La internacionalización de la literatura latinoamericana

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Desde su origen colonial la literatura latinoamericana es un fenómeno internacionalizado. Su inevitable pertenencia a un horizonte cultural dominado por actores históricos que están fuera de la región es un factor constitutivo de sus formas de producción y de su desarrollo. En las últimas décadas, por primera vez, esta literatura participa activamente en la configuración de la cultura internacional. Este informe propone algunas bases teóricas para investigar cuáles son los nuevos procesos de producción que le han permitido incorporarse a la literatura mundial. [1]Estas notas dan a publicidad un documento de trabajo elaborado para que sirva de base a la discusión sobre el significado de los procesos de Ínternacionalización de la literatura latinoamericana … Continue reading

El Problema.

El estudio del surgimiento de la literatura contemporánea y de sus procesos de intemacionalización a partir de 1930-1940 debe elaborar el período fundamental de la historia cultural de América Latina, un corpus considerable de obras monumentales y la inserción de esta literatura en el panorama de la literatura mundial. Para realizar esta tarea, la ciencia literaria apenas puede ayudarla y debe afrontar un fenómeno que no había sido considerado en el tratamiento de las literaturas occidentales. La romanística, la anglística o la comparatística se han desarrollado teniendo como punto de referencia una etapa clásica y un período romántico burgués que de alguna manera definían la relación de cada literatura con las sociedades nacionales y con el universo cultural internacionalizado que caracteriza las culturas occidentales. Para América Latina estos períodos tienen una significación opuesta, ya que definen el momento qué se interrumpe el proceso de desarrollo de sus propias culturas y se impone un patrón dedominación colonial. Por ello, esta región debió estructurar sus sociedades y sus literaturas a partir de otros procesos que los estudiados en Europa. Si utilizáramos las categorías desarrolladas para estas últimas, deberíamos ubicar su período « clásico »  donde su producción define su identidad diferencial y, al mismo tiempo, alcanza trascendencia universal  en el período contemporáneo. La investigación debe, por lo tanto, formular categorías y organizarse institucionalmente a través de un estilo de trabajo diferente del tradicional que le permita dar cuenta de estos desarrollos (J. Franco 1973, R. Fernández Retamar 1975).

La Hipótesis.

Este proceso de expansión hacia lo internacional ha provocado no pocos conflictos de interpretación. Ya es conocida la discusión interna de cada espacio intelectual latinoamericano sobre la legitimidad de sus propios proyectos literarios oponiendo lo nacional a lo cosmopolita. En sus diversas versiones, la confrontación comenzó con los primeros intentos de literatura « nacional » a mediados del siglo XIX y, reformulada, todavía mantiene su actualidad como, por ejemplo, en la oposición entre literaturas de élites/popular, o autónoma/comprometida. La comparación entre ambos procesos nos permite plantear el problema desde una nueva perspectiva, obligándonos a reinterpretar críticamente aquellos conceptos a partir del estudio  de las articulaciones efectivas que tiene con la sociedad local, latinoamericana y mundial. Digámoslo claramente : ninguna categoría descriptiva interpretativa de estos fenómenos tiene legitimidad científica si no da cuenta del campo de contradicciones que determina el desarrollo de cada literatura latinoamericana : el desarrollo del capitalismo hegemónico de las metrópolis dominantes y el desarrollo de las sociedades latinoamericanas sometidas a diversas formas de dominación a partir de la Conquista. Entre estos dos polos, el concepto de lo « nacional » necesariamente se debe apoyar sobre un contenido problemático, ya que trata de fugarse de aquella dialéctica que, una y otra vez, lo descompone. Porque, en América I-atina, se debe fundar la « identidad nacional » a partir de una relación problemática tanto con los polos mundiales a los que está integrada de manera
dependiente, como con las sociedades populares * no nacionales » que no logra integrar y con las que difícilmente se identifica.
Nuestra hipótesis de trabajo se deriva del estado de la investigación, ya que hasta ahora ha podido explicar el desarrollo literario de cada sub región según la manera en que han intervenido estas dos variables fundamentales. Los tres períodos « nacionales » desde la Independencia estabilización neocolonial, liquidación de la herencia colonial y modernización metropolitana  se pueden diferenciar entre sí por la distinta manera en que han tratado de resolver aquellas problemáticas relaciones.
De la misma manera, el nuevo período literario que se desarrolla a partir de los años que corren entre las dos guerras mundiales se diferencia de los anteriores por la manera radicalmente nueva en que se articula a los contradictorios horizontes de expectativas que se desarrollan en la cultura de Europa/USA, y a la experiencia histórica de las culturas populares latinoamericanas.

Estado de la Discusión.

Algunas investigaciones parciales de los últimos años han comenzado a replantear los problemas a partir de estos presupuestos. La nueva forma de relación con las culturas populares, por ejemplo, ha sido reformulada en la discusión que realizó D. Janik (1976) sobre lo mágico en la novela contemporánea. A. Cornejo Polar (1978) definió el « estatuto heterogéneo » de la literatura indigenista inaugurando una nueva forma de tematizar la interpretación. La síntesis de J. Sommer (1978) sobre las relaciones entre literatura moderna, movimiento indigenista oficial, antropología y culturas indígenas mexicanas puso igualmente en duda los paradigmas que utiliza la crítica para referirse a aquellos fenómenos. Un ambicioso ensayo de
A. Rama (1982b) estudia textos mayores en la literatura de la región tomando como criterio básico el proyecto de « transculturación » que los controla, es decir de traducción y reformulación de las culturas indígenas, como por ejemplo en el caso de’J. Rulfo en México y J.-M. Arguedas en Perú. La investigación de M. Lienhard (1982) estudia la relación entre la « Cultura popular andina y forma novelesca » reconstruyendo patrones formales del pensamiento andino y las consecuencias que provoca su introducción en la narrativa contemporánea. Suzi Frankl Sperber (1982) editó parcialmente su investigación sobre los textos de Guimarães Rosa, comparándolos con las fuentes e interpretándolos en relación a los estratos más antiguos que se han mantenido resistentes en la cultura popular. Los trabajos sobre A. Roa Bastos de R. Bareiro Saguier (1976 y 1979) y de Brigitte
Heinholdt (1983) parten de la contradicción entre las dos culturas que definen la sociedad paraguaya, y del carácter fundador que tiene
esta obra literaria por articularse a la experiencia histórica de la masa popular. También C. Rincón (1978a) ha discutido las interpretaciones comunmente aceptadas del « realismo mágico » en la obra de M.A. Asturias. Estas investigaciones se han desarrollado de manera relativamente aislada y tienen un status teórico todavía insuficiente. Pero todas ellas están vinculadas a nuestra hipótesis básica, interpretando la diferencia radical de esta nueva literatura por su nueva relación con la cultura popular latinoamericana no integrada al espacio nacional hegemónico.
Al contrario de este nuevo desarrollo, la investigación sobre las relaciones con la cultura europea apenas si ha comenzado. Teóricamente, sin embargo, contamos con algunos adelantos generalizadores. Es notable, por ejemplo, el trabajo de A. Dessau (1978a) donde defiende que la dialéctica entre lo nacional, lo continental y lo internacional es un elemento constitutivo de esta literatura y donde analiza las transformaciones que le permitieron ser parte de la literatura mundial. Dessau desarrolló posteriormente las mismas ideas (1978b y 1980), poniendo en relación el proceso literario con el proceso social. Señala que, desde la conquista, el desarrollo latinoamericano tiene la especificidad de ser una parte dependiente del proceso histórico
mundial capitalista. Por ello, su literatura se « constituye » a partir de la necesidad de confrontarse con la historia y la literatura mundial.
En el desarrollo de sus ideas, Dessau pone de relieve el hecho de que la discusión sobre la especificidad de esta literatura está en el ambiente crítico de los últimos años (cita, por ejemplo, textos de R. Fernández Retamar, M. Benedetti, A. Candido, A. Rama, A. Roa Bastos, A. Carpentier, O. Collazos) y propone un modelo de investigación y de interpretación de todo el proceso contemporáneo, que no podemos reproducir acá.

Desde que A. Rama enunció sus 10 tesis para comprender la literatura latinoamericana (1964), una de sus constantes críticas es la consideración del carácter de esta relación con la literatura europea. En un trabajo (1982ft) sobre « La tecnificación narrativa » estudia el desarrollo de la tendencia « internacionalista » latinoamericana bajo el impulso del « expansionismo planetario de las metrópolis culturales externas », que representa una nueva fase de un « largo monodiálogo con Europa ». De la misma manera que Dessau, propone un modelo ideal de interpretación de cómo se habrían producido diversos procesos de transformación literaria en este contexto. Habla, por ejemplo, del proyecto del modernismo de incorporar los temas de la tradición milenaria de la cultura europea y de apropiarse de su técnica contemporánea (R. Darío), de la reinterpretación de los acontecimientos históricos universales en los que habría participado América Latina, haciéndole comprensible al europeo la especificidad cultural de su propia periferia (A. Carpentier); y de la apropiación irrespetuosa de los arquetipos europeos, desarrollando con libertad lúcida sus propuestas y reinventando aquella literatura (J.L. Borges).
V. Farias, que hasta ahora se ha ocupado de algunas de estas obras monumentales (C. Vallejo 1980, G. García Márquez 1982) y actualmente, en el marco del proyecto, formaliza la obra de P. Neruda, ha elaborado un documento de trabajo en donde destaca otros aspectos nuevos del problema (1983a). Su tesis pone el acento en un movimiento dialéctico por el cual esta literatura comienza trascendiendo su experiencia local para plantear los problemas globales de América Latina; posteriormente, este nuevo lenguaje implica al mismo tiempo que una profundización en el problema de la identidad de la región, un desarrollo de la conciencia humana, ya que estos autores, a partir de esta perspectiva periférica y de esta experiencia de la historia, se confrontan con cuestiones tradicionales de la cultura occidental y generales del hombre universal; finalmente, este movimiento termina
en una reinterpretación de las contradicciones que definen la identidad histórica latinoamericana, pero definida esta vez a partir de esta perspectiva universal. De esta manera, se daría un proceso en donde el desarrollo de la conciencia en América Latina significaría también un desarrollo de la cultura universal en campos hasta ahora reservados a los pensadores europeos como el de la filosofía de la historia, de la teología, de la estética o del marxismo. Precisamente estos cuatro problemas son objeto de la reflexión crítica de Farias a propósito de Cien Años de Soledad, de la obra de E. Cardenal, de los ensayos estéticos de C. Vallejo y su realización artística en Poemas Humanos, y de Canto general.

El Análisis Científico.

Estos trabajos ilustran una nueva inquietud teórica diseñando un nuevo campo de investigación, aunque hay que acentuar el carácter provisional de sus afirmaciones. Esbozan algo así como un modelo discursivo para orientarse en el amplio campo de relaciones en que se mueve la literatura latinoamericana que, si era reconocido prácticamente por toda la disciplina, apenas ha sido tomado como objeto de investigación. Nuestra tarea será precisamente constituir objetos parciales para poder evaluar el status científico de estas afirmaciones. Esto significa superar su carácter fragmentario y ensayístico para examinarlas críticamente a la luz del análisis de casos y de las relaciones concretas que cada uno de ellos establece con la cultura europea y latinoamericana. En particular tres operaciones críticas parecen metodológicamente inevitables.

1. Hay que superar el carácter abstracto de estos planteos, donde la enorme complejidad de la nueva literatura aparece reducida a la mención de unos pocos autores (muchas veces sin señalar a cuál de sus textos se refiere) que generalmente ilustran la tesis del crítico. En esta literatura nos encontramos con un corpus de obras monumentales difícilmente clasificables en un gran conjunto; con autores mayores que han tenido una evolución de tres o cuatro décadas; con poetas y novelistas tan decididamente asimilados a espacios hegemónicos como Londres, París o New York, que predominantemente constituyen un rasgo de sus propias culturas; y, al contrario, con otros que se vinculan con espacios locales tradicionales dominando lenguas indígenas o participando de su horizonte cultural; con literaturas cosmopolitas nacionales como las de Buenos Aires, São Paulo »
o La Habana; y, en fin, con una heterogeneidad tan marcada que toda investigación debe partir de un análisis de casos claramente diferentes como para poder elaborar un suficiente grado de complejidad del fenómeno.

2. Si se trata de la relación de la literatura latinoamericana con la europea, es necesario proceder con un método comparativo contrastando ambos fenómenos. Sólo así podremos definir cómo se ha modificado esta relación con respecto a los períodos que la anteceden, y hasta dónde no se trata de una reformulación de procesos anteriores. En este nuevo campo, se ha comenzado a trabajar en los últimos años en el análisis concreto de algunas relaciones. Y lo menos que podemos decir es que aquel marco teórico se ajusta difícilmente al material empírico. Las investigaciones de R. Schwarz (1978) o las de L. Pollmann (1982) y K. Meyer-Minnemann (1979) son un ejemplo sobre cómo se debe plantear esta relación en el caso de la novela
naturalista, la novela sentimental y la novela « Fin de siècle ». De la misma manera, el notable ensayo de C. Real de Azúa (1976) donde destaca la
manera en que J.E. Rodó se apropia de la herencia clásica europea identificándose con un segmento epigonal de la cultura internacionalizada de su tiempo, dan la posibilidad de observar el proceso de producción de la ideología del « arielismo » y de sus funciones contradictorias en la sociedad latinoamericana. Estudios como los de D. Janik (1982) sobre V. Huidobro y C. Vallejo en el movimiento europeo de las vanguardias, los de C. Rincón (1975 y 1978a) sobre la participación de A. Carpentier y M.A. Asturias en el movimiento surrealista francés, el de W. Bader (1983) sobre las transformaciones de los motivos de « Próspero » y « Calibán » en la literatura europea y latinoamericana, o los de T. Bremer (1982) sobre las características de la literatura urbana en Francia y Buenos Aires nos ofrecen una base operativa sólida para comenzar a trabajar sobre diferentes casos de la literatura contemporánea.

3. Finalmente, se ha de poner en duda el carácter tegitimatorio que tienen estas teorías cuando interpretan estos procesos de internacionalización
en el contexto del desarrollo cultural de toda la región. La perspectiva que mueve a estos críticos, a la zaga de la enorme expansión de esta nueva literatura en el horizonte mundial, presupone una inevitable visión historicista en donde el nuevo período, globalmente, significa el punto más alto de su desarrollo. Desde este estadio « superior », se interpreta todo aquello que sea contemporáneo como cargado de especiales valores literarios y sociales, y todo lo que lo antecede como la prehistoria cuya función sería preparar este nuevo momento cultural. Sin embargo, analogar « contemporaneidad/ modernidad/valor » para toda esta literatura es un juicio ideológico insostenible. En nuestras investigaciones se trata de averiguar el significado de estos procesos de internacionalización para el desarrollo social y cultural latinoamericano. Precisamente los
investigadores a que hemos aludido relativizan el valor social y literario del primer internacionalismo (Meyer-Minnemann); rechazan la clasificación de « vanguardia » para alguno de estos fenómenos (Janik); contrastan el contenido literariamente revolucionario de los proyectos que tratan de vincularse a la cultura popular con el perfil lúdico de las culturas marginales de las metrópolis (Lienhard); o discuten el concepto de modernidad como adecuado para caracterizar los rasgos epigonales de ciertas literaturas que sólo reproducen el horizonte decadentista de fin de siglo (D. Sommer 1983). Estos tres presupuestos de una metodología crítica que permita dar razón de estos fenómenos  grado de complejidad en el análisis de casos, comparación concreta con la literatura europea, articulación al desarrollo cultural latinoamericano  determinan nuestra estrategia de investigación.

LA ESTRATEGIA DE INVESTIGACIÓN

1. La selección de casos representativos. El fenómeno de la internacionalización será observado con un grado suficiente de complejidad si se logran diferenciar núcleos esenciales dentro del vasto campo en que se desarrollan. Esto supone entenderlo, no como un acontecimiento uniforme, sino como un proceso contradictorio y cargado de tensiones. Es decir, en vez de buscar sus analogías, se trata también de preguntarse por sus diferencias, sus
antagonismos y sus oposiciones. Tres tipos de casos nos han parecido suficientemente representativos porque permitirían reproducir internamente las tensiones del campo general a partir de puntos extremos :
(1) Casos del Caribe integrados a espacios intelectuales europeos como A. Cesaire (Martinique 1919-Paris 1932-1939), A. Carpentier (Cuba 1904-Paris 1928-1939) y M. A. Asturias (Guatemala 1899-Paris 1923-1933).
(2) Casos de Metrópolis Nacionales integrados a espacios intelectuales autónomos locales, como J.L. Borges en Buenos Aires (1899- Enrona 1914-1921-Buenos Aires ab 1921), M. de Andrade en São Paulo (1893-1945) y O. Paz en ciudad de México (1914-Paris-Tokio-New Delhiab 1945).
(3) Casos de Ciudades tradicionales integrados a las culturas nacionales por su articulación con la cultura no-occidental como J.-M. Arguedas en Perú (Andahuaylas, Apurimac 1911-Lima ab 1931), J. Rulfo en México (S. Gabriel, Jalisco 1918-) y A. Roa Bastos en el Paraguay (Asunción 1917-ab 1947 Buenos Aires).
En esta selección no están incluidos muchos de los « grandes nombres » de la literatura contemporánea que han tenido una recepción internacional y ocuparon intensamente la atención de la critica. Pero, a pesar de ello, nos parece la selección mínima como para proceder a partir del estudio de los casos más significativos de todo espectro literario : están entre los mayores de esta literatura, son claramente diferentes, y representan procesos y funciones que se articulan a los núcleos constitutivos de la sociedad y la cultura latinoamericana ; espacios tradicionales nooccidentales/espacios nacionales autónomos/y espacios europeos de vanguardia. Dentro del proyecto, la investigación sobre los artistas que provienen de la región Caribe (Antillas españolas, Antillas francesas y América Central), que padecen la experiencia del « vacío cultural », de la expulsión, o del exilio, hasta que finalmente desarrollan su producción articulados a los espacios culturales europeos, está adelantada. Tenemos también una idea sobre cómo investigar los que se articulan a las culturas tradicionales andinas, mesoamericanas, amazónicas o afroamericanas.
No así los que pertenecen a espacios nacionales metropolitanos que han logrado estructurar una identidad autónoma más identificable, es decir los de Argentina de México y del Brasil. Vamos a detenernos en la exposición de los problemas de análisis y de interpretación que presentan este tipo de casos. Los otros dos los mencionaremos sólo para compararlos y poner en duda las formas de articulación del caso « nacional » con respecto a la cultura europea para problematizar cuáles son las funciones que cumplen con respecto a la propia sociedad, o a la sociedad global de América Latina.

2. El análisis del caso Nacional-Metropolitano.

La articulación de los sistemas literarios producidos en espacios metropolitanos a su sociedad presenta un problema particular que, precisamente, estamos tratando de resolver en esta investigación : sus niveles de mediación.
La cultura ilustrada de América Latina se desarrolla en las ciudades portuarias y/o capitales. Estos espacios sociales no tienen las características internas ni cumplen las funciones nacionales e internacionales que caracterizan a los europeos. No se trata de exponer el estado de la discusión (Losada, 1983a : 16-23) ni de reproducir la comparación que realizamos entre la cultura latinoamericana en la metrópoli de Buenos Aires y en la de París (Losada 1983b : 282-340).
Resumamos sólo algunos conceptos. La vida literaria latinoamericana se desarrolla desde la formación de los centros urbanos coloniales como una institución predominantemente local. Sus rasgos dominantes no provienen sólo del proyecto « literario » de su grupo productor y receptor, sino sobre todo de las condiciones generales en que se mueve la vida social de ese problemático espacio institucional. Es una ciudad periférica de la metrópoli europea, pero no pertenece directamente a ella como un sujeto histórico internacional. En esa ciudad, es una literatura producida desde América Latina, pero tampoco se articula directamente a la sociedad global, manteniéndose dentro de esa isla administrativa que trata de afirmar, por todos los
medios simbólicos posibles, su pertenencia a otro mundo con el qué se identifica, aunque aquél no le reconozca como perteneciente a la metrópoli. En el período republicano preindustrial se mantiene esta irresuelta tensión problemática, aunque comienza a esbozarse la función puente que debe cumplir la institución literatura en la nueva ciudad. Se trataba de « traer », « reproducir », o « apropiarse » la cultura europea en América Latina. Pero esta función se cumplía a partir de los patrones coloniales, es decir que la ciudad continuaba siendo una « isla » y mantenía las mismas relaciones problemáticas o aún mayores después de la decadencia de la primera mitad del siglo XIX  con ambos polos. Este es un nivel estructural básico
de este tipo de cultura. La articulación con « su » sociedad, por lo tanto, es una relación con una élite local urbana muy pequeña, entremezclada con todas las relaciones sociales, políticas, religiosas y económicas y sostenida por la vida cotidiana. Pueden ser relaciones de coopción/dependencia, de contradicción, o de otro orden. Pero siempre estarán encerrados en el límite de su propio grupo social que, ordinariamente, no alcanza las 1000 y excepcionalmente, las 5000 familias. La relación con la sociedad global  en donde están incluidos aquellos sectores europeos o de USA vinculados a los intereses de la élite local, y aquellos sectores tradicionales en donde se asienta su poder económico orientado a la exportación está mediada por las relaciones que tiene la élite ciudadana con los otros actores sociales.
En el caso de relaciones dependientes, esa élite operará como criterio selectivo y como filtro. Si se trata, en cambio, de momentos de crisis, ocurrirá lo contrario. Por ello, la manera en que aquellos factores de la sociedad global tradicional y europea inciden en la configuración de un determinado lenguaje literario, no se deriva del hecho de que sus productores establezcan relaciones efectivas con ellos, sino que tienen un significado funcional para establecer las relaciones sociales concretas dentro del espacio de la ciudad.

En el caso de la constitución de un espacio metropolitano de varios millones de habitantes como los de Buenos Aires, São Paulo o ciudad
de México entre las dos guerras mundiales, la ciudad se estructura como un doble nivel de mediación. El sistema literario vanguardista surge en un espacio intelectual autónomo de la vida social urbana y, a su vez, la ciudad metropolitana media sus relaciones con Europa-USA y con la sociedad nacional (en la que están incluidos grandes sectores tradicionales no integrados). En este nuevo tipo de sociedad, donde se ha producido una marcada división del trabajo, los productoresreceptores de los sistemas literarios tienen relaciones efectivas predominantemente (y, a veces, exclusivamente) con los actores sociales que intervienen directamente en la constitución del espacio intelectual. La relación con la sociedad es una relación con la sociedad metropolitana que ha adquirido un mayor nivel de complejidad y está constituida por otros actores sociales, tanto al nivel popular organizado, como al nivel de los grupos que dominan el poder económico y político. De tal manera que el estudio « literaturasociedad » no puede ser emprendido directamente como el de obra sociedad, o autor sociedad, sino que se debe analizar la relación con el espacio intelectual ilustrado, y de éste con los espacios culturales en donde se expresan los otros actores sociales (en particular el espacio de la cultura popular urbana, y el de la cultura
oficial). Finalmente, las relaciones que establece con Europa/USA o con la cultura popular no integrada al desarrollo capitalista,
también están mediadas por las características de ese espacio intelectual. La primera tarea de esta investigación, por lo tanto, es estudiar
cómo se articulan obras de la tendencia cosmopolita a sus respectivos espacios intelectuales. J.L. Borges, M. de Andrade y O. Paz, por ejemplo son, al mismo tiempo, un signo de la madurez interna de una literatura nacional, y una respuesta a la crisis en que se encontraba en un momentdeterminado de un desarrollo que se prolongaba desde al menos medio siglo. Forman parte de un proceso literario que se transforma, no sólo por los estímulos que le vienen del mundo de la cultura internacional, sino por la articulación a la propia tradición literaria. Como dice A. Candido (2), [2]A. Candido 1968 : 36-37 y 80-81.uno de los indicios de que tenemos que vérnosla con una literatura nacional, es el hecho de que los productores se forman en la propia tradición literaria y la desarrollan, confrontándose con ella. En este sentido, no hay duda de que J.L. Borges y el grupo de las revistas Martín Fierro (2* época), Proa y Sur continúan y tratan de superar la tradición del modernismo. M. de Andrade extrema una tradición simbólica y literaria que le viene desde los Arcades a fines del siglo XVIII, reelaborada por el indianismo romántico, y consolidada por la notable ampliación del sistema literario en las últimas tres décadas del siglo XIX y el premodernismo.
De la misma manera, O. Paz surge enraizado tanto en la inquietud nacional que hereda de los planteos indigenistas y universalistas de la política cultural de la revolución mexicana, como en la corriente vanguardista que se mantiene resistente desde la tercera década del siglo XX y la formación del grupo Contemporáneos. La segunda tarea de esta investigación es interpretar las transformaciones del sistema literario por la relación entre el espacio intelectual que lo sostiene institucionalmente con los demás espacios culturales que caracterizan la complejidad metropolitana. Pongamos en clarocuál es nuestra presunción básica en el análisis de estos fenómenos :

El vanguardismo literario es también un fenómeno social interno a cada sociedad nacional cuando se transforma la antigua ciudadaldeana en una metrópoli capitalista, y los intelectuales deben confrontarse con otros actores sociales que los desplazan hacia una permanente posición marginal. Los fenómenos de masas, y la constitución relativamente mediatizada de la esfera del poder político-económico aparecen como los enemigos de « la cultura ». Lo que había sido una literatura « nacional » reducida a las demandas de la oligarquía se siente desplazada, gana autonomía y se margina de la vida social. No está demás recordar que esa « vida social » fueron décadas de revolución mexicana, la conmoción que trajo la marea inmigrante
y la democratización de Buenos Aires, o el nuevo cuadro social después de la liberación de los esclavos, y la búsqueda de formar una sociedad moderna en el Brasil, sobre todo en São Paulo. Surgen, en el mismo espacio metropolitano, la cultura urbana de masas organizadas sindicalmente incorporadas al sistema por la educación y el trabajo, y se solidifica una cultura del poder que busca controlar a aquéllas y legitimar su pretensión de hegemonía con un discurso que dice representar a la totalidad de la sociedad. Contra estos dos nuevos espacios culturales se debe defender, readaptar y desarrollar
el antiguo espacio intelectual ilustrado, redefiniendo su propia función y su identidad global. Sus instrumentos serán la creación de un
lenguaje de vanguardia que encierra el arte literario en el horizonte simbólico y la herencia cultural de los intelectuales profesionalizados; y, para lograr desarrollar ese lenguaje y adquirir una nueva legitimidad, tratarán de establecer nuevas relaciones literarias con la tradición cultural popular y con la cultura europea.
Nuestro principio metodológico más importante para observar los procesos de producción literaria es que todo nuevo proyecto literario significa, al mismo tiempo, una nueva forma de relación con la sociedad. O para decirlo con C. Rincón (1978), las transformaciones inmanentes de los lenguajes implican la búsqueda de darle nuevas funciones al sistema. Una ruptura del proceso literario debe significar, por lo tanto, una forma de práctica social donde el grupo productor-receptor del sistema reestructura globalmente sus relaciones efectivas con la sociedad y la cultura a que pertenecen. Si observamos con estos supuestos el surgimiento de estos nuevos sistemas literarios en los espacios nacionales metropolitanos, nos encontramos con una transformación literaria de aquellos dos polos constitutivos de toda la literatura latinoamericana : la tradición popular y la cultura europea. Se diferencian, por lo tanto, de los procesos literarios que los anteceden porque reelaboran el horizonte simbólico y linguístico, las formas poéticas o la estructura del relato introduciendo, al mismo tiempo, elementos formales y temáticos de aquellos polos de una manera desconocida para la tradición nacional. Son vanguardias cosmopolitas por su concepción del arte por su experimentación, por su voluntad de ruptura, por su innovación, por su apropiación de la cultura europea; y nacionales por la utilización del lenguaje coloquial, por la reelaboración del pasado mítico prehispánico, por la
estilización de la vida popular precapitalist^. La pregunta que nos hacemos en esta investigación es, por lo tanto, doble. Primero : ¿ De qué manera inciden la experiencia colectiva y la cultura popular latinoamericana, y los procesos históricos y la cultura europea, en la constitución del nuevo lenguaje literario ? Segundo : ¿ Qué significa esa práctica literaria como nueva forma de relación con el desarrollo histórico de la sociedad nacional, latinoamericana, o internacional ?
Nuestras presunciones se basan en el análisis del caso de Buenos Aires, y en las evidencias que ofrecen los diversos proyectos literarios simultáneos que se desarrollan en Brasil y México. Resumamos brevemente cómo desarrollar este segmento del análisis, dejando para el siguiente párrafo la manera en que vamos a plantear el problema de la interpretación de estas evidencias. En el caso de la Argentina, la crítica histórica está de acuerdo en la descripción del proceso de reestructuración de la nación a partir de un proyecto civilizatorio « liberal » : incorporación económica y cultural a Europa, inmigración, modernización capitalista, nacionalismo intemacionalista. Se suele indicar que este proceso tiene su momento preparatorio entre 1837-1880, sur etapa de « despegue » bajo el control de la oligarquía hasta 1910, y su estabilización hasta 1930. El sistema « vanguardista » surge en este último período, cuando ya se había formado un determinado espacio intelectual relativamente autónomo por un lado; y, por otro, cuando el poder político se había desplazado a los nuevos partidos de clases medias, que trataban de extender su control a la Universidad, la educación media y básica y la cultura popular urbana; y había terminado el período de transición, o de reajuste, para integrar la masa de la población al nuevo sistema modernizado (aniquilación de los indios y campesinado tradicional; neutralización o expulsión de las tentativas anarquistas de impugnar la legitimidad del Estado; organización sindical de los sectores obreros incorporados a la industria y los servicios vinculados al capital internacional; métodos de asimilación de las nuevas generaciones a través de la educación, el servicio militar y la manipulación simbólica de la
industria de la cultura popular). El estudio del nuevo espacio intelectual relativamente autónomo, en el sentido de que se desvincula de la política populista, lucha en contra de la nueva cultura popular y se desentiende de los conflictos del sector laboral sindicalizado, está bastante claro (J.L. Romero 1965, O. Terán 1979). La manera en que se articula la vida literaria a ese espacio intelectual también ha sido estudiada (D. Viñas 1971-1973, Altamirano-Sarlo 1982, Sarlo 1982).
En estos trabajos está señalada igualmente la relación que tenía este sistema literario con la nueva cultura hegemónica « nacional » manipulada desde el poder del Estado con la intención de legitimarse y de integrar a los hijos de inmigrantes. Los estudios recientes también están mostrando la relación que tenían con la nueva cultura popular de masas, dándonos cifras sorprendentes que muestran cómo aquella cultura ilustrada se sentía cada vez más desplazada hacia una posición marginal. A. Prieto, por ejemplo, está trabajando la fólletería popular en base a géneros tradicionales que producía
cientos de miles de ejemplares alrededor de personajes como el malevo Juan Moreira; Montoya (1979) y M. Guercovich sobre la producción teatral popular desde el sainete al grotesco; B. Matamoro (1982) ha elaborado las complicadas mediaciones que debe transitar la música popular hasta constituirse en el « tango » nacional; en fin, los estudios de O. Bayer y S. García sobre la literatura anarquista muestran una dinámica que se opone directamente al proyecto vanguardista (3).[3]Los trabajos de A. Prieto, M. Guercovich, O. Bayer, S. García serán publicados en el informe del grupo de trabajo que investiga la literatura del Río de la Plata entre 1880-1940, actualmente en … Continue reading
Lo que queremos mencionar es que en este espacio metropolitano se puede percibir con bastante claridad los procesos de transformación del lenguaje literario vinculado a la búsqueda de que cumpla nuevas funciones sociales. Ese lenguaje, por un lado, continúa y reformula una tendencia global a afirmar la sociedad nacional desde un punto de vista moderno, capitalista, internacionalista. Pero, al mismo tiempo, aquello que asume de la cultura popular tradicional y de la cultura europea, le permite negar su identidad con la sociedad que se desarrollaba cotidianamente a su alrededor, diferenciándose de ella. Su horizonte de lo popular no es la cultura de masas que transforma rápidamente su antigua ciudad, sino el compadrito orillero (Borges), el gaucho que había despreciado y perseguido pero que ahora está a su servicio incorporado a sus estancias (Güiraldes) o las
zonas precapitalistas del interior (Lugones). Su horizonte de lo europeo tampoco es la revolución de Octubre, la ideología libertaria del
anarquismo, o la enorme renovación artística que trataba de superar los presupuestos del arte burgués de las vanguardias francesas, alemanas o italianas; sino los postulados decadentistas de fin de siglo, la fenomenología como una filosofía de la subjetividad, planteos esencialistas, reflexiones sociológicas como aquellas que insisten en la visión racista y discriminatoria de la nueva sociedad o que enfatizan la crisis de lo moderno (Ortega en La Rebelión de las Masas, o Spengler en La Decadencia de Occidente). ¿ Se trata, por lo tanto, de una manipulación literaria de lo latinoamericano y lo europeo, con que un reducido grupo marginal reelabora el mundo contemporáneo a partir de un sentimiento epigonal de la cultura del pasado ?
El caso Río de la Plata tiene un perfil excepcional para estudiar las formas de articulación literatura-sociedad porque es una formación social de asentamiento reciente, donde los procesos pueden ser observados en sus etapas de formación, expansión y crisis con contornos definidos. Los de México y Brasil presentan, en cambio, una gran complejidad porque reformulan situaciones sociales del pasado colonial donde se debe atender al modo en que surge lo moderno al mismo tiempo que se transforma lo tradicional no-occidental indígena o afro, y porque tienen diferencias entre muchas subregiones que se desarrollan a diferente ritmo histórico.

Sabemos poco, muy poco, sobre sus relaciones entre el espacio intelectual de vanguardia/ la cultura popular/la cultura hegemónica como para poder
interpretar sus transformaciones como una nueva forma de relación con la sociedad. Este es el problema que vamos a afrontar en la nueva etapa
de la investigación, donde quizás, si procediéramos con la misma metodología, sólo podamos progresar en la descripción del campo cultural complejo de cada espacio metropolitano. Contamos, sin embargo, con otro tipo de evidencias : la diferencia entre distintos proyectos literarios simultáneos cuando uno y otro, en la misma subregión, indudablemente rompen con la tradición nacional continuándola, y lo hacen de distinta manera, aunque uno y otro representen el punto más alto de la experimentación formal y de la modernidad literaria. ¿ Qué significa, por ejemplo, la diversa manera en que J. Rulfo y O. Paz se confrontan con la tradición literaria que los precede ? Uno y otro superan el tratamiento del mundo indígena o popular de la literatura de la revolución mexicana; uno y otro incorporan mitos universales para configurar la forma de los textos; ambos entablan una especial relación con el universo cognitivo popular no-occidental; uno y otro representan la renovación literaria más audaz de su espacio cultural : uno y otro, sin embargo, representan proyectos culturales tan diferentes, y establecen una relación tan opuesta con la « cultura universal » y con la propia cultura tradicional, que evidentemente tratan de cumplir diferentes funciones. Si apareamos, además, los casos de J. Rulfo-J. Revueltas-R. Castellanos por un lado, y los de O. Paz-Contemporáneos por otro, ¿ podríamos hablar de distintos proyectos literarios simultáneos en cada espacio nacional ?

¿ Se puede proceder de la misma manera en el Brasil oponiendo, por ejemplo, las maneras en que configuran la identidad brasilera y la interpretan en el contexto del mundo internacional el grupo de vanguardia modernista y el del Noreste (J.L. Lafetá 1974, J.H. Decanal 1978, C. Azevedo 1983) ? ¿ O, en Cuba, los proyectos artísticos de J. Lezama Lima y el de A. Carpentier ?

3. La comparación de los tres cotos representativos.

El caso metropolitano nacional ha sido el menos investigado con esta perspectiva y, probablemente, es el que ofrece mayores dificultades de interpretación. Nuestra experiencia, cuando lo hemos sometido a la discusión en la que participaban sólo especialistas de esa literatura, ha sido bastante negativa. Sólo un método comparativo puede aclarar en qué medida intervienen aquellas dos variables culturales  cultura europea, cultura latinoamericana no integrada para configurar eí proceso de producción del nuevo sistema. No hay duda de que los grupos productores, y cada uno de los grandes artistas, los someten a un proceso de selección y transformación. Quizás el contraste con otros procesos ajenos a la experiencia del
investigador sea el único camino para relativizar lo que acontece en el propio espacio nacional y reinterpretar sus posibles funciones. Esté es el
sentido de la comparación de estos casos con aquellos otros del Caribe articulados a metrópolis europeas, y latinoamericanos articulados a espacios tradicionales no integrados a la cultura nacional. Sin pretender ahora rigor teórico, esbocemos cómo se puede realizar este nuevo nivel de análisis a un grado más alto de abstracción de tal manera que la visión del fenómeno global nos permita reinterpretar el significado de los procesos parciales en el desarrollo cultural de toda la región. Vamos a ilustrar esta perspectiva con dos ejemplos. Uno se refiere a la articulación con la cultura europea y otro a la latinoamericana. En ambos casos trataremos de mostrar que esa nueva relación influye decididamente en la reformulación de distintas
funciones sociales.
3.1. Tratemos de imaginar un discurso teórico en donde se de razón la manera en que interviene la relación con la cultura europea en la estructuración del lenguaje literario de A. Cesaire/M.A. Asturias por un lado, y los de J.L. Borges/J. Lezama Lima por otro. Ambos grupos de casos se caracterizan por una serie de rasgos suficientemente opuestos como para juzgar que representan fenómenos diferentes : pertenecen físicamente a distintos espacios intelectuales (metrópolis europeas = París los primeros, metrópolis nacionales = Buenos Aires/La Habana los segundos); elaboran materiales literarios irreductibles (negritud y cultura mesoamericana no occidental unos, acumulación de la herencia cultural occidental los otros); conciben la
práctica literaria como distintas maneras de práctica social (participación histórica en la superación de los conflictos de su sociedad de origen y de la sociedad mundial, los que viven en París; marginalidad y no-identidad con la masa popular local, desinterés por los problemas mundiales contemporáneos, los que producen en América Latina); y elaboran sus lenguajes con la intención de que cumplan distintas funciones (configurar la conciencia colectiva y reformular la experiencia histórica de las culturas sometidas por la expansión occidental, los que se identifican con lo oprimidos; desarrollo de la conciencia subjetiva marginal reelaborando la herencia tradicional occidental, los que se identifican con Europa).
A partir de estas evidencias, que si pueden ser discutidas por separado ofrecen un suficiente nivel de certeza tomadas en conjunto, se puede preguntar cuál es la manera en que interviene la nueva relación con la cultura europea en la constitución de un nuevo lenguaje literario latinoamericano, y cuál es el significado de esta transformación en la historia cultural de la región. No basta referirse a « toda » la literatura contemporánea como participando de un proceso global de internacionalización, donde juega un papel fundamental la nueva articulación a la cultura europea. Se trata de distintas articulaciones, de diferentes procesos de producción y de funciones relativamente opuestas. Los caribeños se articulan a la contemporaneidad europea, y en particular a aquel horizonte cultural que Toynbee define ¡como « heterodoxo » porque representa una alternativa al
sistema hegemónico (Rama 1982a), y combatían « contra » la cultura europea tradicional participando en la producción de una nueva
cultura mundial. Desde Europa logran impugnar la legitimidad de todo el proceso histórico que se desarrolló bajo su dominio, y reinterpretan,
con la perspectiva de los pueblos y las culturas dominadas y hasta ahora despreciadas por el centro hegemónico, el sentido del hombre
y las posibilidades de desarrollo histórico de la humanidad. En los segundos, está ausente tanto el horizonte cultural europeo contemporáneo como toda esta agenda de problemas mundiales que los universaliza. Cuando J.L. Borges, por ejemplo, menciona lateralmente dramas históricos como el fascismo, la persecución del pueblo judío o la experiencia de la periferia colonial, los elabora como pretextos para el tratamiento de problemas intemporales o destinos humanos. Selecciona, en cambio, aquel segmento de la cultura tradicional que trata cuestiones fuera de la historia, o que acentúan un sentimiento escéptico de la existencia (Schopenhauer, el último Nietzsche, el Obispo Berkeley, Hume, la Cabala, Plotino, Orígenes).

Hay evidentemente una apropiación de toda esta cultura, una reelaboración de sus temas como si el sujeto productor se instalara en aquel universo sintiéndolo como propio, moviéndose con entera libertad o, aún, con mayor espontaneidad que los mismos europeos. Este procedimiento hace estallar los presupuestos que controlaban esta relación con la cultura europea en todos los períodos precedentes. Pero, ¿ cuál es el significado de esta apropiación e identificación, con las posibilidades de desarrollo histórico de la cultura y la sociedad latinoamericanas ? Este desarrollo de la conciencia subjetiva a partir de una selección tan drástica que reduce lo europeo y lo « universal » a ciertos sentimientos disolventes de todo lo histórico : ¿ representa una expansión de la cultura latinoamericana hacia la cultura mundial ? ¿ o una reinterpretación epigonal de la cultura europea tradicional realizada desde la periferia latinoamericana por quienes se sienten identificados con una Europa que ya no existe y, por lo tanto, expresa una crisis de identidad ?
3.2. ¿ Cómo incide una nueva relación con las culturas populares no occidentales, o no integradas al capitalismo, en la constitución de los nuevos lenguajes literarios ?
En la comparación anterior ilustramos los procesos de producción literaria de artistas directamente articulados a espacios intelectuales de una metrópoli europea, con otros que se identifican con una nacional. Para observar esta segunda relación con la cultura tradicional, contrastemos casos que desarrollan su producción dentro de América Latina : O. Paz/M, de Andrade por un lado (México y Brasil) y J.M. Arguedas/A. Roa Bastos (Perú y Paraguay) por otro. Un lugar común de la crítica interpreta el desarrollo de su lenguaje estético por la necesidad de reelaborar la identidad nacional, o latinoamericana. La investigación de los últimos años, sin embargo, insiste cada vez más en la diferencia entre el proyecto artístico y las funciones
sociales de los escritores que surgen en espacios latinoamericanos donde todavía están vivas formas culturales no-occidentales, y que tratan de elaborar la situación global de la sociedad a partir de su experiencia y con su propia visión del mundo. Para decirlo con A. Cornejo Polar (1978), esto significa tratar de vincular culturas heterogéneas, donde la experiencia existencial de una cultura oprimida aparece « traducida » y reformulada en un sistema literario que se desarrolló tradicionalmente como una institución del sistema hegemónico.

Esta renovación artística implica una nueva social : no se trata de « referirse » a la identidad social de la nación, sino de confrontarse con la contradicción más aguda que la define históricamente. Esta nueva literatura se constituye a partir de la situación global de una sociedad estructurada en base a la dominación social, racial y económica de un sector de la población identificado con la metrópoli conquistadora, sobre una amplia masa de población productora de otra cultura. Esta situación es el problema más grave heredado de la época colonial, todavía irresuelto en la época nacional
y percibido de una manera especialmente crítica a la luz de los procesos mundiales revolucionarios, la agudización de nuevas formas de penetración imperialista, o el derrumbe de imperios coloniales.

Se trata no sólo de la producción de un nuevo lenguaje, sino de la tentativa de liquidar toda una época histórica, de allanar un abismo y de fundar una nueva sociedad. La pretensión de cumplir esta nueva función que no tememos llamar « social revolucionaria » a pesar del aparente contenido ideológico del concepto  implica también una nueva forma de producción literaria. Por primera vez en la historia del desarrollo cultural del continente, la cultura oprimida aparece como el elemento dominante de un sistema producido con la intención de que sea legítimo para toda la sociedad. Y por esto es muy posible que cada vez más este fenómeno será interpretado, no sólo como una característica de los procesos generales de mestizaje que
son propios de América Latina (Grossmann 1972), ni como un nuevo estadio de contaminación entre dos culturas (A. Rama 1982b) sino como una confrontación, o una revolución. Quizás, sea éste el único camino para dar razón de la nueva forma estética que se nos propone, y del nuevo horizonte en el que reinterpretan la sociedad y la historia latinoamericanas en el contexto mundial (Lienhard 1981).
Si esto es así, nos encontramos con un proceso literario muy particular (a donde se podrían incluir los impresionantes Cien Años de Soledad, Pedro Páramo o Hombres de Maíz) que debe ser diferenciado de los proyectos estéticos y de las funciones sociales de los autores de vanguardia pertenecientes a las metrópolis cosmopolitas. No es el momento de proponer conceptos rigurosos para caracterizar uno y otro proceso, pero si los primeros significan una decidida ruptura con el proceso cultural que viene desde la coloniay por lo tanto un desarrollo cualitativo inédito, ¿ siguen los otros encerrados en los límites por donde ha progresado la cultura europea tradicional cuando se ha confrontado con la experiencia latinoamericana ? En los teólogos del siglo XVI, en los humanistas de las décadas siguientes o en los enciclopedistas del siglo XVIII, el contacto con la experiencia latinoamericana produce un efecto de « shock » que pone en cuestión el horizonte europeo tradicional y abre un espacio para su desarrollo dialéctico. De hecho, la utilizan para problematizar el pretendido « universalismo » de la cultura hegemónica vinculada a la legitimación del poder, y elaborar las contradicciones de la sociedad bajo las nuevas estructuras desarrolladas por el capitalismo : las denuncias del P. de las Casas, utopías como la de Tomás Moro, la actitud contestaria de Rousseau o la nostalgia de Chateaubriand posiblemente ilustren una tendencia que culminará en la moderna
manipulación de ciertos elementos africanos, orientales o latinoamericanos que caracteriza a las vanguardias internacionalizadas del período de entre guerras. Se trató, a lo largo de siglos, de establecer una nueva relación con la cultura hegemónica pero dentro de ella, es decir de introducir elementos de su periferia para desarrollarla superando la cristalización de formas culturales que ya pertenecían al pasado. Considerando este proceso en su globalidad, podemos preguntarnos cómo interpretar el proceso de producción y el significado social de las renovaciones vanguardistas de O. Paz o de M. de Andrade. Uno incorpora elementos de la cosmovisión azteca precolonial y del horizonte oriental, y elaborando aquellos mitos replantea el
problema de la identidad nacional y, más allá, la del hombre universal. Otro observa y reproduce lo nacional a partir de un lenguaje y una mirada amazónica primitiva, que es una creación artística originalísima.
¿ Cómo intervienen la experiencia social latinoamericana en su modo de producción literaria ? ¿ Qué función social tratan de cumplir ? Estética y colectivamente, ¿ tienen las características revolucionarias de los anteriores ? Si son diferentes  aunque ambos sean renovadores  ¿ cuáles son los rasgos que especifican uno y otro proyecto ?
No es el momento de responder estas preguntas que, precisamente, constituyen el problema de la investigación. Sólo queremos dejar en claro que este esfuerzo analítico alrededor de las formas de articulación a los espacios sociales, de la producción de lenguajes y de las funciones de los sistemas, pretende fundar científicamente la interpretación de estos procesos en el contexto del desarrollo de la cultura latinoamericana, y del significado  o los significados de su inserción en la cultura mundial. Quizás entonces sea posible superar las ambigüedades que implican aquellas generalizaciones de la
crítica contemporánea que, más que iluminar el sentido de estos procesos, parece empeñarse en encubrirlos. ¿ No es una desmesura utilizar conceptos como « definición de identidad », « universalismo », « modernidad » para toda esta literatura ? Una cosa, por ejemplo, es articularse a los espacios culturales populares contemporáneos que se mantienen al margen del contexto nacional hegemónico y, desde ellos, con su lenguaje y su interpretación de los acontecimientos, asumiendo la perspectiva popular que acumula una secular experiencia histórica de opresión, dar una contraversión de la identidad de la sociedad global; y otra cosa es « utilizar » elementos de esa cultura deshistorizándola, y reelaborarla estéticamente para que le sea posible expresar la « moderna » identidad nacional hegemónica en un nuevo período de estabilización, o para justificar la ideología del
mestizaje como referida a una sociedad que habría superado la herencia colonial, o para autoidentificarse como perteneciente a la « modernidad vanguardista » internacional. ¿ Por qué se oculta que los primeros asumen como propia la cultura popular y, con ella y desde ella, reinterpretan de tal manera la realidad global que proponen una contracultura; mientras los segundos se incorporan a la cultura hegemónica y la sienten como propia, y desde ella y con sus medios expresivos, ven la propia realidad desfigurándola como para que pueda ser una voz más en un armónico conjunto sinfónico internacionalizado ?
También esta nueva etapa del desarrollo cultural latinoamericano reproduce su constante contradicción. Es y quiere ser europea, y no lo es plenamente; es y quiere ser una alternativa a la dominación de los países centrales, y este es un proyecto siempre reenunciado y todavía sólo visible en el ámbito de la utopía. No hay « una cultura » latinoamericana, sino una tensión contradictoria que, en permanente equilibrio inestable, la define. Posiblemente sea esa misma contradicción la que define también su nueva etapa en que se internacionaliza y, arrastrando su conflicto secular, lo reproduce en el contexto mundial.
El lector puede percibir a dónde queríamos llegar con esta ya demasiada extensa declaración de principios. No es fácil fundar científicamente la interpretación de un proceso cultural y articularlo al proceso histórico global. Se trata de una producción de conocimientos y, al mismo tiempo, de una toma de conciencia que se quiere apoyar en la investigación científica. Quizás esta pretensión sea desmesurada dada la penuria en que se encuentra la reflexión científica cuando se enfrenta con fenómenos que la superan, a los que no se ha atrevido a constituir en objeto de interrogación crítica. Porque en verdad, se trata de redefinir cuál es la identidad de América Latina sin negar la evidencia constitutiva : su relación con Europa y su
pertenencia al mundo hegemónico desde su integración a la historia mundial. Su cultura se ha visto forzada, desde su origen colonial, a desarrollarse como periferia de aquel otro universo que, por la violencia, se constituyó en sujeto de su historia. Si esto es así, hay que preguntarse francamente si este desarrollo cultural no significa otra cosa que la internacionalizado]! resignada de esa situación como si ella constituyera su destino definitivo; si sólo es un fenómeno periférico, epigonal y repetitivo de los caminos transitados por la propia Europa; o si además de todo ello, revelando al mundo las vibraciones de un espíritu que quiere ser sujeto y conciencia de su propia historia, no refulge de tanto en tanto un lenguaje cultural que redefine
inéditamente su posible identidad, desafiando una y otra vez todas las evidencias empíricas y todos los discursos culturales que se la niegan. Y quizás por esta gigantesca e imposible redefinición de sí mismo y de su mundo, es decir de la historia global del mundo contemporáneo, puede resonar como un eco en la conciencia de todo el universo. Aunque el tono cada vez más profético de estos lenguajes no logren sino formular, como José María Arguedas (4) [4]« Ultimo diario », El Zorro de arriba…, Losada, Buenos Aires, 1971 M. antes de morir, la esperanza en forma de agonía, o como Gabriel García Márquez (5), [5]« La soledad de la América Latina », conferencia pronunciada con motivo
nd«e l1 3P7r e: m3i-o5. Nobel
traten de proclamar el tamaño de nuestra desesperada soledad.

 

BIBLIOGRAFÍA DE AUTORES CITADOS

  • Altamirano, Carlos y Sarlo, Beatriz, 1982. — «La Argentina del Centenario : campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos» Uispamérica,25-36.
  • Azevedo, Carlos, 1983. — « Literatura e praxis social no Brasil : o romance nordestino de 1930», Revista de Critica Literaria Latinoamericana(Lima), IX, 17 : 89-104.
  • Bader, Wolfgang, 1982,. — « Von der Allégorie zum Kolonalstück — Zur produktiven Rezeption von Shakespeares The Tempest in Europa,Amerika und Afrika», Arbeitspapier Universitat Bayreuth; Poética, 1983 (en preparación).
  • ídem, 1982b. — « Asthetische Ortsbestimmungen eines karibischen Autors— Zum Werk von Edouard Glissant », Arbeitspapier Universitat Bayreuth; Festschrift für Gustav Siebenmann (Titus Heydenreich éd.),Erlangen, 1983 (en preparación).
  • Bader, Wolfgang y Janos, Riesz (edit), 1983, — Literatur und Kolonialismus I. Die Verarbeitung der kolonialen Expansion in der europãischen Literatur. Frankfurt/M., Bern, 1983.
  • Bareiro Saguier, Ruben, 1972. — « Encuentro de culturas », América Latina en su Literatura (C. Fernández Moreno éd.), México, Siglo XXI, 1974a : 21-40.
  • ídem, 1976. — « Trayectoria narrativa de Augusto Roa Bastos », TextoCritico (Veracruz), II, 4 : 3646.
  • Idem, 1979. — «Niveles semánticos de la noción ‘Personaje’ en las novelasde Augusto Roa Bastos, Semiosis (Veracruz), 3 : 21-33.
  • Bremer, Tomas, 1982. — «Die erzahlte Stadt am Rio de la Plata.Montevideo, Buenos Aires und der Ursprung des lateinamerikanischen stadtischen Sozialromans ». Stadt und Literatur (W. Haubrich éd.), Gottingen, Vandenhoeck & Ruprecht, pgs. 69-87.
  • Cornejo Polar, Antonio, 1978. — « El indigenismo y las literaturas heterogéneas : su doble estatuto socio-cultural », Revista de Critica Literaria Latinoamericana (lima), VI, 7-8 : 7-21.
  • Candido, Antonio, 1968. — Introducción a la literatura de Brasil, Caracas, Monte Avila.

Tiré du texte de: Alejandro Losada, Frete Vniversitãt Berlin.

References

References
1Estas notas dan a publicidad un documento de trabajo elaborado para que sirva de base a la discusión sobre el significado de los procesos de Ínternacionalización de la literatura latinoamericana en el desarrollo literario de la región entre 1780 y 1970. Un resumen de proyecto global en Losada (1981). La recopilación de los modelos de investigación en Losada (1981,) y (1981b). El modelo de periodización en Losada (1983J y (1983^. Se ban organizado grupos de trabajo en el Lateinamerika-Institut de la Universidad Libre de Berlín y, a nivel europeo, en la Asociación de Estudios de Literaturas y Sociedades de América Latina (AELSAL, con sede en Neuchátel). La discusión internacional se realiza en el marco de un Workshop permanente en las reuniones del Latin American Studies Association (LASA) desde 1980.
2A. Candido 1968 : 36-37 y 80-81.
3Los trabajos de A. Prieto, M. Guercovich, O. Bayer, S. García serán publicados en el informe del grupo de trabajo que investiga la literatura del Río de la Plata entre 1880-1940, actualmente en preparación.
4« Ultimo diario », El Zorro de arriba…, Losada, Buenos Aires, 1971 M.
5« La soledad de la América Latina », conferencia pronunciada con motivo
nd«e l1 3P7r e: m3i-o5. Nobel
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