La isla de Barbados tiene una superficie de 430 km2, mientras que la Gonâve, frente a Puerto Príncipe, tiene 800 km2. Barbados carece de montañas, mientras que el nombre de Haití significa tierra montañosa. En este territorio, desde 1700, el grueso de la población cautiva se reproduce in situ. Esto acontece un cuarto de siglo antes de que Francia iniciara inversiones relevantes en el sistema de plantaciones de Saint-Domingue. Cuando Inglaterra prohíbe la trata negrera, los plantadores de Barbados estiman que esta medida debía de haberse tomado 20 años antes, ya que no les hace mucha falta la mano de obra importada.6[5]Hilary Beckles, Black Rebellion in Barbados: The Struggle Against Slavery, 1627-1838, Barbados, Antilles Publications, 1984, p. 54.
En Saint-Domingue, la metrópoli encara pues una rebelión endémica. En 1790, se produce una insurrección general que lleva a uno de los insurgentes a autoproclamarse gobernador general de la isla. Este antiguo esclavo devuelve a Francia a cuantas autoridades ésta manda para poner orden, incluyendo al propio cuñado del ilustre Napoleón. ¡Qué mayor fracaso puede haber! Conviene a los franceses o a sus discípulos hablar de “perla de las Antillas”, pero Saint-Domingue es un desastre de colonia. Sin duda, la resistencia de los cautivos de la Barbados británica no produce, en dos siglos y medio, tantas insurrecciones y muertos como la de los cautivos de Saint-Domingue en un año. ¿Cómo puede una colonia independizarse con las armas, si no es una colonia fallida?
Cuando se habla de economía de plantación y de mercado de trabajo,7[6]En el Código Negro de Luis XIV (1685), en las políticas agrarias de Toussaint Louverture de 1801 a 1802, en las de Henri Christophe de 1806 a 1820, de Boyer 1818 a 1843 y de Geffrard de 1859 a … Continue reading se está postulando la necesidad de una forma u otra de etnocidio, es decir de erradicación de los valores centrales de la población cautiva. La fabricación del trabajador colonial comienza con la racialización de las relaciones de trabajo. Sin embargo, es preciso construir sobre todo la alteridad de éste e inventar una batería de indicadores sociales que permite identificarlo y segregarlo. El etnocidio es mucho más sutil que el racismo; se basa en la superioridad de quienes lo llevan a cabo fundamentándose en una supuesta superioridad cultural que abarcaría no solamente al acervo de informaciones contenidas en un sistema cultural, sino también a quienes son portadores de atisbos, por más modestos que sean, de esa cultura.
Acontece que en Saint-Domingue Francia ve negros por todos lados y uno que otro mulato. Acontece también que solamente los franceses y sus discípulos piensan que los blancos son seres superiores. Si fuera así, si “negros” y “mulatos” se conciben inferiores, ¿por qué razón pierde la metrópoli tantos soldados y tantos recursos para poner orden en el territorio? ¿Si los “mulatos” interiorizaran su inferioridad, por qué se dan tantas molestias en luchar para conseguir la ciudadanía? ¿Por qué se rebela Toussaint, si sabe que es un ser inferior nacido para obedecer? En esta colonia que sacude una rebelión que dura por lo menos 14 años de 1790 a 1804, nadie cree en la superioridad del “blanco”. Francia jamás llega a crear el trabajador colonial y a convertir a los cautivos en “negros”, sus “negros”. Los metropolitanos no lo ignoran, por lo cual andan siempre con las armas en las manos.
Para que funcione la plantación de géneros de exportación sin conflictos que no puedan manejar, las metrópolis han de lograr que la mano de obra no sobreviva a no ser que trabaje sin cesar para provecho ajeno. Bloquean, en la medida de lo posible, toda expresión de cultura original. Tratan de eliminar y envilecen todo conocimiento y valor recibidos de los antepasados así como aquellos que la población pueda formular con autonomía. El fin buscado consiste en inculcar los principios y las informaciones elaborados por la metrópoli y asegurar su primacía incontestable.
Ese proceso se tilda de integración, asimilación o criollización y se confía a un tipo especial de esclavo: el emancipado o liberto. Se suele concebir al emancipado como una persona libre, sin realizar que incluso los descendientes de sus descendientes siguen siendo emancipados o libertos. Llevan pues consigo la marca del estamento servil de donde emerge su linaje.8[7]Noté en otra oportunidad que la palabra esclavo es un sustantivo, mientras que las palabras emancipado, manumiso o liberto son adjetivos que califican al sustantivo esclavo sobreentendido. “Las … Continue reading Conocedores de ambas caras de la colonia, los emancipados se vuelven imprescindibles como especialistas de la criollización, es decir del etnocidio.
Por ser ese etnocidio indispensable, los personajes principales de la economía de plantación el plantador y el trabajador colonial carecen de historia propia. Sus intercambios recíprocos no modifican su conducta social.
La historia que comparten es la del imperio, no la suya. Son personajes de diaria invención que se adaptan sin cesar al entorno internacional en donde nacen y que evolucionan conforme a la dinámica de este entorno. El espacio, físico o social, en donde se mueven, no es más que un receptáculo de impactos externos y no un entorno susceptible de ser controlado, manejado, protegido y mejorado por quienes lo ocupan. Las características distintivas de estos personajes, sus funciones y su porvenir varían según las necesidades de los países hegemónicos, dueños de la historia universal. Es esta historia la que produce la “perla de las Antillas” y contabiliza sus éxitos.
Ahora bien, la Revolución francesa y la Declaración de los Derechos del Hombre que la acompaña se hacen presentes en la colonia por el intermedio de los libertos. Al aplicarse a la realidad de Saint-Domingue, sus postulados se ven desbordados, porque en sus propósitos se pasa por alto la ineludible racialización de las relaciones de trabajo. Los libertos se esfuerzan en implementarlos sin desafiar el racismo vigente. La población servil, educada en su mayoría fuera de la colonia, no tiene dificultad en apreciar el fundamento de los Derechos del Hombre, lo cual toma a la Revolución francesa de sorpresa. 9 [8]Louis Sala-Molins muestra como los esclavos negros de las colonias son invisibles para los filósofos de la Ilustración y muy especialmente para Montesquieu. Véase Le Code Noir ou le calvaire de … Continue readingSe produce una grieta entre los franceses metropolitanos y libertos, que inicia la destrucción de la perla de las Antillas.

La superación del negro occidental

La historiografía, que no toma sus distancias con respecto al vocabulario y a los conceptos de la época colonial, distingue el desempeño de los “antiguos libres” (anciens libres) del de los “nuevos libres” (nouveaux libres). Los primeros heredan su emancipación de parientes libertos o la consiguen por su propio esfuerzo o por gracia de sus amos. Durante la Revolución francesa, plantean sus recriminaciones en el seno de la Convención,10[9]La secuencia de los hechos históricos que usualmente se registran desde la creación de la Legión de la Igualdad, la llegada de Toussaint en la escena política, la derrota de Rigaud en la Guerra … Continue reading en tanto latifundistas y propietarios de esclavos.11[10]Las declaraciones de Vincent Ogé son inapelables: “No provocaré el levantamiento de los talleres; ese procedimiento no es digno de mi persona. […] Cuando solicité de la Asamblea Nacional un … Continue reading)Los segundos, los “nuevos libres”, recién llegan a la ciudadanía con la emancipación general de 1793. La Revolución francesa los encuentra en cadenas. En muchas oportunidades, para hacer más gráfica la distinción entre estas dos categorías de personas, se aclara
que “los antiguos libres” son generalmente mulatos, y los “nuevos libres”, por lo común, negros.

La problemática de una antigua o de una nueva libertad, solamente se puede plantear en un ambiente colonial esclavista como corolario de la racialización de las relaciones de trabajo. No se libera a un “blanco”, la libertad es una nota intransmisible de su ser. Antiguos o nuevos libres suponen la creación del negro occidental como categoría social significativa. Son subproductos de la fabricación institucionalizada del trabajador colonial y no un pasaje obligado del desarrollo humano. Si estos personajes no existen fuera de un marco colonial y si los europeos, sus inventores, son los únicos en verlos, es justo preguntarse ¿qué perciben las demás personas? Se ven rodeados de ibos, kongos, mandingas, toucouleurs, peuls, haousas…, de por lo menos 24 diferentes grupos que utilizan sus propios criterios para identificarse. Estas personas tienen proyectos de vida totalmente ajenos a la plantación,12[11]Las identificaciones étnicas tienden a utilizarse para clasificar a los cautivos esclavizados
de acuerdo con supuestas aptitudes para el trabajo de su grupo de origen.
aunque no los pueden realizar mientras el sistema dominante conserva su vigencia. Los hay en Saint-Domingue; actores sociales que ven a sus prójimos más allá de cualquier evaluación basada sobre su pretendida esencia o sobre su pigmentación.
Esta visión de la persona humana que se imputa a los trabajadores cautivos como un mínimo denominador común supone una historia compartida. Esa exigencia lógica encapsula tal vez la más importante diferencia entre los haitianos y las poblaciones originales de América, de Asia y de África.
Estos últimos grupos humanos conviven siglos y siglos antes de encontrarse con el Occidente, mientras que los haitianos nacen en el proceso de resistir
el genocidio y el etnocidio. Se inventan en el seno del Occidente y jamás existen por sí solos. Su vínculo con la metrópoli francesa es constitutivo y minorías significativas no logran imaginarse sin este alter ego. La identidad que se construyen los haitianos a diario se aleja del Occidente, sin jamás terminar de cortarse el cordón umbilical. Más que en un cruce de caminos todo indica por ahora que se fabrican una identidad y una soledad en un callejón sin salida.
No se trata de considerar tales circunstancias como una ventaja o una desventaja; simplemente de apreciar la peculiaridad y la complejidad de la historia haitiana y las innovaciones constitutivas del grupo humano. En el proceso de luchar contra imperios coloniales infinitamente más poderosos que ellos, la abigarrada variedad de grupos étnicos acaba por cohesionarse y por inventarse una nueva identidad étnica en oposición a la definición occidental del negro como trabajador colonial. Supera la racialización de las relaciones de trabajo e inventa, en un tiempo corto, otro negro, distinto del negro europeo.
Por haber visto el día en el seno del mundo occidental, ese nuevo personaje incluye al propio “blanco” en su definición de sí. En Haití, “toda persona es una persona” (tout moun se moun) y toda persona es un “negro”. Se entenderá que una definición por el estilo no es exportable hacia las sociedades capitalistas occidentales. El negro haitiano y el occidental se impugnan recíprocamente por pertenecer a mundos que se rechazan.
La transformación del trabajador colonial en una simple persona sin horizonte predeterminado por una pretendida filiación con Cam, hijo de Noé y padre de Canaán se produce durante la conversión de Saint-Domingue; de la colonia de explotación en una tierra de poblamiento llamada Haití. El observar la apropiación del territorio nacional, es decir el proceso mediante el cual los deportados y sus descendientes se vuelven “habitantes” o “colonos”, permite entender las características, las rupturas y el funcionamiento interno de un Estado nacional particular, así como sus vinculaciones con sus élites13[12]Utilizo el término “élite” y a veces “clase dirigente”. No pienso que Haití y los países del Caribe en general posean una clase dominante, por razones expuestas en “El Caribe: la … Continue reading y el mundo exterior. Por esta vía, se esclarece también cuán inadecuado e inadaptado para el capitalismo es el concepto de hombre que se fabrica el haitiano.
De la misma manera en que no escogen las circunstancias en que nacen, los haitianos no deciden ser independientes. O se acomodan uno por uno, y como libertos, espacios de expresión y de reproducción dentro del sistema de plantación esclavista, o derrotan colectivamente un régimen que excluye a la mayoría de ellos y que al final los amenaza con el exterminio.
En el momento en que la insurgencia general va tomando la vía pública, la década de 1790,14[13]Se acepta por lo común la fecha de la insurrección general la noche del 14 de agosto de 1793, como el inicio de la Revolución haitiana. a cuyo fin la reacción napoleónica quiere retroceder a las normas anteriores a 1789,15[14]Según Laurent Dubois desde mayo de 1802 se veía llegar el restablecimiento de la esclavitud en Guadalupe y Saint-Domingue. En varias cartas, Leclerc solicitó a su colega Antoine Richepance que no … Continue reading los libertos de mayor tradición y aquellos que emergen de los campos de batalla carecen de alternativa fuera de caminar hacia la independencia.
Si el ejército expedicionario hubiera derrotado al ejército indígena, ningún descendiente de los cautivos de aquel entonces les estaría contando hoy la historia de la insurgencia. Los insurgentes de Guadalupe pierden la guerra y son exterminados conforme a las órdenes de Napoleón, quien manda traer nuevos “negros” de África. En consecuencia, el lema de la revolución independentista, “Vivir libre o morir”, traduce un propósito, pero también un dilema que indica cómo el haitiano, en el fondo, vive la historia de sus relaciones con el Occidente capitalista. Vivir libre ayer como hoy puede significar morir.
A pesar de que la plantación esclavista en Saint-Domingue tome las medidas necesarias para absorber la totalidad del tiempo de los trabajadores, las semillas de vida privada comienzan a florecer mucho antes de 1804, con tanta mayor pujanza cuanto más extremosa es la represión. El concepto occidental del negro como trabajador colonial se pone en jaque en este espacio exiguo donde se inventa un actor social con derechos que no se pueden conceder y ante todo el derecho a la vida16[15]“Entre todos los derechos individuales, el derecho a la seguridad tiene pues una fuerza de monopolio. Es el único derecho que no se puede ceder y sobre todo es el único derecho civil. En el … Continue reading y a reflejarse con dignidad en su descendencia.
Desde aquel entonces, a pesar del alcance universal de esa definición de la persona humana, ella no logra desbordar el ámbito de la vida privada haitiana y modificar el sistema político nacional o colonial. El Occidente, por intermedio del Estado, controla los recursos al alcance del trabajador haitiano, y si éste se ciñe a las reglas de utilización de dichos recursos, es decir, si acepta vivir como un trabajador colonial, el espacio de desenvolvimiento de su vida y el de su familia se reduce cada día más. Gradualmente, deja de ser un personaje capaz de transmitir su visión del mundo y su manera de ser a su descendencia. El haitiano, tal y como se construye en el curso de las guerras de la independencia en esta visión según la cual todo ser humano merece el mismo respeto que su prójimo no puede vivir sino en los márgenes del
capitalismo; en el corazón del sistema, tiene que desaparecer.

Saint-Domingue y Haití

Esa concepción del ser humano (del ciudadano entre otras concepciones) choca, desde el inicio, con los intereses de clase de las élites dirigentes, intereses que, después de 1804, solamente pueden satisfacer tratando de resucitar al trabajador colonial. De ahí se desprenden los denominadores comunes de las estructuras políticas coloniales y “nacionales”.
La similitud entre la estructura política de Saint-Domingue y de Haití no puede pasar desapercibida.17[16]No se trata de una similitud formal o de organización, como lo nota B. Ardouin (op. cit., pp. 8-9), sino de un parentesco lógico o filosófico que une ambos regímenes. Ardouin escribe al respecto … Continue reading Con las compañías comerciales, el Estado francés, por un mecanismo u otro, se apropia de un territorio y tiene total control sobre la gente que recluta para vivir en él. El derecho que le asiste viene de la fuerza de sus armas y de su fortuna en los campos de batalla. Su voluntad es la ley. Por razones que no vienen al caso mencionar de momento, otro ejército, el ejército indígena, pone fin a ese poderío y se establece también
por la fuerza de las armas y por su fortuna en los campos de batalla.
Por consiguiente, en cuanto a la fuente del poder en una y otra entidad política, no se puede encontrar diferencia alguna. Ninguno de estos estados tiene o negocia un mandato con la población que gobierna. Como las compañías comerciales del siglo xvii, el Estado de 1804 se declara propietario de casi la totalidad de las tierras y las distribuye a quien le parece.18[17]También compete a las autoridades militares cancelar una concesión que no se cultiva a partir de un informe de la policía rural, visado por el Juez de paz (art. 17 y 18 del Código Rural de Boyer). Gérard Bartélémy lo califica atinadamente de “estado-capataz”.19[18]Gérard Barthélémy, Le pays en dehors: Essai sur l’univers rural haïtien, Puerto Príncipe, Éditions Henri Deschamps et Cidhica, 1989, p. 58. Niega el derecho de los trabajadores de disponer de su vida a su antojo20[19]“A la pregunta ¿qué es un esclavo?, legistas y doctrinarios clásicos respondían: ‘es un hombre carente de derecho porque está desposeído del derecho de apropiarse de las cosas y de su … Continue reading y los fija sobre las plantaciones. Así mismo, los derechos de la gente a la seguridad personal, a apropiarse de su cuerpo, de su tiempo y de sus movimientos se respetan según el buen querer del Estado o de organismos que dependen exclusivamente de él.

Haití en 1804 y el Estado colonial previo son estados bandoleros, frutos de la violencia y que se mantienen por la fuerza bruta.21[20]Blandine Kriegel, (ibid., p. 57) escribe: “Bodino designa las colonias de Carlos Quinto en el Perú como señoriales. […] De apropiación y de bandolerismo, la señoría se rechaza porque el … Continue reading Sus autoridades políticas son igualmente despóticas. La formación nacional, desde luego, se otorga algunos objetivos de gestión del poder opuestos al de la rama colonial del Estado metropolitano, pero los mecanismos específicos de gestión y de dirección son similares. El autoritarismo del Estado nacional se vislumbra desde los reglamentos de cultivo de Toussaint que el Estado trata de poner en práctica hasta muy avanzado el siglo xix, sin modificaciones sustanciales en su filosofía.
Esta constatación en sí no añade nuevos elementos a la discusión.
Price Mars subraya categóricamente: “En efecto, […] el Estado al tomar posesión por derecho de conquista de la mayor parte del suelo para hacer distribuciones en bloques o en parcelas a sus favoritos, sea a título de donaciones nacionales o como tierras arrendadas […], crea nuevos privilegiados, que refuerzan los vestigios de las antiguas clases que sobreviven a la tormenta revolucionaria.”22[21]Jean Price-Mars, op. cit., pp. 92-93. El meollo del problema no es la injusticia de la distribución que denuncian todos los militantes favorables a una reforma agraria. Se trata de la validación insidiosa de los principios que guían la diligencia del Estado y que ponen en evidencia su carácter profundamente antinacional y neocolonial.
A mi conocer, la élite haitiana y particularmente la élite intelectual en su conjunto no cuestiona el derecho del Estado de distribuir las tierras incautadas a su antojo y sin ningún principio moral. La protección de las propiedades coloniales juzgadas legítimas y la preferencia dada a los oficiales del ejército en las distribuciones de tierras parecen de sentido común. ¿Se sigue de ello que los excluidos estarían en la obligación de aceptar la legitimidad de ese reparto, así como la de la subordinación que de ahí se desprende? ¿Su inconformidad merece las sanciones que prevén las leyes? ¿Puede esta ley jamás expresar sus aspiraciones y sus necesidades? Sobre estos
silencios de nuestros intelectuales sobre el carácter del Estado descansa la infranqueable distancia que separa nuestras élites de las masas y no permite traducir en práctica política una concepción cualquiera del bien común.
Explica por lo mismo la imposibilidad de formular un contrato social.                                                                                                                                                                                    Un gobierno fundado en la ley de la espada supone que los gobernados son seres, de una manera o de otra, inferiores e incapaces. La oligarquía que lidera la revolución independentista comparte esa concepción. Sin embargo, algunos de sus miembros, entre ellos Dessalines, aprecian algunos derechos inalienables: el derecho a la propiedad particularmente. Al plantearse el problema del reparto de las tierras anteriormente de propiedad francesa, Dessalines desafía la tendencia de los libertos de monopolizarlas.23[22]“Si las élites negra y mulata, inmediatamente después de la independencia, tienen aspiraciones concurrentes, ambas se opusieron a la decisión del primer jefe de Estado, de anunciar la … Continue reading A su entender, compete al Estado proteger el acceso a la tierra de los antiguos cautivos. Existiría pues, en su pensamiento, una comunidad de interés entre el Estado y la sociedad y un espacio de negociación política. Después del Puente Rojo, donde perdió la vida Dessalines, ningún jefe de Estado recoge esta bandera, y ningún intelectual cuestiona la razón de ser de la discriminación contenida en las superficies distribuidas a los antiguos cautivos. En el Puente Rojo, sociedad y Estado parten caminos y nacen las “gentes de afuera”, los excluidos,24[23]Todo indica que el Pont Rouge hubiera podido ser el símbolo del lugar en donde las dos fracciones de la élite podrían haber firmado un pacto de alternancia en el poder. Pero tuvieron que desligar … Continue reading ante la mirada de nuestros mejores pensadores.
Después del gobierno de Dessalines, que dura apenas dos años, se divide Haití en dos estados, el reino del Norte y la república del Oeste. Son dos formaciones despóticas, a pesar de sus rasgos formales diferentes. Pero, Christophe en el Norte rechaza incluso el principio de una negociación con Francia referente al reconocimiento de la independencia. Dirige un estado que se quiere soberano y que no admite ninguna potencia externa susceptible de restringir, de limitar o de autorizar la potestad del mismo.
Al negar a quien sea el más mínimo derecho sobre el Estado haitiano, Christophe inaugura un conjunto de relaciones políticas que potencialmente deberían desembocar en un acercamiento significativo entre el Estado y la sociedad. El rechazo de las negociaciones con la antigua metrópoli promete una evolución en dirección del ejercicio de la soberanía nacional, en la medida en que se entiende por Estado soberano aquel en donde la autoridad política suprema se somete solamente a su propia ley. Para asegurarse el apoyo de los sujetos del reino en un caso de conflicto armado, el Estado tendría que garantizarles ciertos derechos. Por esta vía, se construiría el estado norteño su legítima supremacía. Se trata potencialmente de un Estado de derecho que acabaría por transcribir en los textos de ley la satisfacción de las necesidades de la población.

No obstante, la reconstrucción de la economía de plantación patrocinada por Christophe indica que, después de 20 años de reino, no se produce ningún acercamiento relevante entre el Estado y la sociedad. La promesa de soberanía no fructifica, ya que la plantación de géneros de exportación, con excepción de la fórmula propuesta por Polvérèl,25[24]Véase Gérard Barthélémy, “Le travail sous haute surveillance”, en su libro Dans la splendeur d’un après-midi d’histoire, Puerto Príncipe, Imprimerie Deschamps, 1996, p. 91 s. supone la racialización de las relaciones de trabajo, es decir la fabricación sistemática de la inferioridad del trabajador agrícola. Ninguna negociación entre Estado y sociedad puede florecer en este tipo de economía.
Mientras que en la política de Dessalines, la necesidad de una mejor distribución de la tierra se presenta como una exigencia normativa o de derecho, la república de Pétion distribuye parcelas por razones prácticas de estabilidad política. Dentro de esa misma orientación pragmática, el estado que dirige Pétion y después de él, Boyer, acepta la negociación con la antigua metrópoli y solicita inclusive que autorice su existencia, levantando así el ingente problema de su legitimidad como Estado nacional.
Los “republicanos” del Oeste, al sentarse en la mesa de negociación con la antigua metrópoli y, peor aún, al ofrecer pagar una indemnización a los colonos por haberlos desposeído, hacen retroceder la independencia conquistada en 1804. Por la misma vía, refrendan su propio derecho a las plantaciones y a los esclavos que las trabajaban antes del corte fatídico. Escogen el apoyo de Francia para sobrevivir y conservar sus privilegios, en vez de apostar, como Christophe, sobre una eventual negociación del apoyo de la población insurgente.
Hasta hoy pesa sobre los hombros del país la aceptación del negro como trabajador colonial, en contra de la filosofía de las luchas revolucionarias que se desarrollan de 1790 a 1804. El reconocimiento de la deuda de la independencia es no sólo un reconocimiento del derecho de Francia sobre Saint-Domingue y sus esclavos, sino ante todo un reconocimiento de la inferioridad del negro y de su deber de servir a los “blancos” y a los más “blancos” de piel o de espíritu. El país acabó pagando la deuda de la independencia, la deuda financiera; no obstante sus élites tienen todavía una deuda moral que pagar, no a Francia, sino a los insurgentes de agosto de 1790, ya que todas ellas conceden durante 200 años la inferioridad de la población haitiana y de sus obras.

Por el camino que toman las élites, la supremacía del Estado no tiene fundamento de derecho, ya que reside fuera del mismo y se alimenta solamente en la preponderancia de las fuerzas armadas. La existencia del Estado es simplemente necesaria y práctica, fuera de toda ética política de corte nacionalista. Los derechos de los ciudadanos siguen siendo aquellos que tolera la razón de Estado. En este marco de oportunismo que sirve de fundamento al Estado, florece la opacidad del sistema político haitiano. La fuente de su poder escapa al ciudadano común y corriente cuya participación o cuyo compromiso político carece de sentido y de lógica a mediano
y largo plazo.
En el Norte, como en el Oeste, para explotar los recursos que distribuye a la oligarquía de plantadores y de oficiales del ejército, el Estado pretende adueñarse de la mano de obra disponible mediante el uso de la fuerza bruta. El mantenimiento de la racialización de las relaciones de trabajo sirve de pilar al Código rural de Boyer, promulgado 25 años después de la independencia y, en forma apenas mitigada, el Código rural de Geffrard, otros 30 años más tarde, lo vuelve a institucionalizar. En otras palabras, medio siglo después de la independencia, el Estado haitiano mantiene el curso trazado por la metrópoli colonial. La ocupación estadounidense fija definitivamente el papel de trabajador colonial que le toca a la población, sin que se levante la más tímida voz en las clases dirigentes.
De esa suerte, además de conservar el carácter civilizador del Estado occidental, el haitiano se quiere disfrazar de conquistador de su propia población. Como todos los imperios coloniales en América, sus cimientos manifiestos son la cruz y la espada. No reconoce la libertad de pensamiento y de religión. Es dueño de bienes y de gentes, no es justiciable, no reconoce libertades civiles ni derechos políticos. Ignora la seguridad personal y la libertad del ciudadano cuando limitan su funcionamiento normal.
El reino de Christophe está más cercano del Estado de derecho, porque está en posición de avanzar hacia la institucionalización de su soberanía.
Pero su base económica no deja espacio para negociar una participación popular y su intento se desmorona después de dos décadas. La República del Oeste se asemeja a los estados democráticos del estilo ateniense o estadounidense, 26[25]Con la salvedad de que las poblaciones así oprimidas en Estados Unidos son grupos minoritarios a nivel nacional. en donde los hilotes trabajan para permitir a los “ciudadanos” dedicarse en cuerpo y alma a la política. Ahora bien, como carece el Estado republicano de recursos humanos para ejercer la violencia extraeconómica que implica su política laboral, los latifundios se vuelven tesoros y la agricultura de plantación, la grande culture, desaparece de la economía nacional.

Las víctimas de 1804

Una institución hace el puente entre la vida colonial y la vida independiente: el ejército. Responde de la estructura organizacional del Estado. Una clase social sobrevive al cataclismo revolucionario: los plantadores. Su proyecto de sociedad explica la orientación normativa o la filosofía del Estado.
La reflexión anterior permite aclarar lo que intuye la historiografía y los pensadores tradicionales al analizar la famosa “cuestión de color”, a saber el conflicto bisecular entre “negros” y “mulatos”. Cuando los historiadores clásicos estudian la participación de Saint-Domingue en la Revolución francesa, no dejan de subrayar que los más ricos plantadores residentes en la colonia son sobre todo libertos y, más precisamente, “gentes de color”.
De ello se desprende que para entender el Estado haitiano no se puede perder de vista que los libertos de alcurnia, y muy especialmente aquellos que nacieron de padres asimismo libertos, son víctimas del levantamiento antiesclavista de 1790 y no partícipes y mucho menos promotores del mismo.
En otras palabras, la insurgencia destruye las fortunas que levantaron con los trabajadores coloniales de su propiedad. La pérdida de la perla de las Antillas les afecta tanto como a los colonos de la metrópoli.
Son pues estos trabajadores coloniales, liderados por libertos de reciente cosecha, la causa de la desgracia de estos ricos plantadores. La alianza de los “negros y mulatos” léase de libertos de vieja tradición y libertos de reciente factura es un matrimonio de conveniencia provocado por la precipitación del general Richepanse, quien, según Leclerc, implementa en Guadalupe, de manera prematura, la revocación del decreto de manumisión general y toma una serie de medidas en contra de los “hombres de color”.
Ese desarrollo, más bien fortuito, impide conservar la lealtad de los libertos de alcurnia y de controlar la insurrección. Estos libertos no participan en la Revolución de 1804 en tanto que plantadores, sino en tanto que seres humanos amenazados por el genocidio ordenado por el Primer cónsul.
Ahora bien, después de la independencia, los que consiguen o refuerzan su manumisión en los campos de batalla no tienen como conservar su novedosa ascendencia social fuera de una economía de plantación. Comparten con los libertos de alcurnia el mismo interés en la explotación de los trabajadores coloniales, con la diferencia de que siendo los autores por lo menos intelectuales de la destrucción de las “riquezas” coloniales, no pueden dejar de ser sumamente cautelosos con la antigua metrópoli. La alianza de “negros” y “mulatos” es un acuerdo en contra de Francia, pero no necesariamente un acuerdo en defensa de los trabajadores cautivos.
Por ello, es imposible encontrar un punto de quiebre entre los intereses económicos de “negros” y “mulatos”, puesto que ambos grupos “de color” defienden estos intereses a expensas de la población trabajadora. La cuestión de color no es más que una cortina de humo que engaña solamente a quienes quieren engañarse.
Al enfocar la Revolución haitiana a partir de la visión que es lógico atribuir a la mayoría de cautivos que la lleva a cabo, se está en posición de evaluar la envergadura de los cambios que acarrea el movimiento, sin dejarse enfrascar en los intereses y las posibilidades de gestión de los líderes políticos, todos “antiguos libres”. Se diagnóstica en otras palabras la discrepancia entre los logros y las necesidades de la población, por una parte, y, por la otra, los objetivos y las políticas del Estado que dirige una élite históricamente situada y sin vínculos estrechos con las masas.
Se ha notado en este trabajo que el levantamiento de agosto de 1790 no busca una distribución más equitativa de las riquezas coloniales y una mejora de niveles de vida en la sociedad esclavista.27[26]“Era igualmente natural que la clase de los libertos […] tratara de aprovecharse de la revolución en la madre patria para mejorar su posición social y política, demasiado humillante, demasiado … Continue reading Los insurgentes retan el sistema de plantación y la racialización de las relaciones humanas en que se asienta, o sea que desafían a la manera misma de producir riqueza y a lo que se considera como tal en dicho sistema. Producen una nueva definición del negro en una filosofía del Hombre28[27]Esa filosofía se resume en la máxima: Tout moun se moun, es decir: las personas humanas se equiparan y se equivalen. que, tan pronto como pueden, archivan los libertos y, más tarde, sus herederos.
Valdría la pena investigar los traumas que causan a los libertos el levantamiento general así como las estratagemas que estos ponen en marcha para eliminar el recuerdo de este cataclismo que tira por los suelos sus más sólidas convicciones. Los plantadores metropolitanos dejan el país, acompañados de más de un plantador liberto o se hacen degollar después de 1804. Pero, ¿qué acontece con los plantadores libertos que deben compartir el poder con los que acostumbraban considerar como salvajes? ¿Qué acontece con los que recién acceden al estrato de libertos cuando se enfrentan a la resistencia obstinada de aquellos que ayer obedecían ciegamente sus órdenes? El pánico que causa el levantamiento general a los libertos de vieja data o la irritación que causa en los recién llegados provocan maniobras dilatorias de
los oprimidos que se leen en el trasfondo de los textos de ley y en el proyecto
de sociedad del Estado haitiano.
La independencia resulta de una triple fractura de la cual solamente se registra y se celebra una, la derrota de Francia. Al cortar sus vínculos inmediatos con Francia, los próceres defienden y conservan sus privilegios coloniales, incluso aquellos que conquistan después de 1790. Luego, aseguran su posición social al infligir una derrota a las “bandas de cimarrones”. Acto seguido y en esa misma defensa de sus intereses, se constituyen en los únicos encargados de implementar la misión civilizadora que pretende disculpar la servidumbre y, en el contexto de un Estado nacional “soberano”, justificar el carácter autoritario de su liderazgo.
La tercera fractura proviene del distanciamiento entre dos grupos de intereses distintos que componen las élites y a los cuales se ha hecho referencia ya. Es conveniente detenerse sobre este proceso que reabre las puertas a la influencia de la antigua metrópoli.
En el ejército expedicionario que despacha Napoleón para poner fin a la rebelión que encabeza Toussaint Louverture, cabe distinguir entre sus oficiales, además de los metropolitanos, los dos grupos de intereses coloniales referidos: un sector de los libertos de alcurnia, ligado a familias de grandes plantadores29[28]Una manera práctica y sin duda un poco restrictiva de determinar quienes pertenecen a este grupo consiste en tomar nota de quienes trataron de alejarse del resto de la “gente de color” al … Continue reading y un sector de recién emancipados que suben en la jerarquía militar a favor del levantamiento general. La mayoría de estos últimos alcanzan altos rangos militares bajo las órdenes de Toussaint Louverture,30[29]La batalla para la toma del fortín La Crête à Pierrot, anterior a la capitulación de Toussaint,
es la representación gráfica de esta fisura.
mientras que los libertos de mayor abolengo aunque no necesariamente acaudalados regresan a la colonia en el contingente expedicionario después de haber sido derrotados por Toussaint.
Conseguida la independencia de Francia y vencidas las “bandas de cimarrones”, se produce la tercera fractura significativa con la derrota que los libertos de alcurnia propinan a los recién llegados a la manumisión. El golpe de Estado al gobierno de Dessalines y el golpe parlamentario al de Henri Christophe31[30]Véase Mirlande Manigat, “Il y a 200 ans était créé le premier Parlement haïtien” distribuido en internet por RDNP3 News r.benodin@att.net, el 9 de enero de 2007. completan la captura del poder por los libertos de alcurnia liderados por Alexandre Pétion y luego por Jean-Pierre Boyer.

La derrota de los que tuvieron por sí mismos que subir la escala social abre la puerta a la hegemonía de la fracción de plantadores formada por libertos de vieja cepa. Estos no experimentan ninguna dificultad para absorber a los recién llegados en el proyecto de sociedad legado por la colonia.
La rivalidad que registra la historiografía clásica entre “negros” y “mulatos” es simplemente la interminable disputa entre ambas facciones de la élite para liderar la misión civilizadora de Francia y aprovechar las prerrogativas que derivan de ahí, a saber de los frutos del trabajo forzado impuesto a los excluidos a cambio de un progreso incierto.
La Revolución de 1804 causa dos grandes víctimas sobre el territorio nacional. Primero, los libertos de abolengo que pierden toda su fortuna, incluyendo a sus esclavos, y luego los libertos de reciente cosecha que logran su ascenso social gracias al levantamiento general, pero que no logran sostenerse en tan alto peldaño a causa del mismo levantamiento. Los únicos ganadores son las masas que se deshacen de sus cadenas; no obstante no pueden contar con la simpatía de los francófilos y mucho menos con su apoyo.

La promesa de 1804: Haití y África

Ahora bien, el concepto de esclavo cabe con dificultad en el marco de los cambios estructurales que el ideario de la Revolución francesa provoca en la metrópoli. Robespierre declara que la simple mención de esa palabra inmunda es un insulto a la Convención. Entonces, en vez de hablar de esclavos, la asamblea bautiza a los cautivos extranjeros de “africanos”.32[31]Vertus Saint-Louis, que apunta este dato, añade que la denominación de africanos es un hecho sociológico. “Les termes de citoyens et Africain pendant la révolution de Saint-Domingue”, en … Continue reading Permite así a los plantadores de Saint-Domingue descubrir una apelación muy práctica para referirse a los trabajadores coloniales después de la emancipación general de 1793, cuando todos teóricamente se vuelven ciudadanos. Con esta designación se puede conservar su extranjería y no tener que otorgarles todas las ventajas de la ciudadanía como lo reclamara el Código negro. De ahí que la lucha contra la desigualdad y la esclavitud, tanto en el seno de la Revolución francesa como entre los libertos de Saint-Domingue, cobre una característica particular que salvaguarda el papel civilizador de la colonia con sus flagrantes ausencias:33[32]“La peor desgracia que podría acontecer a estos pobres africanos sería la finalización de este tráfico. No tendrían entonces ningún recurso para llegar al conocimiento de la verdadera … Continue readingla Revolución reta el esclavismo, pero conserva el prejuicio racial o de color34 en las tareas que impone a sus élites, a saber, elevar a los recién llegados a la ciudadanía, al nivel de la cultura y del ideario revolucionario.
Toussaint, en declaraciones repetidas a saciedad en los textos escolares, ejemplifica esta postura. Pregunta si el color de su piel menoscaba su coraje y su inteligencia. Su Constitución la de 1801, en consecuencia, retoma la distinción entre ciudadanos y africanos bajo los vocablos de ciudadanos y cultivadores.35[33]Vertus Saint-Louis, op. cit., p. 87. La equivalencia entre los términos “africanos” y “cultivadores” rige la concepción desaliniana y cristofiana y esa identificación culmina en el Código rural de Boyer que trata de institucionalizar la categoría de ¡ciudadanos atados a la tierra!36 [34]Con el paso del tiempo, para referirse a los mismos personajes, se habla de los habitantes, palabra cuya traducción española es la de colono. Hasta hoy día, el sector se conoce como la gente de … Continue readingEl Código rural de Geffrard (1862) conserva la equivalencia.37[35]Nota el jefe del gabinete particular del presidente Geffrard que la reglamentación de los contratos entre los cultivadores y sus empleadores en el Código de 1826 derogaba el derecho común y … Continue reading
La negación de la mano de obra a vivir en la servidumbre lleva a la destrucción del sistema de plantación, para mayor desgracia de las élites. De esta manera, ellas conservan a lo largo de la historia un concepto muy particular de los “africanos”, es decir de aquellos que enterraron la agricultura, su agricultura, latifundista. Dicen comúnmente que Haití es la primera república negra del mundo o la primogénita de África. Ese pensamiento disfraza un eurocentrismo bisecular38[36]Para una amplísima documentación del eurocentrismo de los intelectuales haitianos, véase Léon-François Hoffmann, Haïti, couleurs, croyances, créole, Puerto Príncipe / Quebec, Éditions Henri … Continue reading y encierra los varios mecanismos de acceso al poder local, construidos a expensas de los “africanos locales”.

La idea que los haitianos de la élite tienen de sí mismos, como su alta autoestima, no contradice su veneración superficial de lo africano. La imagen del continente de origen surge en condiciones históricas específicas y en un momento en que los interesados no saben que son africanos. África, en el siglo xviii, no existe como una fuente de autoidentificación, como tampoco Europa, por cierto.39[37]En la lengua haitiana, para referirse a África, se dice comúnmente Guinea. Por ello, cuando en el apogeo del imperialismo decimonónico el Occidente se apropia África, el concepto se superpone al sentido que tiene desde los tiempos de la esclavitud en Saint-Domingue.40[38]Es útil mencionar, de paso, que Francia inventa el término de América Latina en la misma época
Los miembros de la élite haitiana, sobre todo a fines del siglo xix, se imponen la ingente misión de defender a los africanos y a la raza negra porque se consideran como los más occidentalizados de todos los negros.
Su reverencia hacia África no disminuye el reconocimiento de Europa como fuente de toda cultura y de todo conocimiento. La nota africana que se reconocen guarda un sabor colonial y esclavista, y el orgullo que provoca esconde el profundo propósito etnocida del Occidente cristiano. Nada de lo que se elabora a partir de esa herencia tiene el mínimo prestigio en sus proyectos de vida, a no ser que el Occidente le de reconocimiento primero. El África que sirve de materia prima a la cultura nacional es la cara que los dirigentes haitianos tratan de ocultar desde siempre, gastando en el procesolo mejor de los recursos disponibles.

La promesa de 1804: Haití y los amerindios

En el calor de la lucha revolucionaria, una problemática aparentemente anodina pone en evidencias el rechazo de los trabajadores coloniales del pensamiento europeo y de las categorías raciales que utiliza para incorporarlos a la sociedad. En 1802, a raíz de su victoria sobre las tropas de Toussaint Louverture, el ejército expedicionario integra el Estado mayor de éste.
Hacen parte de las fuerzas represivas francesas todos los que, a la postre, van a ser los “padres” de la patria. Solamente las bandas de cimarrones y las subdivisiones del ejército bajo el mando de oficiales bozales, como Sylla o Sans-Souci, se niegan a depositar las armas. Los futuros “padres” de la patria se lanzan, ante la gran satisfacción de sus superiores, a una cacería de cimarrones.
Cuando llegan a la isla noticias de la revocación del decreto de emancipación general en Guadalupe, se escinde el ejército colonial. Los próceres, libertos de alcurnia y recién emancipados, se unen a los cimarrones para enfrentar a las tropas napoleónicas.
En ese momento de la lucha, los insurgentes tienen que distinguirse del ejército expedicionario y encontrar una manera unívoca de identificarse, ya que ambos ejércitos que se enfrentan usan el tricolor de la Revolución francesa.
Después de algunos tanteos, Dessalines, el general en jefe, decide llamar a su ejército el ejército indígena. Se da corrientemente a entender que la palabra indígena alude al color de la piel de los soldados y, conforme avanza el siglo xix, este sentido tergiversado efectivamente se va imponiendo. La corrupción del término conviene a las élites ya que recupera la racialización de las relaciones sociales propia del colonialismo y sirve para alejar el pensamiento nacional de sus premisas originales, sumamente significativas y discordantes.
Dessalines no parece confundir nativos o criollos con indígenas; cuenta en los rangos con una mayoría de bozales, o sea de personas nacidas en África.
La palabra no alude pues a las personas con sangre africana, sino que se utiliza en su sentido propio para referirse a los amerindios. En un primer momento, el general en jefe escoge llamar al ejército rebelde el Ejército de los Incas; luego opta por el nombre de Ejército de los Hijos del Sol y finalmente adopta el nombre de Ejército Indígena.41[39]Laurent Dubois, op.cit., p. 298 s. La decisión tomada a sabiendas traduce una postura política, probablemente la del sector del ejército que conoció la cautividad y que tiene interés en identificarse con la causa de los aborígenes, a saber el sector de los libertos de reciente cosecha. Vale la pena recordar que en 1776, Túpac Amaru II presenta una petición formal para que los indios sean liberados del trabajo obligatorio en las minas del Perú. Ante la negativa de la Audiencia de Lima, decide tomar medidas más radicales y en 1780 encabeza la insurrección popular más grande en la historia de este Virreinato. Su movimiento se convierte en
independentista. El líder es derrotado y ejecutado el 18 de mayo de 1781 en la plaza del Cuzco. Dessalines y su ejército escogen pues el auspicio del peruano y se posicionan ante los cuatros siglos de Conquista.
Para que no haya duda sobre el ideario de Dessalines, después de la masacre de los franceses que ordena, declara que los habitantes de Haití habían hecho lo necesario para preservar su libertad. “Sí, hemos devuelto a estos verdaderos caníbales guerra por guerra, crímenes por crímenes, humillaciones por humillaciones. […] He salvado mi país, he vengado a América”.42[40]Ibid. p. 301. En el mismo orden de ideas, se precisa traer a colación que, al concluir la lucha por la independencia, estos insurgentes, dizque negros o africanos, deciden resucitar el nombre indígena de la isla y borrar su apelación europea.
La apropiación de la suerte de los aborígenes de América y del nombre que dieron a la isla no solamente marca un distanciamiento deliberado de la metrópoli y del mundo occidental en general, sino que señala el terreno en donde se definen las relaciones humanas que guían las decisiones y acciones de los revolucionarios en esta época de cambios estructurales. Para los trabajadores revolucionarios de Saint-Domingue, los conceptos rectores del comportamiento nacen de la convivencia cotidiana y no de una hipotética solidaridad “racial” o de una ideología revolucionaria importada. Este tipo de contribuciones llegadas de otros contextos se revelan sumamente significativas para los libertos, y muy especialmente para los de mayor abolengo, pero no para las masas que no tienen idea de estos contextos.
Los intercambios entre la población amerindia y los trabajadores coloniales de origen africano datan de la época del cacique Enriquillo y de Cristóbal Colón. En la parte francesa de la isla, continúan estos contactos durante el desarrollo de la cimarronería del siglo xviii, como lo documenta el libro de Jean Fouchard,43[41]Jean Fouchard, Les marrons de la liberté, París, Éditions de l’École, 1972.mientras que Carlos Deive44[42]Carlos Esteban Deive, Los guerrilleros negros, Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 1997. revela, en la parte española, una variedad de sociedades cimarronas llamadas manieles, similares a los quilombos brasileños y a los palenques cubanos o colombianos. Remanentes de la población amerindia convivieron pues con los cautivos deportados durante largos periodos en los montes o como trabajadores y sirvientes en los asentamientos europeos.45[43]Conviene además recordar que la isla de Dominica, entre Guadalupe y Martinica permanece libre de ocupación europea hasta 1762 o sea casi tres siglos después de la llegada de Colón, y que a la … Continue reading
En consecuencia, el concepto que los insurgentes y más tarde los haitianos tienen de la población indígena de América nace del quehacer diario, mientras que la idea que se forman de África y de los africanos transita por la metrópoli. Sus congéneres dejados en África y con los cuales no convivieron, constituyen una fuente de identificación en la medida en que Francia así lo dice o, si se prefiere, en la medida en que se escogen categorías coloniales para pensar.46[44]La manipulación de este tipo de información y de categorías transmitidas por la metrópoli es lo que la élite haitiana llama “educación”, una educación que se aprecia tanto más porque es … Continue reading Su visión se construye en la convivencia con los aborígenes y no se puede equiparar con la idea que se hacen de congéneres con los cuales no compartieron la vida cotidiana. De suerte que contrariamente a las designaciones coloniales que insinúan la existencia de formas de solidaridad
epidérmica, los insurgentes se identifican a partir de resultados obtenidos al bregar juntos con los obstáculos cotidianos.
La actitud americanista aunque no latinoamericana de Dessalines no es pasajera y es compartida por una fracción significativa de la oligarquía haitiana. Diez años después del asesinato del emperador, se estipula en el artículo 44 de la Constitución de 1816: “Todo Africano, indio y los que descendientes de su sangre, nacidos en las colonias o en países extranjeros, que tomarán residencia en la República, serán reconocidos como haitianos”.47[45]Louis Joseph Janvier, Les Constitutions d’Haïti, 1801-1885, París, C. Marpon et E. Flammarion, 1886, p. 117. Según Leslie Manigat, en la Constitución de 1805 y explícitamente en la de 1816 “¡un nuevo jus sanguinis etno-ideológico había nacido!”.48[46]“La problemática del etnonacionalismo haitiano. Haití fundó su nacionalidad en su pertenencia étnica: una nación negra y esto escandalizó en el siglo xix. […] Este etnonacionalismo … Continue reading
En conclusión, los trabajadores colonizados de Saint-Domingue, al tener que avanzar hacia la independencia retan la visión occidental de la humanidad que entroniza al blanco como el rey de la creación. Una sola institución del Estado hace el paso del sistema político colonial al nacional: el ejército. Dicha institución acarrea una actitud enraizada de rechazo a ciertos aspectos del mundo europeo, que se reparte muy diversamente entre la oligarquía dirigente y se expresa de forma ambigua a lo largo de la historia nacional.
En sus orígenes y por vocación misma, la revolución haitiana niega la racialización de las relaciones de trabajo formulada por Occidente. Pero este progreso ideológico constituye un peso que cargan las élites políticas y económicas muy a su pesar. Por sus implicaciones en las relaciones con las potencias imperiales y con la comunidad internacional en general, harán lo imposible para que ese pensamiento no influya en la política “nacional”.

La promesa de 1804: el estado-nación

En la primera mitad del siglo xix, el país, como los demás territorios del Caribe, carece de importancia económica para las potencias europeas. Estas últimas salen a conquistar los grandes espacios del globo. De suerte que la élite dirigente evoluciona en una autarquía inicial entre una comunidad internacional inhóspita e indiferente y un campesinado en formación con recursos suficientes para derrotar los intentos de destruirlo.
El modelo de Estado de Christophe, sentado en una economía latifundista de plantación, permanece vigente durante 18 años para luego verse desbaratado y reemplazado por la agricultura aldeana. El modelo de Pétion carece de la fuerza política para crear una oferta de trabajo servil; no puede reactivar la plantación y propicia la formación de latifundios improductivos.
El Estado asiste imponente a la transformación de la colonia de explotación en una colonia de poblamiento durante la primera parte del siglo. Se trata de una profundización del proceso de independencia, que se viene materializando con un radicalismo que la élite trata de obviar a toda costa ya que es perjudicial a sus intereses económicos. Se ve obligada a buscar amparo en el comercio y la administración pública.
En la segunda mitad de siglo, mientras el grueso de la población, incluyendo las bajas esferas del ejército,49[47]El Código Rural de Boyer encarga específicamente a la policía rural el buscar a los “vagabundos” que se esconden detrás del uniforme militar (art. 181). afianza gradualmente su apropiación del territorio, los estratos privilegiados de las fuerzas armadas se transforman en una burocracia administrativa común y corriente. La carrera militar se vuelve más y más decorativa y se llega al punto en que líderes civiles se visten de generales al declarar su candidatura a la presidencia. Se da un periodo de estabilidad política de unos treinta años (de 1874 a 1908) con gobiernos que duran en promedio cinco años cada uno. La ruptura original entre los libertos de vieja cepa y los de reciente cosecha avanza sin cicatrizarse hacia un modus vivendi, y un estado-nación original se estructura con sus instituciones y los conflictos que animan su dinámica.50[48]Michel Hector y Jean Casimir, “Le long 19ème siècle haïtien”, Revue de la Société Haïtienne d’Histoire et de Géographie, año lxxviii, núm. 216, oct. 2003-marzo 2004, pp. 35-64.
Dichos conflictos testimonian un desarrollo regional propio. Se va institucionalizando paulatinamente una fórmula de reparto del poder y de alternancia en el gobierno que corresponde grosso modo a las variaciones en las influencias regionales. La provincia domina el panorama políticodescentralizado y el país está gobernado por un conjunto de notables, quienes, a cada cambio político de relevancia, se reúnen en el parlamento para renegociar su posición en el ajedrez político. Estas negociaciones desde luego no son democráticas, pero tampoco anárquicas. El carácter despótico del estado nacional disminuye con su descentralización y las agresiones a la
soberanía, muy frecuentes en la época, demuestran precisamente la defensa de un grado de autonomía que irrita a las potencias imperiales.

En aquella época, la actividad agrícola y el comercio de cada zona propician la riqueza del país así como el eje de una cohesión nacional que no perjudica este enriquecimiento diferenciado. Haití experimenta un desarrollo endógeno y auto centrado, paralelo a la gestación de un sistema político y administrativo de creciente racionalidad. El apogeo de la economía aldeana de contra-plantación acompaña la transformación del aparato estatal. La producción económica supera la de la famosa “perla de las Antillas”, salvo en el renglón de producción de azúcar que tiene exigencias incompatibles con la visión nacional del trabajador agrícola. El camino sobre el cual desemboca la política diaria funciona con resultados modestos, es cierto, pero acumulativos.
El debilitamiento de las élites tradicionales dirigentes dura apenas un siglo y no se completa debido a la ardua resistencia que oponen los sectores afectados por la consolidación de la contra-plantación. En efecto, si sugerimos que en la lucha anticolonial, los ibos, yorubas, kongos, mandingas y otros pierden paulatinamente sus particularidades étnicas para identificarse como haitianos, no podemos decir lo mismo de las víctimas de estas luchas: los antiguos manumisos, tanto los de alcurnia como los de reciente cosecha.
Los libertos y sus descendientes pierden su nacionalidad francesa en 1804, pero aún ven a Francia como su madre patria.51[49]Véase Beaubrun Ardouin, op. cit., p. 27. El tipo de haitianos que conciben no incluye en pie de igualdad a los antiguos ibos, yorubas, kongos, mandingas y a sus respectivos descendientes. Más aún, institucionalizan, como vía única de mejoramiento de los niveles de vida y de movilidad social ascendente, la participación en los mecanismos que apuntan a excluir el
campesinado de los intercambios sociales significativos y a trivializar las obras culturales locales. Dicha política antinacional que enarbolan como un boleto
de entrada en los clubes patrocinados por la comunidad internacional, sirve de justificación a las negociaciones del concordato con la Iglesia católica
y a las políticas de “enseñanza pública”; se utiliza incluso en sus luchas antiimperialistas, como las que lleva a cabo el Dr. Rosalvo Bobo.52[50]“En su resentimiento hacia África, Rosalvo Bobo fue todavía más lejos. Uno tiene dificultad en creer que en 1908, dirigiéndose Aux progressistes haïtiens, pudo exhortarles a efectuar las … Continue reading
Los libertos que la lucha armada arroja sobre la escena política surgen de la casta de excluidos. Su pujanza, su bagaje cultural y sus métodos de ascenso social contrarían los intereses y los hábitos de los libertos de alcurnia, núcleo original de las élites residentes en la colonia. El rechazo popular de la política agraria colonial, el retraimiento de la comunidad internacional a principios del siglo xix y la construcción de un Estado nacional soberano fortalecen a los libertos de reciente factura como Dessalines o Soulouque e incluso a líderes de origen africano como Pierrot y plantean a los de más alto copete la embarazosa necesidad de compartir el poder con un número cada vez mayor de oligarcas, los unos tan molestos como los otros. Además, el desarrollo endógeno auto-centrado de la primera mitad de siglo, inevitable
a causa de la pérdida del patrocinio metropolitano, conlleva garantías sustancialmente disminuidas de herencia de status privilegiado y una reducción gradual de las áreas de control social que se reserva la oligarquía. Todo ello explica la animosidad mal disfrazada que tinta las relaciones entre ambas facciones de la élite nacional, más conocida en la historiografía tradicional como “la question de couleur”.53[51]Las interpretaciones tradicionales de la historia privilegian las luchas entre las categorías coloniales de negros y mulatos. Una de las obras de este tipo más conocidas en Haití es la de … Continue reading Con la época del imperialismo desenfrenado de la segunda mitad del siglo xix, las presiones sobre el Estado haitiano se vuelven insoportables y la eventualidad de una destrucción de las élites, una alternativa muy concreta.
En ese contexto se afina la pericia, referida anteriormente, en el manejo del Estado, es decir que se llega a un nivel ejemplar de gobernabilidad. No se incrementa la soberanía nacional y mucho menos se llega a imponer el imperio de la ley a los dirigentes. Tampoco se promueve nada que desarrollaría una mayor cercanía entre el Estado y la sociedad, como una mayor consistencia interna de las negociaciones sociales a pesar de la emergencia de líderes de opinión más y más competentes, una institucionalización progresiva de la manera de dirimir los conflictos de intereses, una configuración paulatina de la idea de bien común que iría menguando las exclusiones e imponiendo una ética política… Por el contrario, se refuerza la vocación civilizadora de las élites y se profundiza la distancia entre ellas y las masas.
Con todo, la cúpula de la clase política demuestra una mayor sofisticación en materia de administración pública.
Debido a las barreras a la institucionalización de una participación política creciente, las masas campesinas hacen valer su presencia intensificando el uso de las bayonetas, lo cual deja desamparadas a las facciones contendientes, las vuelve más vulnerables y satisface solamente a las exiguas camarillas en el poder y mientras están en el poder. En la segunda mitad del siglo xix, así fragmentada en grupúsculos efímeros usualmente sin apoyos que rebasen los límites regionales, pero sin potencia tutelar única, la élite se dedica a arbitrar el conflicto entre el desarrollo endógeno que se viene procesando y la inserción del país en las aventuras económicas imperialistas de fines del siglo xix y principios del siguiente.
Se recrudecen y se van haciendo más y más contundentes las rivalidades entre los imperios coloniales y, con ellas, las agresiones de Inglaterra, Francia, Alemania y de Estados Unidos. Los franceses reaccionan al avance de los ingleses y de los estadounidenses en la escena mundial originando la división bipartita del Occidente entre sajones y latinos. Se acuña la expresión de América Latina, toda católica, donde la élite intelectual haitiana cree poder encontrar posada.
Esa élite toma medidas para salvaguardar sus privilegios implementando lo que se debería llamar un “etnocidio antirracista”.54[52]La esclavitud no implica racismo. Yves Benot (op. cit., p. 12) escribe: “[…] el racismo no se ubica en el origen [de la esclavitud]; los colonizadores no tenían inconvenientes en tomar hombres … Continue reading En efecto, al tiempo que se dedica a promover la erradicación por la Iglesia católica de la cultura local, escribe tratados científicos sobre la igualdad de las razas humanas, en polémica frontal con la Sociedad Francesa de Antropología y el racismo científico que difunde. Así, su defensa de la raza negra y de África se hace en nombre del Occidente capitalista y con las premisas de ese mundo.
Los avances en la cultura dominante local promovidos por la élite intelectual contrastan con el retroceso de la posición de gozne de su contraparte económica durante las últimas décadas del siglo xix. Los comerciantes haitianos, atacados por un lado por los consignatarios extranjeros y sus consulados y, por el otro, por las masas campesinas descontentas ante la evolución de los precios en el mercado internacional y sobre todo los del café,55[53]Gusti Klara Gaillard-Pourchet, op. cit., p. 27.
tratan de defender sus intereses buscando la protección de los imperios coloniales al contraer bodas con cónyuges expatriados. Incapaces de competir en los sectores secundarios y primarios en plena expansión en el mercado internacional, asisten de brazos cruzados y sin mayor preocupación al éxodo de la fuerza de trabajo hacia las plantaciones que Estados Unidos van implantando en la región caribeña.
El eurocentrismo latino de ambos segmentos de la élite la intelectual y la económica, la de rancio abolengo y la de nueva cosecha constituye un poderoso elemento de identidad: les sirve para distinguirse en las esferas internacionales mientras indica su estatus alto en las dimensiones nacionales.
Al refugiarse en una supuesta latinidad, descubren en América Latina un nicho donde ubicarse. Esa salida no resuelve su participación en la comunidad internacional, ya que “América Latina”, por el mismo nombre que se escoge, participa de una visión bipartita, toda occidental, del mundo.56[54]Walter Mignolo, The Idea of Latin America, Malden, Mass., Blackwell Publishing, 2006. Las élites del país coinciden con esta posición, ya que para ellos lo africano y lo amerindio solamente tienen valor como materia prima a extraer de sus moldes arcaicos por una pretendida modernización.
Lo malo es que América Latina se define a partir de conceptos coloniales que otorgan al color oscuro de la piel un rango de marcador de salvajismo y, por consiguiente, de índice de cercanía con lo africano. Para su desesperación, pues, las élites se ven asignadas a posiciones subalternas o condescendientes en la mayoría de los ámbitos internacionales debido a sus características propiamente “raciales” e independientemente de su “grado de Cultura”.
Con todo, ellas se aferran a su identidad latina, particularmente durante la ocupación estadounidense, tanto a consecuencia de burdas humillaciones importadas del sur de Estados Unidos, que no padecían desde la independencia, como por el apoyo brindado por el continente sudamericano en la lucha antiimperialista. Además de acercarlas al mundo internacional, la “latinidad” les sirve, en el seno de la sociedad local, para dificultar la movilidad social ascendente de las masas excluidas y para centuplicar la opacidad del sistema político.

Ni latina, ni africana: sola

La especificidad (o la soledad) haitiana se inicia antes de la independencia. Se debe 1) al rumbo tomado por los fragmentos étnicos que la trata negrera tiró al buen tuntún en la isla y a la manera en que se van desdibujando sus fronteras respectivas en el transcurso de la lucha revolucionaria y después de ella; 2) a los vínculos ambiguos de dicha lucha con la Revolución francesa que inspira cambios tímidos en los libertos privilegiados de la colonia, al mismo tiempo que crea una coyuntura que facilita un desenlace favorable a las demandas de revalorización y de dignidad de las fuerzas sociales emergentes; y 3) a la ambigüedad de una independencia nacional que acarrea un profundo antagonismo entre sus dirigentes y las masas en rebelión.

Además, la élite, tanto en el siglo xix como en el xx, agranda la impresión de unicidad que deja un acercamiento a la historia nacional, ya que, en vez de buscar alguna lógica a las creaciones endógenas, es la primera en visualizarlas como anómalas o triviales. La descalificación a priori de dichas creaciones tiene particular impacto cuando proviene de los intelectuales, excepcionales, como Jean Price-Mars o Jacques Stephen Alexis, aunque estas descalificaciones son escasas y no exentas de claroscuros.57[55]“Pero cuando constata [Price-Mars] que el autor [Verschueren] escribe a ese respecto, ‘el Dr. Price-Mars admira el vodú y tiene mucha simpatía para ese culto’, deja trasparecer su … Continue reading
Con esa predisposición negativa, la ciencia social haitiana no nota que la hazaña principal de la Revolución de 1804, en la cual no participaron los próceres, consiste en convertir la colonia de explotación que es Saint-Domingue en una de poblamiento. Los cautivos de ayer esclavos o “africanos”, y luego “nuevos libres”, “cultivadores” o “ciudadanos atados a la tierra”, y finalmente “habitantes” o “gentes de afuera” derrotan la economía y la sociedad de plantación, ya sea francesa, ya sea haitiana, y crean una economía y una sociedad aldeana donde acaban coexistiendo y reproduciéndose la totalidad de los que sobreviven a las guerras independentistas. Ahora bien, si el pueblo haitiano derrota a la oligarquía que intenta reeditar la economía de plantación, no puede impedir que ella tome medidas para reconquistar y afianzar su hegemonía. La “reconciliación” con Occidente conseguida por Boyer reubica la fuente de privilegios sociales fuera de la sociedad local, en el patrocinio de la comunidad internacional. Desliga el poder político de la gestión de las riquezas locales. Los resultados obtenidos por la sociedad en sus actividades económicas no afectan a los
administradores del Estado, quienes, de hecho, reciben sus mandatos de la potencia tutelar. Lo político tiende a limitarse en la gestión local del poder
metropolitano.
El desmoronamiento del estado-nación se inicia en los últimos años del siglo xix. A raíz de la apertura del Canal de Panamá, Estados Unidos deciden proteger la ruta marítima que une sus costas atlántica y pacífica. Cuba, Puerto Rico, Haití y Santo Domingo caen una tras otra bajo una forma u otra de administración estadounidense. Las élites reciben a las tropas estadounidenses en 1915 con una visión que se puede calificar de prooccidental, antisajona, antiafricana y anticampesina. La ocupación reorienta sus lealtades políticas al incrustar en ellas los oficiales de un ejército que forma parte integrante de su cuerpo de fusileros navales. La inclusión de la “Guardia Nacional” en el ejército de ocupación pone en práctica y con mayor éxito la estrategia inaugurada por el ejército expedicionario de Napoleón, que absorbió al Estado mayor de Toussaint Louverture.58[56]La observación de Dante Caputo es una triste evocación del tipo de ejército que “gobierna” el país desde 1915: “Arriba sobre la pared, a lo largo de la mesa, se veía una serie de … Continue reading La diferencia es que, esta vez, las bandas de cimarrones conocidas en esta época como cacos no pudieron medirse solos y con cierto impacto a un invasor de esa envergadura para luego beneficiarse del apoyo de de los “libertos”.
Las élites que se creen muy “cultas” y muy latinas, se quedan boquiabiertas al experimentar en carne propia la contribución estadounidense a la fabricación del trabajador colonial. No tardan en expresar su decepción por el trato que se les propina. Sin embargo, su frustración no impide que, apoyadas en el bagaje ideológico racista que se maneja en Estados Unidos a principios del siglo xx, realicen su sueño de alejar a los campesinos de cualquier fuente de poder. Para ello incrementan la validez de los indicadores de estatus como el color de la piel o la “raza”, el uso del idioma francés, la residencia urbana, la práctica de la religión occidental… Los gobiernos de la república hacen valer, con la participación activa del ocupante, todas las leyes represivas promulgadas por los notables del siglo anterior, pero nunca
puestas en práctica.
La suerte de las masas campesinas toma otro giro. Se invierte la transformación del país en una colonia de poblamiento y se retrocede hacia la explotación a ultranza de la mano de obra con las políticas de “desarrollo” inauguradas por el capital estadounidense. Para sobrevivir, números crecientes de campesinos tienen que vender su fuerza de trabajo en entornos sociales extraños donde no hablan el idioma, no tienen vida privada y familiar que puedan regular y carecen de instituciones comunitarias para protegerles.
El trabajador recobra su carácter de extranjero sin derecho ni amparo, exactamente como el cautivo desechable del siglo xviii. Conforme pasan los años, números crecientes de braceros se suben por carencia de alternativas a los barcos negreros rumbo a las Bahamas y a Miami, o a los autobuses que cruzan la frontera, con la diferencia de que en este siglo xx, tienen que pagar el pasaje de su propio bolsillo.
Si durante el siglo xix los campesinos tienen una participación sostenida en el quehacer político y presionan hacia un desarrollo endógeno autopropulsado,
después de la derrota de los “cacos”, toda la oposición política se hace en las ciudades, dentro de marcos fijados por el exterior y por los herederos de los libertos de vieja y de nueva cepa. De esa manera, se consume la desarticulación entre la sociedad civil campesina59[57]Se entiende por sociedad civil campesina la red de instituciones sociales encargadas de satisfacer las necesidades de la sociedad aldeana. y un Estado que se apoya en una sociedad civil urbana, con su opinión pública y sus medios de comunicación crecientemente integrados al sistema global.
El siglo xx haitiano evidencia la incapacidad tanto de la comunidad internacional como de los gobiernos haitianos de modificar la situación de pobreza crónica que resulta de su política sistemática de proletarizar al campesino, de excluirlo de toda toma de decisiones y de toda participación política. En el proceso mismo de mantener al campesinado a distancia, los gobiernos y las élites aumentan su incapacidad de imponer una presencia digna a Occidente. Amplían su dependencia, su impotencia y su aislamiento.
El éxodo de los braceros hacia la República Dominicana se acompaña de la matanza de un número de personas que varía entre 12 mil y 40 mil. La timidez de la élite para tomar nota de la masacre compite con la de la comunidad internacional. No se oye hablar de crímenes contra la humanidad, ni ayer, ni hoy. Ninguna fecha del calendario recuerda este día de luto de los trabajadores haitianos. Lo mismo acontece con la persecución religiosa, a fines de los años treinta, que patrocinan la Iglesia católica y el Estado asistido por el ejército.60[58]Para ilustrar la complicidad entre el ocupante y la élite intelectual nacional e internacional, así como el desprecio de esta última para la cultura local, basta decir que no se puede señalar a … Continue readingAdemás como es urgente contribuir a la Segunda Guerra “Mundial”, se desaloja a los campesinos por millares con el fin de reconstruir los latifundios necesarios al cultivo del caucho y de otros productos estratégicos. Resolver los problemas alimenticios de las masas campesinas carece de prioridad cuando los “aliados” y “amigos” del Estado –que obviamente no son “aliados” ni amigos del campesinado necesitan ayuda.
A partir de 1915, la acción política significativa se hace más y más opaca para la población y el quehacer político del Estado se limita esencialmente a las negociaciones con Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional. Los vínculos oficiales del país con América Latina pasan ya por la Organización de los Estados Americanos en donde no son relevantes las demandas de participación en el poder (empowerment) de los grupos oprimidos.
En el otro extremo del espectro político, la vertiente de acción que se lleva a cabo a través de los partidos y de las centrales de izquierda no produce resultados destacables. La insurgencia izquierdista de los años sesenta no se hermana con los movimientos revolucionarios extranjeros de manera que pudiesen impactar en las masas locales, ya que acarrea la misma vocación misionera del Occidente cristiano, es decir la misma evaluación negativa del campesinado y de sus de posibilidades de entender el mundo en que vive.

Conclusión

Con una población aterrorizada y en total aislamiento, la clase dirigente recicla y renueva conceptos coloniales61[59]Los conceptos de superstición, analfabetismo, marginalidad… “modernizan” apenas las bases ideológicas (idolatría, salvajismo, ignorancia, irracionalidad de gentes sin razón…) de la … Continue reading para abrirse paso en el siglo xx. En la posguerra, la Revolución de 1946 no detiene el retroceso del Estado nacional.
Las luchas por el poder se llevan a cabo en torno de la famosa “cuestión de color” de suerte que la problemática de los conflictos “raciales” se impone al de las relaciones entre las dos culturas vigentes, relaciones centrales para el desenvolvimiento y la gestión de la vida cotidiana. De ese modo, el intento de frenar la involución que se experimenta a partir de la ocupación estadounidense acaba reforzando el eurocentrismo de las capas dirigentes. Cada pretendido grupo “racial” se esmera en probar
que es más apto para la misión civilizadora que asume en nombre del Occidente.

Esta actitud de fondo, expresada en la búsqueda del desarrollo económico y social,62[60]Marshall Wolfe, Elusive Development, Londres, United Nations Research Institute for Social Development and Economic Commission for Latin America, 1981. cuadra con las propuestas de las famosas décadas para el desarrollo
de las Naciones Unidas. Estas, sumadas a las políticas estadounidenses anticastristas, como la Alianza para el Progreso y la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, exacerban el círculo vicioso de la pobreza así como la subutilización de los estratos intermedios urbanos. Después de más de medio siglo de política desarrollista y a pesar de la pericia de una plétora de expertos internacionales, Haití no avanza de un ápice; pero nadie cuestiona la política de los organismos internacionales. Es más fácil culpar a los analfabetas: no tienen voz.
El resultado es un éxodo incontenible de la fuerza de trabajo que parece ser, en este principio del siglo xxi, la única forma viable de inserción en el llamado mundo moderno y la política oficial de desarrollo de todos en el gobierno o en la oposición. Ninguna de las plataformas políticas de ninguno de los partidos que compiten por el poder, antes o después de la Segunda Guerra Mundial, menciona una estrategia para poner fin a esta situación.
Si una élite no puede pensar en retener a las masas dentro de las fronteras del país, ¿qué Estado soberano puede dirigir? La inserción de Haití en la comunidad global significa, hasta hoy en día, un aislamiento creciente de un número también creciente de nacionales.
La involución del aparato estatal hacia formas de despotismo desenfrenado experimenta una inflexión a finales de los años setenta con la teología de la liberación y el hastío causado por la larga dictadura duvalierista. Sigue una inmensa movilización del electorado donde las capas sociales campesinas se encuentran con las urbanas por primera vez en el siglo xx.
Pero la movilización se apaga como un fuego de paja, ya que la élite intelectual no consigue imaginar una fórmula de vida y de gestión política a la vez viable y respetuosa del concepto haitiano de la persona humana: Tout moun se moun.
Encerrados en sus prejuicios en contra de la población, los dirigentes nacionales se empecinan en la fórmula civilizadora que les asegura los favores y el financiamiento de la comunidad internacional. Constitutivamente y por opción deliberada, la élite (¡todavía!) es latina. Pero, por querer liderar con un autoritarismo y una condescendencia de misionarios, se debate en medios de conflictos que no puede solucionar sin poner en peligro su preeminencia. Durante el siglo xix, las negociaciones entre los notables regionales apoyados por sus ejércitos semi-privados producen soluciones más duraderas que las intervenciones extranjeras que a principios del siglo xx aumentan la inestabilidad política. En el xx, Estados Unidos impone su hegemonía en el continente y puede no solamente asegurar sus intereses geopolíticos sin privilegiar una facción de la élite sobre otra, sino que puede elegantemente ofrecerse como modelo, promotor y ejemplo de democracia. Cada una
de las facciones de la élite haitiana negocia por separado con la comunidad internacional y le facilita la tarea de dividir para reinar.
Todo indica que el pueblo haitiano bien podría aceptar, como los demás caribeños, el papel civilizador del Occidente si existieran ventajas materiales correspondientes. Pero ninguna fórmula económica ha podido, ni puede integrar a Haití o a una proporción al menos significativa de sus nacionales en el llamado mundo moderno, y ninguna fórmula de etnocidio sin un incremento significativo de la calidad de vida puede ser atractiva. Hoy por hoy, la única manera de acabar la pobreza en Haití consiste en inundarla con dádivas en aumento exponencial. Siendo improbable este curso de acción, una conclusión se impone: la soledad de Haití la define y es inevitable.
En Saint-Domingue, “vivir libre o morir” hubiera podido significar morir. En Haití, hoy por hoy, parece que la opción de vivir libre se está cancelando.
Las élites no pueden resolver la crisis contemporánea, si no comprenden que cargan todavía, a pesar de los 200 años que acaban de pasar,
1) con los varios conflictos que oponían los habitantes de Saint-Domingue a Francia y a la comunidad internacional, 2) con los conflictos que oponían los libertos a los “cultivadores africanos”, y 3) con los que oponían los libertos de alcurnia a los de reciente manumisión. Conviene asumir deliberadamente estas divergencias y tomar en cuenta que cada grupo no puede sino obedecer a su lógica propia. Si se confrontaran estas viejas heridas, se podría tal vez ayudar a que se cicatricen y, en el proceso, trabajar para construir un mundo donde otros mundos sean posibles.

Texto Tomado de: CASIMIR, JEAN
HAITÍ Y SUS ÉLITES: EL INTERMINABLE DIÁLOGO DE SORDOS
Foro Internacional, vol. XLVIII, núm. 4, 2008, pp. 807-841
El Colegio de México, A.C.
Distrito Federal, México

References

References
1La vocation de l’élite, Puerto Príncipe, Éditions des Presses Nationales, 2001, p. 108.
2La esclavitud supone la extranjería de la clase servil. Véanse Claude Meillasoux, “Parents et étrangers”, en su libro Anthropologie de l’esclavage, París, Quadrige / Presses Universitaires de France, 1998, pp. 23 ss. y también Yves Benot, La modernité de l’esclavage, essai sur la servitude au coeur du capitalisme, París, Éditions La Découverte, 2003, p. 8.
3El “blanco” es contraparte del trabajador colonial; el “mulato” o “mestizo”, corolarios de la polarización entre “blanco” y “negros”.
4Se llama bozal al cautivo nacido en África que ignora los usos y costumbres de la colonia.
5Hilary Beckles, Black Rebellion in Barbados: The Struggle Against Slavery, 1627-1838, Barbados, Antilles Publications, 1984, p. 54.
6En el Código Negro de Luis XIV (1685), en las políticas agrarias de Toussaint Louverture
de 1801 a 1802, en las de Henri Christophe de 1806 a 1820, de Boyer 1818 a 1843 y de Geffrard de 1859 a 1867, se observa la misma necesidad de destruir la visión del mundo de los trabajadores.
7Noté en otra oportunidad que la palabra esclavo es un sustantivo, mientras que las palabras emancipado, manumiso o liberto son adjetivos que califican al sustantivo esclavo sobreentendido. “Las disposiciones del artículo 58 referentes al respeto que debe el emancipado a su antiguo amo y a sus allegados deben leerse en valor absoluto: el blanco es intocable. Tal es la práctica. Tal es el espíritu de la ley. El principio de la inferioridad social y jurídica irreversible del negro, incluso emancipado, pertenece a aquellos que no se discuten en la colonia.” Louis Sala-Molins, Le Code Noir ou le calvaire de Canaan, París, Presses Universitaires de France, 1987, p. 213.
8Louis Sala-Molins muestra como los esclavos negros de las colonias son invisibles para los filósofos de la Ilustración y muy especialmente para Montesquieu. Véase Le Code Noir ou le calvaire de Canaan, p. 221 s.
9La secuencia de los hechos históricos que usualmente se registran desde la creación de la Legión de la Igualdad, la llegada de Toussaint en la escena política, la derrota de Rigaud en la Guerra del Sur, el regreso de los líderes libertos (antiguos libres) con Leclerc y la derrota de Toussaint, hasta la reunión de Plaisance entre Dessalines y Pétion se ubica en la problemática planteada por la Revolución francesa en donde el alcance de las demandas de los “esclavos” es y permanece invisible a los actores principales.
10Las declaraciones de Vincent Ogé son inapelables: “No provocaré el levantamiento de los talleres; ese procedimiento no es digno de mi persona. […] Cuando solicité de la Asamblea Nacional un decreto que obtuve en favor de los colonos americanos, […] no incluí, en mis reclamaciones, la suerte de los negros que vivían en la esclavitud.” La cita de Beaubrun Ardouin (Études sur l’Histoire d’Haïti, Puerto Príncipe, Ed. Dr. François Dalencour, 1958 [1a edición, París, 1853], p. 34) se completa con ventaja por la de su discurso ante el Club Massiac según Thomas Madiou: “Si no se toman medidas inmediatas de los más eficaces ; […] ¡he aquí la sangre que corre, he aquí nuestras tierras invadidas, los resultados de nuestra industria destrozados, nuestros hogares incendiados, he aquí nuestros vecinos, nuestros amigos, nuestras mujeres, nuestros hijos estrangulados, mutilados, he aquí el esclavo que levanta el estandarte de la revuelta! Las islas no son más que un vasto y fúnebre incendio; el comercio aniquilado; Francia mortalmente herida, y una multitud de ciudadanos honestos empobrecidos arruinados, perdemos todo.” (Histoire d’Haïti, t. I: 1492-1799, Puerto Príncipe, Éditions Henri Deschamps, p. 72 s.
11Las identificaciones étnicas tienden a utilizarse para clasificar a los cautivos esclavizados
de acuerdo con supuestas aptitudes para el trabajo de su grupo de origen.
12Utilizo el término “élite” y a veces “clase dirigente”. No pienso que Haití y los países del Caribe en general posean una clase dominante, por razones expuestas en “El Caribe: la estructura social incompleta”, Pensamiento Iberoamericano. Revista de Economía Política, núm. 6, julio-diciembre de 1984: Cambios en la Estructura Social, pp. 171-186.
13Se acepta por lo común la fecha de la insurrección general la noche del 14 de agosto de 1793, como el inicio de la Revolución haitiana.
14Según Laurent Dubois desde mayo de 1802 se veía llegar el restablecimiento de la esclavitud en Guadalupe y Saint-Domingue. En varias cartas, Leclerc solicitó a su colega Antoine Richepance que no tomara medidas precipitadas que harían peligrar su propia misión. No obstante, hubo noticias de la victoria del ejército expedicionario de Richepance sobre Louis Delgrès, de la subsiguiente matanza de los insurgentes, así como del restablecimiento de la esclavitud, que se difundieron en todo Saint-Domingue en el segundo semestre de 1802. Véase Laurent Dubois, Avengers of the New World. The Story of the Haitian Revolution, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 2004, p. 285 s.; y “The promise of Revolution, SaintDomingue and the Struggle for Autonomy in Guadeloupe, 1789-1802”, en David P. Geggus
(ed.), The impact of the Haitian Revolution in the Atlantic World, Columbia, South Carolina, University of South Carolina Press, 2001, pp. 112-134
15“Entre todos los derechos individuales, el derecho a la seguridad tiene pues una fuerza de monopolio. Es el único derecho que no se puede ceder y sobre todo es el único
derecho civil. En el estado de naturaleza, la seguridad es solamente un deseo, una aspiración o una tensión del individuo, no una realidad. Homo homini lupus, el uso anárquico y colectivo del derecho de la espada amenaza constantemente la integridad física de cada uno. En el Estado civil por el contrario, la confiscación por el soberano de los actos de guerra, el monopolio de la espada, de la justicia, instauran la seguridad individual mediante la seguridad jurídica. El Estado civil realiza un derecho que permanecía virtual en el estado de naturaleza. Se funda así, en el seno del derecho político, un derecho del hombre y del ciudadano en el sentido moderno del término; un derecho que es a la vez natural y civil.” Blandine Krieger, L’État et les esclaves. Réflexion pour l’histoire des États, París, Éditions Payot & Rivages, 2003, pp. 86 y 87.
16No se trata de una similitud formal o de organización, como lo nota B. Ardouin (op. cit., pp. 8-9), sino de un parentesco lógico o filosófico que une ambos regímenes. Ardouin escribe al respecto del gobierno colonial: “La administración (pública) no existía: el militar dirigía todo. […] Así se resolvía el problema de la organización de ese gobierno colonial que […] ejerció una influencia tan profunda sobre los gobiernos que le sucedieron en el transcurso del tiempo.”
17También compete a las autoridades militares cancelar una concesión que no se cultiva a partir de un informe de la policía rural, visado por el Juez de paz (art. 17 y 18 del Código Rural de Boyer).
18Gérard Barthélémy, Le pays en dehors: Essai sur l’univers rural haïtien, Puerto Príncipe, Éditions Henri Deschamps et Cidhica, 1989, p. 58.
19“A la pregunta ¿qué es un esclavo?, legistas y doctrinarios clásicos respondían: ‘es un hombre carente de derecho porque está desposeído del derecho de apropiarse de las cosas y de su propia vida en primer lugar’”. Blandine Kriegel, op. cit., p. 280.
20Blandine Kriegel, (ibid., p. 57) escribe: “Bodino designa las colonias de Carlos Quinto en el Perú como señoriales. […] De apropiación y de bandolerismo, la señoría se rechaza porque el derecho no se origina en la fuerza y la justicia no se enraíza en la guerra. Escuchen el tono rousseauista de Loyseau: ‘Su derecho es todavía más difícil de fundamentarse en la razón,
porque las señorías, [se han asentado] desde el principio en la confusión, por la fuerza y la usurpación[…] desde aquel entonces, ha sido algo imposible introducir un poco de orden en esta confusión, asignar un derecho a esta fuerza, reglamentar por la razón esta usurpación.’”
21Jean Price-Mars, op. cit., pp. 92-93.
22“Si las élites negra y mulata, inmediatamente después de la independencia, tienen aspiraciones concurrentes, ambas se opusieron a la decisión del primer jefe de Estado, de anunciar la verificación de los títulos de los bienes inmobiliarios.” Gusti Klara Gaillard-Pourchet, “Haïti, 1804-1987. Vers un État-Nation souverain et démocratique?”, Revue de la Société d’Histoire et de Géographie, año lxxviii, núm. 216, octubre de 2003-marzo de 2004, p. 29.
23Todo indica que el Pont Rouge hubiera podido ser el símbolo del lugar en donde las dos fracciones de la élite podrían haber firmado un pacto de alternancia en el poder. Pero tuvieron que desligar la negociación política con la gestión económica de la sociedad, debido al total rechazo por las clases trabajadoras de la fórmula de economía de plantación promovida por ambas. En estas circunstancias, se vuelve difícil institucionalizar un método de ascenso al poder. El apoyo de clientelas reducidas e inconstantes por definición misma no puede regularse. Sin pasar por la gestión de la riqueza material, no podrían los libertos de alcurnia y los de nueva cosecha encontrarse una mesa en donde negociar la gestión del poder.
24Véase Gérard Barthélémy, “Le travail sous haute surveillance”, en su libro Dans la splendeur d’un après-midi d’histoire, Puerto Príncipe, Imprimerie Deschamps, 1996, p. 91 s.
25Con la salvedad de que las poblaciones así oprimidas en Estados Unidos son grupos minoritarios a nivel nacional.
26“Era igualmente natural que la clase de los libertos […] tratara de aprovecharse de la revolución en la madre patria para mejorar su posición social y política, demasiado humillante, demasiado envilecedora, para hombres que poseían conocimientos, capitales y propiedades.”
Beaubrun Ardouin, op. cit., p. 27.
27Esa filosofía se resume en la máxima: Tout moun se moun, es decir: las personas humanas se equiparan y se equivalen.
28Una manera práctica y sin duda un poco restrictiva de determinar quienes pertenecen a este grupo consiste en tomar nota de quienes trataron de alejarse del resto de la “gente de color” al solicitar que los derechos del Hombre se apliquen a los libertos nacidos de padre y madre libertos… Eran 400 sobre un total de 20 000, de acuerdo con Louis Sala-Molins, op. cit., p. 262.
29La batalla para la toma del fortín La Crête à Pierrot, anterior a la capitulación de Toussaint,
es la representación gráfica de esta fisura.
30Véase Mirlande Manigat, “Il y a 200 ans était créé le premier Parlement haïtien” distribuido en internet por RDNP3 News r.benodin@att.net, el 9 de enero de 2007.
31Vertus Saint-Louis, que apunta este dato, añade que la denominación de africanos es un hecho sociológico. “Les termes de citoyens et Africain pendant la révolution de Saint-Domingue”, en Laënnec Hurbon (ed.), L’insurrection des esclaves de Saint-Domingue (22-23 août 1791), París, Karthala, 2000, pp. 75-95.
32“La peor desgracia que podría acontecer a estos pobres africanos sería la finalización de este tráfico. No tendrían entonces ningún recurso para llegar al conocimiento de la verdadera religión, que se les enseña en América, donde muchos de ellos se convierten al cristianismo… ¡Dios quiera que se comprará todos estos miserables negros y que se despoblara África!” Dissertation sur la traite et le commerce des nègres, publicado por Bellon de Saint-Quentin, 1764, citado por Louis Sala-Molins, op. cit., p. 62.
33Vertus Saint-Louis, op. cit., p. 87.
34Con el paso del tiempo, para referirse a los mismos personajes, se habla de los habitantes, palabra cuya traducción española es la de colono. Hasta hoy día, el sector se conoce como la gente de afuera. La población del país comprende entonces a una mayoría de gentes de afuera. Todo indica que se es consciente de la minoración.
35Nota el jefe del gabinete particular del presidente Geffrard que la reglamentación de los contratos entre los cultivadores y sus empleadores en el Código de 1826 derogaba el derecho común y colocaba a los contratantes bajo una especie de tutela legal. El Código de 1863 dejaba a las partes contratantes en total libertad, pero las leyes contra el “vagabundeo” aseguraban una oferta constante de mano de obra a los latifundistas. Véase J. Saint-Amand, Le Code Rural d’Haïti, avec commentaires et formulaires, Puerto Príncipe, Imprimerie Edmond Chenet, 1921, pp. v, 12, 13, 27 y 54.
36Para una amplísima documentación del eurocentrismo de los intelectuales haitianos, véase Léon-François Hoffmann, Haïti, couleurs, croyances, créole, Puerto Príncipe / Quebec, Éditions Henri Deschamps / Éditions Cidihca, 1990.
37En la lengua haitiana, para referirse a África, se dice comúnmente Guinea.
38Es útil mencionar, de paso, que Francia inventa el término de América Latina en la misma época
39Laurent Dubois, op.cit., p. 298 s.
40Ibid. p. 301.
41Jean Fouchard, Les marrons de la liberté, París, Éditions de l’École, 1972.
42Carlos Esteban Deive, Los guerrilleros negros, Santo Domingo, Fundación Cultural Dominicana, 1997.
43Conviene además recordar que la isla de Dominica, entre Guadalupe y Martinica permanece libre de ocupación europea hasta 1762 o sea casi tres siglos después de la llegada de Colón, y que a la postre pasa sucesivamente a manos francesas e inglesas. De la misma manera que llegan a Saint-Domingue noticias de la insurgencia peruana, es de suponer que la resistencia de los amerindios de Dominica era un hecho conocido de los líderes.
44La manipulación de este tipo de información y de categorías transmitidas por la metrópoli es lo que la élite haitiana llama “educación”, una educación que se aprecia tanto más porque es gratuita y sin relación con la realidad local
45Louis Joseph Janvier, Les Constitutions d’Haïti, 1801-1885, París, C. Marpon et E. Flammarion, 1886, p. 117.
46“La problemática del etnonacionalismo haitiano. Haití fundó su nacionalidad en su pertenencia étnica: una nación negra y esto escandalizó en el siglo xix. […] Este etnonacionalismo impregnaba hasta el derecho constitucional ya que nuestros antepasados concibieron un jus sanguinis fundado en la raza, al admitir a la nacionalidad haitiana todo individuo acarreando sangre negra o asiático que se estableciera en el territorio”. Les deux cents ans d’histoire
du peuple haïtien, 1804-2004. Réflexions à l’heure du bilan d’une évolution bi-centenaire (un inédit et 2 reprises), Puerto Príncipe, Éditions Lorquet, 2002, p. 27.
47El Código Rural de Boyer encarga específicamente a la policía rural el buscar a los “vagabundos” que se esconden detrás del uniforme militar (art. 181).
48Michel Hector y Jean Casimir, “Le long 19ème siècle haïtien”, Revue de la Société Haïtienne d’Histoire et de Géographie, año lxxviii, núm. 216, oct. 2003-marzo 2004, pp. 35-64.
49Véase Beaubrun Ardouin, op. cit., p. 27.
50“En su resentimiento hacia África, Rosalvo Bobo fue todavía más lejos. Uno tiene dificultad en creer que en 1908, dirigiéndose Aux progressistes haïtiens, pudo exhortarles a efectuar
las reformas necesarias sin tardar, ya que ‘… nuestro pequeño medio […] es un insulto para el Nuevo Mundo, ya que es el único […] en ofrecer asilo a África, es decir, al crimen, al oscurantismo, a la barbarie’.” Aux progressistes haïtiens, St. Thomas, Imp. Fort de France, 1908, p. 11, citado por Léon-François Hoffmann, op. cit., p. 40.
51Las interpretaciones tradicionales de la historia privilegian las luchas entre las categorías coloniales de negros y mulatos. Una de las obras de este tipo más conocidas en Haití es la de François Duvalier, “Le problème des classes sociales à travers l’Histoire d’Haïti”, OEuvres Essentielles. Éléments d’une doctrine, t. I, 1968, pp. 307-367. En el extranjero, es célebre el libro de David Nicholls, Haiti in Caribbean Context: Ethnicity, Economy and Revolt, Londres, The Macmillan Press, 1985.
52La esclavitud no implica racismo. Yves Benot (op. cit., p. 12) escribe: “[…] el racismo no se ubica en el origen [de la esclavitud]; los colonizadores no tenían inconvenientes en tomar hombres azules, amarillos e incluso blancos si hubiera suficientemente para satisfacer sus exigencias.
En las Antillas, hubieran preferido esclavizar a los indios arawaks o caribes, pero su violencia los exterminó. En cuanto al racismo, notemos que si, como comportamiento que se designa hoy bajo esa rúbrica, se manifiesta desde hace mucho tiempo, no existe en tanto teoría constituida con pretensiones científicas sino en el extremo fin del siglo xviii y sobre todo en el xix, teoría operante, bien se sabe, pero no conviene antedatarlo de manera anacrónica.”
53Gusti Klara Gaillard-Pourchet, op. cit., p. 27.
54Walter Mignolo, The Idea of Latin America, Malden, Mass., Blackwell Publishing, 2006.
55“Pero cuando constata [Price-Mars] que el autor [Verschueren] escribe a ese respecto, ‘el Dr. Price-Mars admira el vodú y tiene mucha simpatía para ese culto’, deja trasparecer su indignación: ‘¡Oyeron bien!, exclama, ‘…los bárbaros pueden pretender que otorgo mis simpatías y mi admiración a manifestaciones burdas de animismo, mezcladas con magia y hechicería […] No obstante, en ninguna parte [de mis libros] puede encontrarse adhesión alguna, y mucho menos una parcela de admiración para estas creencias en tanto creencias… Yo no amo al Vodú, la ciencia es mi preocupación’.” (Sociologie religieuse, pp. 18-21). “Jacques-
Stephen Alexis […] se posiciona también en estos términos: ‘nuestros etnólogos, que son hombres de ciencia, tienen el deber de insistir sobre la dimensión de retraso cultural de que testimonia el Vodú’, escribe en el Le Nouvelliste del 7 de enero de 1958.” Ambas citas provienen de Léon-François Hoffman, op. cit., pp. 192 y 195.
56La observación de Dante Caputo es una triste evocación del tipo de ejército que “gobierna” el país desde 1915: “Arriba sobre la pared, a lo largo de la mesa, se veía una serie de fotógrafías de los previos comandantes de las fadh (Fuerzas Armadas de Haití). ¡Las caras de la primera fila eran blancas! Estas eran las de los Marines de Estados Unidos que comandaron las fadh durante la ocupación Americana de 1919 a 1935. ‘¿Qué diablos hacían aquí?’, se preguntó Pezzulo. […] Deja traslucir mucho sobre la manera en que los haitianos ven su relación con Estados Unidos. ‘No creo que exista en el mundo un solo ejército
que hubiera puesto las fotografías del ejército ocupante en el cuartel de su Estado mayor’, dijo después Dante Caputo.” Ralph Pezzullo, Plunging into Haiti: Clinton, Aristide, and the Defeat of Diplomacy, Jackson, University Press of Mississippi, 2006, p. 23.
57Se entiende por sociedad civil campesina la red de instituciones sociales encargadas de satisfacer las necesidades de la sociedad aldeana.
58Para ilustrar la complicidad entre el ocupante y la élite intelectual nacional e internacional, así como el desprecio de esta última para la cultura local, basta decir que no se puede señalar a ciencia cierta qué antropólogo atendió, durante la primera mitad del siglo xx, una ceremonia vodú en su contexto normal para elaborar, a partir de esta “observación participante”, las obras consideradas hoy clásicas. Todo indica que para su “observación participante”,
los antropólogos tienen que invitar a los fieles del vodú a que celebren simulacros en el traspatio de sus casas o en el Instituto de Etnología, mientras toman nota. Véase
Kate Ramsey, “Prohibition, Persecution, Performance, Anthropology and the Penalization of Vodou in Mid-20th-Century”, Gradhiva, núm. 1, 2005, pp. 165-179. Por amor a la ciencia antropológica y a su misión civilizadora, patrocinan con su silencio o su ceguera los atropellos iniciados desde 1492.
59Los conceptos de superstición, analfabetismo, marginalidad… “modernizan” apenas las bases ideológicas (idolatría, salvajismo, ignorancia, irracionalidad de gentes sin razón…) de la racialización de las relaciones de trabajo.
60Marshall Wolfe, Elusive Development, Londres, United Nations Research Institute for Social Development and Economic Commission for Latin America, 1981.
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Economie politique · Politics

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