Las Casas en el mundo actual

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Resumen: La actualidad de las ideas y de la de Las Casas sigue vigente a través de más de cuatro siglos de historia de América. Análisis de las doctrinas lascasianas contemplando los aportes más recientes de la investigación y en estrecha relación con dicha actualidad.

Sorprende a quien se acerca a la huella que ha dejado Bartolomé de Las Casas en la historia, la rapidez y la amplitud con que se propagaron las controversias que su personalidad y su obra suscitaron en el Antiguo Mundo y en el Nuevo, y la virtud de resurrección que han guardado para volver a influir cuando las circunstancias así
lo han reclamado.
Todos sabemos que el alma era de fuego y que fray Bartolomé estaba poseído, como escribió su admirador mexicano Agustín Yáñez, de una santa furia. Los temas de que trataba no eran apacibles : la conquista de los indios, su tratamiento por los colonizadores, la introducción de los esclavos africanos, las relaciones entre el poder
espiritual y el temporal, entre el clero secular y las órdenes, entre frailes de unas y otras órdenes. El poder español en el Viejo Mundo y su expansión más allá de los mares importaban a portugueses, italianos, franceses, holandeses e ingleses. La reforma religiosa había dividido a la cristiandad occidental en bandos violentamente
opuestos. Es comprensible que en un mundo que presentaba tales características, la vehemente censura que Las Casas enderezaba a la acción de sus compatriotas hallara oídos prestos a acogerla y plumas, traductores e impresores dispuestos a difundirla. Así nace la consabida leyenda negra cuyos ecos nunca se han apagado del todo. Y se explica el incendio del siglo XVI que crepita desde México hasta el Perú. Desde Lisboa hasta Milán y Venecia, París, Amsterdam y Londres. Tal vez algo afloja después de la Paz de Westfalia, a medida que el poder español va decayendo. Pero resurge en ocasiones posteriores, y la actualidad y la utilidad de Las Casas no se olvidan cuando los escritores de la Ilustración vuelven a repasar los temas de la conquista y colonización del Nuevo Mundo, mezclando nuevos puntos de vista con antiguas pasiones.
De ahí se pasa a la insurrección de las colonias españolas a partir de 1808, en relación con los episodios de las guerras napoleónicas. Y este nuevo y grande incendio reclama otra vez la figura y la obra de Las Casas, para ayudar a los insurgentes a demostrar que la dominación española fue dañosa y que debía terminar. Mier en México, Bolívar en Caracas y Jamaica, Funes en Córdoba de Tucumán, tienen como libros de cabecera los de fray Bartolomé, y Llórente aviva su recuerdo como liberal español desterrado en Francia. Es distinto incendio pero no menos grande y violento que el de los siglos anteriores.

¿ Habría ya llegado el momento de reposo para la imagen del gran batallador hispano ? Sería prematuro pensarlo así.

El mundo contemporáneo ha visto desenvolverse el proceso histórico de la descolonización en varias partes de la tierra, al lado de la crisis política y social que afecta a los países interiormente, la división económica del Norte y del Sur del mundo, y la confrontación de los bloques del este y el oeste. En medio de esas convulsiones no se ha dejado de recurrir de cuando en cuando al recuerdo lascasiano. Es lo que vamos a mostrar a continuación por lo que toca a la colonización, la doctrina política,
y la libertad frente a los vestigios de la servidumbre. La colonización.  Miraba no hace mucho tiempo en las vitrinas de una librería parisina un libro que llevaba por título : « El anticolonialismo europeo, de Las Casas a Karl Marx ». Bien, me dije, a tono con las observaciones anteriores : he aquí a nuestro héroellamado de nuevo a prestar servicio, como cada vez que hay grandes causas en disputa por el mundo.
Parece evidente de primera intención que fray Bartolomé, el gran censor de la colonización española en el Nuevo Mundo, sería necesariamente anti-colonialista. De suerte que el movimiento contemporáneo que ha llevado a la emancipación de las colonias podría contarlo entre sus grandes precursores.

Sin embargo, es deber de los historiadores situar a las personalidades en su tiempo y conocer bien los términos en los que entonces se planteaban las cuestiones que siguen interesando al presente. En el título de la obra citada no puede confundirse el lugar que corresponde a Las Casas, religioso del siglo XVI, con el de Marx, teórico
económico y dirigente revolucionario del siglo XIX. No ignoramos las razones ni los sentimientos por los que se presenta a fray Bartolomé como iniciador del anti-colonialismo cuyo impulso llega hasta nuestros días. Ya los escritores de la Ilustración emplearon su figura de manera semejante. Pero no sobra que puntualicemos históricamente la situación en que se hallaba el gran dominico español y los fines que perseguía.
Las Casas admite las bulas del papa Alejandro VI que conceden a los reyes de España el dominio de las Indias Occidentales, pero las interpreta como un encargo que obliga al poder temporal español a poner sus recursos al servicio de la conversión religiosa de los hombres recientemente hallados, conservando las soberanías y
posesiones de éstos en una arquitectura política que llama de cuasi-imperio, manteniendo su libertad y el derecho a sus posesiones, y atrayéndolos a la fe por la vía de la persuasión y no de la fuerza, como predicaron Cristo y sus apóstoles.
No vamos a entrar aquí en el desarrollo de la polémica sobre el dominio español en el Nuevo Mundo y la predicación del Evangelio a sus habitantes, porque es materia larga que nos apartaría de nuestro propósito actual. Bástenos recordar que cuando al témino de la disputa de 1550-51 en Valladolid con el doctor Ginés de Sepúlveda, se
pregunta a Las Casas « qué es lo que a su parecer sería lícito y expediente », contesta que en las partes que no hubiese peligro, propio de la forma evangélica era entrar solos los predicadores y los que pudiesen enseñar a los naturales buenas costumbres conforme a la fe cristiana, y los que pudiesen con ellos tratar de paz. Y donde se
temiese algún peligro, convendría hacer algunas fortalezas en sus confines, para que desde allí comenzasen a tratar con ellos, y poco a poco se fuese multiplicando nuestra religión, y ganando tierra por paz y amor y buen ejemplo. Y ésta dice que fue la intención de la bula de Alejandro VI y no otra, según lo declara la otra de Paulo (tercero), conviene a saber, para que después de cristianos fuesen sujetos a Su Majestad, no cuanto ad dominium rerum particularium, ni para hacerlos esclavos ni quitarles sus señoríos, sino sólo cuanto a la suprema jurisdicción, con algún razonable tributo para la protección de la fe y enseñanza de buenas costumbres y buena gobernación, según se asienta en el valioso sumario de la controversia debido a la pluma de fray Domingo de Soto, O.P.
Ahora bien, no obstante la finalidad religiosa que Las Casas asigna a la penetración española en el Nuevo Mundo, ya se ha visto que al lado de los predicadores admite que entren los que puedan enseñar buenas costumbres a los naturales y tratar con ellos de paz. Junto a la enseñanza de la fe habrá asimismo la de buenas costumbres y buena gobernación. Es decir, existe un aspecto temporal en el proyecto de colonización de Las Casas, y se cuenta con documentación suficiente para comprender el carácter que tendría. Siempre ceñidos al canon de brevedad que conviene a este ensayo, escogemos un pasaje de su Historia de las Indias, lib. Ill, cap. CU, donde recomienda : « enviar verdaderos pobladores, conviene a saber, gente labradora que viviese de cultivar tierras tan felices como éstas, las cuales de su propia voluntad concedieran los mismos naturales pobladores y dueños de ellas, que eran los indios, y los unos se casaran con los otros, y de ambas se hiciera una de las mejores repúblicas, y quizá más cristiana y pacífica del mundo, y no enviar indiferentemente a todo género de personas desalmadas, que las robaron, destruyeron, etc. ». Es decir, como observó bien Marcel Bataillon, no prescinde Las Casas por completo del esquema de la colonización, sino que recalca el carácter pacífico e instructivo que ha de tener, con buenos y llanos colonos que no rehusen casarse con la gente nativa, para hacer una república mejor.
De cierta manera vaticina Las Casas la unión por el mestizaje que caracterizaría a la población de la América Latina hasta llegar a la teoría de la raza cósmica propuesta por el filósofo y educador mexicano José Vasconcelos en nuestro siglo.
La doctrina política. Tanto en el siglo XVIII como en el siguiente, fueron numerosos e importantes los pensadores que descubrieron la riqueza del ideario político de Las Casas y los gérmenes precursores de la organización democrática que en él se encuentran.
Hemos explicado en otra obra sobre Las instituciones jurídicas en la conquista de América (segunda edición, 1971, p. 65 y ss.), que Las Casas supone que cuando los indios, por su propia voluntad, han aceptado la fe, se actualiza el derecho de dominio concedido por las bulas papales a los Reyes de España, y quedan en calidad de vasallos sin necesidad de nueva manifestación de su voluntad por lo que respecta a la jurisdicción temporal. Entonces los antiguos señores indios dejan de ejercer sus gobiernos por derecho propio para considerarse ministros de la realeza española. Mas esa dominación no es para Las Casas de índole política únicamente sino que constituye un medio conveniente y necesario para la extensión de la fe cristiana, o como él mismo decía : « esta (donación) no la hizo ni hace ni la debe hacer el Sumo Pontífice principal y finalmente por conceder gracia ni aumentar con honra y más títulos y riquezas los Estados a los príncipes cristianos, sino principal y finalmente por la dilatación del divino culto, honor de Dios y conversión y salvación de los infieles, que es el intento y final intención de… Jesucristo; antes se les impone carga y oficio peligrosísimo del cual han de dar estrechísima cuenta en el fin de sus días ante el juicio divino. Por manera que más es la dicha donación y encomienda para el bien y utilidad de los= infieles, que no de los cristianos príncipes ».
Además, la soberanía de los señores indígenas no desaparece sino que se funde con la del monarca cristiano. Las antiguas jurisdicciones de los naturales subsisten amparadas por el derecho natural, y la superior y nueva de los Reyes Católicos se sobrepone a modo del poder que en Europa tuvo el Emperador del Sacro Imperio, que fue compatible con la soberanía de los príncipes que estuvieron bajo su jurisdicción.
Con respecto al poder regio todavía conviene observar que Las Casas, en ocasión de la contienda que hubo alrededor de las Leyes Nuevas de 1542-43, afinó su pensamiento sobre el requisito de la voluntad de los indios que sería necesario para quedar sujetos al dominio español. En un Memorial de fines de febrero de 1543 propuso que, « para asentar en aquellas gentes y tierras los derechos reales de vuestra majestad jurídica y seguramente y para que sean perpetuos y suaves », se mande examinar si el camino para ello ha de ser que los religiosos, con los oficiales del rey o las personas sabias que las audiencias señalen, contraten entre el emperador y los señores y caciques y pueblos de manera que todos consientan de su propia voluntad y con libertad sujetarse a su majestad y pacten los tributos y derechos y rentas reales moderados que han de dar al rey.
Quedaría a las comunidades el goce de salinas, metales, alumbres, puertos y otras cosas semejantes en que se suelen constituir los derechos reales, y para ello el rey revocaría las mercedes hechas a personas particulares.
En « Algunos principios » incluidos en los Tratados de 1552, puntualiza Las Casas (tomo II, p. 1253), que en el libre consenso del pueblo o en el acuerdo de toda la multitud tuvieron su origen y principio los reyes y gobernantes de los pueblos y toda la jurisdicción. Al superior le fue cometida la autoridad suprema por el pueblo. Todo jefe espiritual o temporal de cualquier multitud está obligado a ordenar su régimen al bien común y a gobernarla de acuerdo con su naturaleza (p. 1257). El libre es causa de sí mismo y no depende de otro. Como el régimen de cualquier comunidad de hombres libres ocurre respecto de hombres libres, la consecuencia es deber ordenarse al bien y utilidad de éstos (p. 1259). El tirano ordena su régimen a su propia utilidad (p. 1265). Todas estas naciones indias y sus pueblos tienen que ser regidas y gobernadas espiritual y temporalmente para su bienestar y por su causa (p. 1269). Todas estas naciones y pueblos son libres y también las tierras que habitan (p. 1271). Para que la fe les sea predicada y se conserven por medio de un gobierno justo y conveniente, la Sede Apostólica confió esos reinos y ese mundo a nuestros reyes y ellos así lo prometieron, promesa que se convirtió en pacto una vez que la Sede Apostólica la aceptó según derecho.
Bien conocida es la lucha de Las Casas no sólo contra la conquista por armas sino también contra la sujeción de los indios al señorío o la encomienda de los españoles.
Cuando procura la expedición de las Leyes Nuevas de 1542-43 por Carlos V, argumenta que el fin y la razón de la concesión de las Indias por la Sede Apostólica fue la conversión de los indios, y por consiguiente parecía haber elegido tácita y expresamente la dignidad e industria de las reales personas. Por tanto, los reyes de Castilla no
pueden abrir mano de la dicha real industria y cuidado y providencia, cometiendo y traspasando a ningún particular jurisdicción alguna alta ni baja, ni fiarlas de ninguno aunque sea sin jurisdicción, sacándolas ni desmembrándolas por alguna vía o manera de la dicha Corona Real de Castilla y León, o no sacándolas, así como encomendándolas para que alguno tenga dominio y señorío inmediato por sí sobre ellas, aunque los reyes reserven para sí la jurisdicción y dominio universal y supremo, y también la jurisdicción baja o inmediata. Porque cosa tan grande y de tan gran importancia (como son las Indias Occidentales), y donde tanto se puede arriesgar, no es justo ni posible que se fíe de otro que no sea rey.
Esta línea del pensamiento de Las Casas no logró la supresión de la encomienda pero sí su limitación por el poder real y con ello una mayor protección para los indios encomendados. Las Casas cumplía así su función de protector de los indios y se atrajo por ello la enemistad de los encomenderos y el reconocimiento de los naturales.
Luciano Pereña, al editar el tratado De Regia Potestate que estima, con apoyo de útiles cotejos, ser auténtico de Las Casas (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1969), al cual añade el título de « Derecho de Autodeterminación », pone énfasis en la proposición de que : « Ningún Estado, ni Rey, ni Emperador puede enajenar territorios ni cambiar su régimen político sin consentimiento expreso de sus habitantes » (p. CXIV del Estudio preliminar). Esa afirmación formaría parte del bagaje ideológico con el cual atacaba Las Casas la concesión de encomiendas por el rey español en favor de particulares. Pero como dice el editor del tratado, llega fray Bartolomé a proclamar el derecho de autodeterminación : o sea que la cesión de territorios o de poblaciones no es jurídicamente posible sin que los gobernantes consigan previamente el consentimiento libre del pueblo y de los ciudadanos directamente afectados. Mas siendo esto así, Las Casas se vería en el caso de afirmar, por lo que toca al título de los reyes de España a las Indias, que « mientras los pueblos de aquel mundo de las Indias, con sus reyes, no consientan libremente en la citada donación papal, hecha en favor de nuestros Reyes, la ratifiquen y les entreguen la posesión, sólo tienen un título, esto es, una causa para conseguir el supremo principado sobre dicho mundo y un derecho a los reinos y a su supremacía o dominio universal, el cual nace del título, pero no tienen derecho sobre ellos ».
Luego si nuestros Reyes tienen la concesión papal y carecen del consentimiento y aceptación voluntaria de tal donación por parte de aquellos pueblos, les falta el derecho más principal (p. CXXXVII, esto se encuentra en el tratado De thesauris, pág. 284). Asimismo agrega fray Bartolomé que, una vez conseguido el consentimiento voluntario de los pueblos y de sus reyes por el cual la designación y donación papal a nuestros reyes les sea grata y la ratifiquen y acepten, es necesario hacer un contrato entre los embajadores de nuestros reyes y aquellos pueblos y sus jefes políticos sobre el modo de gobernar, y además una convención sobre la forma de sumisión y los tributos que se deben prestar, confirmándolo todo con juramento (mismo tratado De thesauris, pág. 278). De suerte que es fácil hallar en la doctrina política lascasiana varios elementos que atraerían después la atención de los pensadores ilustrados y democráticos.
Libertad y servidumbre.  Nos queda por analizar la doctrina de Las Casas acerca de la libertad y la esclavitud, que ha sido una de las más controvertidas por los admiradores y contradictores de nuestro tratadista.
Antes de llegar a sus textos, digamos que los meritorios estudios del historiador belga Charles Verlinden sobre la extensión y la continuidad de las prácticas esclavistas en la Edad Media europea, en particular en el Mediterráneo, y al iniciarse la expansión de los navegantes ibéricos hacia las islas del Atlántico y las costas de Africa, han
contribuido grandemente a situar la posición de Las Casas en las Antillas y después en el continente americano con respecto a la servidumbre de indios y africanos.
La esclavitud no había desaparecido en los años tardíos medievales como lo creyeron los autores que la veían sustituida por la servidumbre feudal en virtud de la difusión del cristianismo. Lo cierto es, como se desprende de las investigaciones citadas, que de las comarcas eslavas se seguían extrayendo piezas que se distribuían por los puertos del Mediterráneo; al Africa del norte llegaban caravanas de oro y esclavos conducidas por los mercaderes árabes; y cuando portugueses y españoles se lanzaron a la navegación del Atlántico, cautivaban a los guanches de las Islas Canarias y a los habitantes de la costa occidental de Africa, y pronto Lisboa y el sur y levante de España se acostumbraron a contar con esos siervos. De otra parte, la extensión del cultivo del azúcar en las islas del Atlántico cercano y luego en las Antillas, estuvo acompañada de la importación de esclavos, que golpeaba severamente a las poblaciones del continente africano, y continuó después alimentando a las empresas del continente americano. Esta era la situación cuando nace Bartolomé de las Casas hacia 1484 en Sevilla, y debió conocer desde su infancia a cautivos de Levante, de Berbería, de Canarias y de Africa, entre los cuales había hombres y mujeres blancos, negros y cobrizos. En su temprana experiencia como colonizador en las Antillas  en medio de labranzas o conucos de yuca o mandioca, lavaderos de oro y crianzas de ganados hubo de tratar con gente de servicio antillana (indios de repartimiento y naborías) y con los caribes y otros nativos esclavizados por guerra y salteo de los colonizadores.
En ese ambiente ocurre también la conversión de Las Casas a la causa de la defensa de los indios después que oye el categórico y valiente sermón del padre dominico Antón de Montesinos predicado en 1511 en la Isla Española. Las preguntas fundamentales, según el propio Las Casas, eran « ¿ Éstos no son hombres ? ¿ Con éstos no
se deben guardar y cumplir los preceptos de la caridad y de la justicia ? ¿ Éstos no tenían sus tierras propias y sus señores y señoríos ? ¿ Éstos hannos ofendido en algo ? ». (Cfr. Las instituciones jurídicas…, cit., p. 45).
Las Casas combate la esclavitud de los indios porque no acepta la justicia de las guerras que se hacen contra ellos ni la licitud del llamado rescate que se apoyaba en la adquisición de piezas reducidas por los propios indios a servidumbre, pues pocos o ningunos esclavos había entre ellos, y el término esclavo entre los indios no
significaba lo mismo que entre los europeos. Muchas maneras de hacer esclavos entre los nativos eran ilícitas.
Como fue larga y ardua la lucha de Las Casas contra la esclavitud de los indios, fueron muchos los argumentos que empleó para convencer a la autoridad española de que debía suprimirla. Recordemos la alegría que siente fray Bartolomé cuando lee en la bula del papa Paulo III de 9 de junio de 1537, que los indios son capaces de recibir la enseñanza de la fe de Cristo; ellos y todas las demás gentes que de aquí adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque estén fuera de la fe de Cristo, no están privados, ni deben serlo, de su libertad ni del dominio de sus bienes, y han de ser atraídos y convidados a la dicha fe de Cristo (véase mi Filosofía de la conquista, tercera edición, México, Fondo de Cultura Económica, 1977, p. 87).
En el Memorial de 1543, pide Las Casas que el rey restituya a los indios « a su prístina y natural libertad » (cfr. mi obra acerca de Los esclavos indios en Nueva España, México, El Colegio Nacional, 1968 y 1981, p. 116).
Fray Bartolomé pedía a la corte desde la ciudad de Santo Domingo de la Isla Española, el 15 de septiembre de 1544, que se declarase que todos los indios herrados y por herrar eran libres (misma obra, p. 148). Al llegar a su Obispado de Chiapa en 1545, se reservó la absolución de ciertos casos de conciencia y por esta vía espiritual quiso
imponer el principio de la libertad total de los esclavos; los vecinos se alteraron y el Obispo tuvo que abandonar su diócesis (misma obra, p. 149).
Todavía en la Junta habida en la ciudad de México en 1546, logró Las Casas que los religiosos de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín, acordaran exigir para absolver en la confesión a los españoles, que los poseedores de esclavos los llevaran a examinar a la audiencia real conforme a las Leyes Nuevas (misma obra, p. 115).
En « Algunos principios » que incluye en los Tratados de 1552, sostiene Las Casas como Tercer principio (tomo II, p. 1249), que todo hombre se presume que es libre, si no se demuestra lo contrario.
Desde su origen todas las criaturas racionales nacen libres. La libertad es un derecho ingerido en los hombres por necesidad y por sí desde el principio de la criatura racional, y es por eso de derecho natural. La esclavitud es un acto accidental acaecido al ser humano por obra de la casualidad y de la fortuna (p. 1251). Es obra del
derecho secundario de gentes (p. 1253). El Tratado quinto de los publicados en Sevilla en 1552, versa sobre la materia de los indios que se han hecho en las Indias esclavos. Y propone que los indios que tenían los españoles, que llamaban ellos esclavos, se pusiesen todos en libertad por haber sido injusta e inicuamente hechos esclavos.
Junto a las razones de hecho y de derecho que presenta, no deja de afirmar que la libertad de los hombres, después de la vida, es la cosa más preciosa y estimable, y por consiguiente es la causa más favorable, y cuando hay duda en la libertad de alguno, se ha de responder y sentenciar en favor de la libertad. Las cosas odiosas se han de restringir y las favorables ampliar y hacerlas liberalmente (reedición de los Tratados hecha en México, Fondo de Cultura Económica, 1965, tomo I, p. 557).
Para Las Casas, Su Majestad es obligado de precepto divino a mandar poner en libertad todos los indios que los españoles tienen por esclavos (mismo Tratado, p. 495). Los obispos deben procurarlo con grande solicitud y diligencia. Los religiosos docta y santamente se concertaron de no absolver a español que tuviese indios por esclavos sin que primero los llevase a examinar ante la Real Audiencia, conforme a las Leyes Nuevas, pero mejor hicieran si absolutamente a ello se determinaran sin que los llevaran los amos a la Audiencia por las cautelas que podía haber en los procesos (p. 635).
Por lo que ve a la esclavitud de los africanos, es de recordar que Las Casas creyó, cuando estaba en las Antillas, ante el estado precario de la población indígena cercana a la extinción, que podría ser aliviada sustituyendo esa mano de obra por la que se importaba de Africa. (Ejemplos comparables se encuentran en el mundo antiguo
griego y en el imperio otomano).
Helen Rand Parish ha mostrado en su obra sobre Las Casas as a Bishop…, Washington, D.C., Library of Congress, 1980, p. XXXIX, que hacia 1543-44, todavía pensaba Las Casas en introducir dos docenas de esclavos africanos en su Obispado de Chiapa para sostener a los nuevos pobladores españoles y a los religiosos, dedicándolos a
sembrar labranzas de cazabe que se llaman conucos [reminiscencia antillana]. La autora cree con fundamento que solamente más tarde, quizás a partir de 1546 y ciertamente por 1552, llegó Las Casas a comprender la total injusticia de la esclavitud negra y se arrepintió de su opinión anterior (p. XXXIX).
Lo indudable es que el Arzobispo de México, fray Alonso de Montúfar, de la Orden de los Predicadores a la que pertenecía Las Casas, había escrito al rey de España con toda nitidez el 30 de junio de 1560 : « no sabemos qué causa haya para que los negros sean cautivos más que los indios, pues ellos, según dicen, de buena voluntad reciben el santo evangelio y no hacen guerra a los cristianos ». El ir a buscarlos aviva las guerras que tienen entre sí con objeto de hacer cautivos para vender. En cuanto a los beneficios corporales y espirituales que reciben a consecuencia de ser esclavos de cristianos, son contrarrestados por los daños mayores que se siguen de la separación de los matrimonios y familiares. Pide por esto el arzobispo que le sean aclaradas las causas del cautiverio de los negros para que deponga sus escrúpulos. « Plazerá a Nuestro Señor que, cesando este cautiverio y contratación, como hasta aquí han ido a rescatarles los cuerpos, habrá más cuidado de llevarles la predicación del santo evangelio con que en sus tierras sean libres en los cuerpos y más en la ánimas trayéndolos al conocimiento verdadero de Jesucristo » (‘)[1]Cit. en mi obra, La filosofía política en la conquista de América, México, Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 1977, p. 98, donde se recogen otras opiniones sobre el caso. Ver asimismo … Continue reading
En su Historia de las Indias, lib. 3, cap. 102, el propio Bartolomé de Las Casas explica que, efectivamente, propuso la introducción de negros para aliviar la condición de los indios, pero más tarde se arrepintió al advertir la injusticia con que los portugueses los tomaban y hacían esclavos, y desde entonces los tuvo por injusta y tiránicamente hechos esclavos, « porque la misma razón es de ellos que de los indios ». Si esta obra se hubiera publicado en vida de Las Casas o poco después de su fallecimiento en 1566, se habrían ahorrado muchas disputas y errores de escritores y lectores posteriores. Mas ahora ya contamos con los datos necesarios para comprender la evolución de su pensamiento (2)[2]Consúltese la buena edición de la Historia hecha por Agustín Millares Cario, con estudio preliminar de Lewis Hanke, en México, Fondo de Cultura Económica, 1951, en tres tomos. El Ms. autógrafo … Continue reading.
Al andar por la doble ruta anti-esclavista, indígena y africana, Las Casas nos deja dos admirables definiciones, una acerca de su concepción universal del hombre, otra sobre el valor fundamental de la libertad, que ya hemos recordado.
En la Historia de las Indias, lib. 2, cap. 58, recoge su famosa conclusión acerca de que : « todas las naciones del mundo son hombres y de cada uno de ellos es una no más la definición; todos tienen entendimiento y voluntad, todos tienen cinco sentidos exteriores y sus cuatro interiores, y se mueven por los objetos de ellos, todos se
huelgan con el bien y sienten placer con lo sabroso y alegre, y todos desechan y aborrecen el mal y se alteran con lo desabrido y les hace daño ».
A esta segura afirmación de la unidad del género humano añade, en el Prólogo de la Historia, por lo que ve al posible ingreso de todos en la grey cristiana, que : « Nunca hubo generación, ni linaje, ni pueblo, ni lengua en todas las gentes criadas y más desde la Redención, que no pueda ser contada entre los predestinados, es decir, miembros del cuerpo místico de Jesucristo, que dijo San Pablo, e Iglesia ».
Además cree en la capacidad de civilización de todos los pueblos incultos y en su posibilidad de contribuir al progreso de la humanidad, porque : « así como la tierra inculta no da por fruto, sino cardos y espinas, pero contiene virtud en sí para que, cultivándola, produzca de sí fruto doméstico, útil y conveniente; por la misma forma y
manera todos los hombres del mundo, por bárbaros y brutales que sean, como de necesidad, si hombres son, consigan uso de razón y tengan capacidad de las cosas pertenecientes de instrucción y doctrina; consiguiente y necesaria cosa es, que ninguna gente pueda ser en el mundo, por bárbara e inhumana que sea, ni hallarse nación que, enseñándola y doctrinándola por la manera que requiere la natural condición de los hombres, mayormente con la doctrina de la fe, no produzca frutos razonables de hombres ubérrimos ». Y le parece que, « aunque los hombres al principio fueron todos incultos y como tierra no labrada, feroces y bestiales, pero por la natural discreción y habilidad que en sus ánimos tienen innata, como los haya criado Dios racionales, siendo reducidos y persuadidos por razón y amor y buena industria, que es el propio modo por el cual se han de mover y atraer al ejercicio de la virtud las racionales criaturas, no hay nación alguna, ni la puede haber, que no pueda ser atraída y reducida a toda virtud política y a toda humanidad de domésticos, políticos y racionales hombres » (Prólogo de la Historia) (3)[3]Véase mi estudio sobre «Las Casas ante la doctrina de la servidumbre natural », incluido en Recuerdo de Bartolomé de las Casas, Guadalajara, Jalisco, México, Librería Font, 1966, pp. 19-48. … Continue reading.
Fue largo y penoso el recorrido de Las Casas por el campo antiesclavista, pero logró llegar a conclusiones justas y dejó simientes valiosas para quienes emprenderían después de él campañas parecidas.
La herencia histórica.  Nos queda por ver cómo fue recibido el mensaje de Las Casas en las postrimerías del siglo XVIII y a principios del XIX, porque de allá parte la apreciación de la modernidad del pensamiento político de fray Bartolomé, y en buena medida la imagen que de él tiene el mundo presente. El 13 de mayo de 1801, el ciudadano Gregorio, antiguo Obispo de Blois, miembro del Instituto de Francia, leyó en la sección de ciencias morales y políticas una apología de Las Casas. Se propuso demostrar que era calumniosa la imputación que se hacía a éste de que fue el inspirador de la introducción de esclavos negros en América.
Según el Obispo Gregorio, Las Casas estuvo al frente de algunos hombres generosos que, levantando la voz contra los opresores en favor de los oprimidos, votaban aquéllos a la venganza, e invocaban para éstos la protección de las leyes divinas y humanas.
Gregorio cree que Las Casas no pudo ser partidario de la esclavitud de los negros y que la imputación en tal sentido es calumniosa. Observa que Benezet, Clarkson, y en general los amigos de los negros, lejos de inculpar a Las Casas, le colocan a la cabeza de los defensores de la humanidad. Las Casas tuvo muchos enemigos : dos siglos
más tarde, habría tenido muchos más. Estuvo con los aventureros españoles que esclavizaban indios en las mismas relaciones que los amigos de los negros en Francia, de algunos años a esta parte, con los dueños de las plantaciones.
Las Casas, religioso como todos los bienhechores del género humano, veía en los hombres de todos los países los miembros de una sola familia, obligados a tenerse mutuamente amor, a darse auxilios y gozar de unos mismos derechos. Establece que lo que importa a todos, exige el consentimiento de todos; que la prescripción contra la libertad es inadmisible; que la forma del estado político debe ser determinada por la voluntad del pueblo; porque él es la causa eficiente del gobierno, y que no se le puede imponer carga alguna sin su consentimiento. Además, sostiene que la libertad es el mayor de los bienes, y que siendo todas las naciones libres, el quererlas sujetar bajo pretexto de que no son cristianas es un atentado contra los derechos natural y divino. Quien abusa de su autoridad es indigno de ejercerla y no se debe obedecer a ningún tirano. En defensa de los indios invoca el derecho natural que pone a nivel las naciones y los individuos, y la santa escritura, según la cual Dios no hace acepciones de personas; con esto da nueva claridad a la justicia de las reclamaciones de los indios.
A este campeón de los derechos de la humanidad se le debe levantar una estatua en el Nuevo Mundo. Gregorio no conoce objeto más digno de ejercitar el talento de un amigo de la verdad y le parece extraño que hasta ahora la pintura y la poesía no se hayan ocupado de ello. Los amigos de la religión, de las costumbres, de la libertad y de las letras, deben un homenaje de respeto a la memoria de aquel a quien Eguiara llamaba el Adorno de América, y quien, perteneciendo a la España por su nacimiento, a la Francia por su origen, puede con justo título ser llamado el Adorno de los dos mundos. Los grandes hombres, casi siempre perseguidos, desean existir en lo futuro; estando, por su talento, adelantados a las luces de su siglo, reclaman al tribunal de la posteridad; esta heredera de su virtud, de sus talentos, debe satisfacer la deuda de los contemporáneos (4)[4]La documentación ha sido recogida en el artículo del autor de estas líneas, « ¿ Las Casas esclavista ? », publicado en Cuadernos Americanos, Año III, Vol. XIV, Num. 2 (México, D.F., … Continue reading.
La sencilla operación de « adelantar » a Las Casas a su siglo no dejaba de poner al descubierto las diferencias de época e ideas; sin embargo, la afinidad era irresistible y quizás pensaban con alguna razón los filósofos ilustrados que, de haber vivido Las Casas « dos siglos después », hubiera sido de los suyos tanto para exigir la libertad de los negros como para defender el credo político igualitario.
La mirada que desde la época de la Ilustración y de la Revolución francesa se dirige a captar los rasgos de la personalidad y del pensamiento de Las Casas puede ayudarnos a meditar sobre cómo podemos ver ahora esa herencia desde los conflictos del presente y las corrientes mundiales que se entrecruzan en el seno de la Unesco.

Ya Lewis Hanke advertía en 1965, en su prólogo a la reedición de los Tratados de 1552, (p. XVII), la actualidad de la conmemoración de Las Casas, pues las ideas y principios por los que luchó en el siglo XVI siguen siendo hoy temas vivos de discusión, mientras el mundo busca trabajosamente un fundamento honrado para la paz
duradera entre pueblos de culturas diversas. Los indios, aunque diferentes de los españoles en color, costumbres y religión, eran seres humanos capaces de volverse cristianos, con el derecho de disfrutar de propiedad, libertad política y dignidad humana, y que debían incorporarse a la civilización española y cristiana, en vez de ser reducidos a esclavitud o destruidos. Las Casas luego se opuso también a la esclavitud de los negros por las mismas razones, y trabajó por la libertad de todos los hombres del mundo (p. XVIII).
Casi veinte años después de haberse escrito ese juicio, es tiempo de llegar a nuestras propias conclusiones basadas en el examen rápido que hemos efectuado de algunos rasgos salientes del pensamiento lascasiano.
La actualidad de su obra se debe a que ofrece la primera y grande crítica de un hombre español del siglo XVI a la conquista y la colonización que llevan a cabo sus compatriotas en el Nuevo Mundo. Ahora se ve en ello un punto de partida de la crítica anticolonialista, si bien como hemos advertido es más bien un repudio de la fuerza para sujetar a otros pueblos y de los males de servidumbre y de opresión que trae consigo el régimen colonial. El apego a los valores de justicia y libertad es evidente en medio de circunstancias de época que les imponían severas restricciones. Al romper lanzas por esos principios, fray Bartolomé deja un rico ideario político que sigue presentando valores a las gentes de siglos posteriores. Así ocurrió con los pensadores de la Ilustración, de las revoluciones de independencia de principios del siglo XIX, y del agitado mundo contenporáneo.
Su capacidad de crítica se ejerce asimismo en el seno de su propio pensamiento. Ello se advierte con claridad si observamos el esfuerzo que realiza para llegar a exigir como necesario el requisito de la voluntad de los indios a fin de admitir la predicación y la conversión a la fe, y la sujeción al dominio temporal de los reyes españoles.
Ya hemos señalado las precauciones que adopta para salvaguardar las antiguas jusrisdicciones de los naturales y prescribir la naturaleza protectora y bienhechora que la nueva dominación debe tener en lo espiritual y temporal con respecto a los sometidos a ella.
Esa misma capacidad de autocrítica se manifiesta en la evolución de su pensamiento acerca de la esclavitud de los africanos, hasta extender a ellos la misma doctrina de libertad que incansablemente defendía en favor de los indios.
Hemos visto que fray Bartolomé cree en la capacidad de civilización y de progreso de todos los hombres a lo largo de la historia. No deja de hacer profecías y trata de comprender los designios de la divina providencia que se dibujan en los hechos humanos. Mucho ha recibido el mundo actual de este legado y es justo que lo siga recordando y apreciando por los valores que ofrece.

Resumen:

La actualidad de las ideas y de la obra magna del Dominico Fray Bartolomé de Las Casas sigue vigente a través de más de cuatro siglos de historia de América. Análisis de las doctrinas lascasianas contemplando los aportes más recientes de la investigación y en estrecha relación con dicha actualidad.

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Zavala Silvio. Las Casas en el mundo actual. In: Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, n°45, 1985. pp. 5-20;
doi : https://doi.org/10.3406/carav.1985.2241
https://www.persee.fr/doc/carav_0008-0152_1985_num_45_1_2241

References

References
1Cit. en mi obra, La filosofía política en la conquista de América, México, Fondo de Cultura Económica, tercera edición, 1977, p. 98, donde se recogen otras opiniones sobre el caso. Ver asimismo mi estudio sobre La defensa de los derechos del hombre en América Latina (Siglos XVI-XVIII), Unesco, Colección Raza y Sociedad, París, 1963. Con reedición de la Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Num. 13. México, 1982.
2Consúltese la buena edición de la Historia hecha por Agustín Millares Cario, con estudio preliminar de Lewis Hanke, en México, Fondo de Cultura Económica, 1951, en tres tomos. El Ms. autógrafo se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, Res. 21 a 23, en tres volúmenes. La primera edición de la Historia es la del Marqués de la Fuensanta del Valle y José Sancho Rayón, en Madrid, 1875-76, en 5 tomos. Casi inmediatamente, como observa Hanke, p. XLIII de su estudio preliminar a la edición de la Historia de 1951, la reprodujo José María Vigil en México, en 1877, en dos volúmenes, añadiendo como prefacio la biografía de Las Casas escrita por Manuel José Quintana.
3Véase mi estudio sobre «Las Casas ante la doctrina de la servidumbre natural », incluido en Recuerdo de Bartolomé de las Casas, Guadalajara, Jalisco, México, Librería Font, 1966, pp. 19-48. Además, sobre la idea de progreso de la que participa Las Casas como se ha visto, cfr. la fina presentación de José Antonio Maravall Casesnoves, Los factores de la idea de progreso en el Renacimiento español, Madrid, 1963. Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia.
4La documentación ha sido recogida en el artículo del autor de estas líneas, « ¿ Las Casas esclavista ? », publicado en Cuadernos Americanos, Año III, Vol. XIV, Num. 2 (México, D.F., marzo-abril de 1944), 149-154. Recogido en Recuerdo de Bartolomé de las Casas, (1966), pp. 49-57.
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FNUIPH · Religion

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